lunes, 26 de abril de 2010

La trampa (II).

Que el numerito del pañuelo de la niña mora no ha sido una jugada espontánea (¿hay algo espontáneo en las noticias que dan los medios, aparte de los terremotos y los huracanes?) lo ha acabado de demostrar la trampa preparada como salvación y alivio para los que se han asustado con el asunto.

Como ya se ha reseñado, no querer renunciar a la premisa de que todas las religiones merecen igual trato por parte del poder secular, lleva, a los que así razonan, o bien a defender a todos los símbolos religiosos por igual, o bien a rechazarlos todos para que no se arme gresca, cuando, en realidad el debate (parafraseando una de las expresiones favoritas de los políticos españoles) no es "símbolos religiosos sí o símbolos religiosos no", sino que hay razones por las que hay símbolos religiosos que sí pueden (y deben) ser permitidos y otros que no pueden (ni deben) serlo.

Y ha resultado ser (nada menos) que doña Esperanza Aguirre la que estaba esperando, con la puerta de la jaula abierta y las llaves en la mano a los confusos que, puestos ante sus propias contradicciones al ser preguntados (con toda la razón) que a qué venía protestar por la retirada de los crucifijos en las aulas y ahora quejarse de que una niña musulmana llevase un pañuelo en la cabeza, no sabían por dónde tirar.

Doña Esperanza ha puesto como argumento (impecablemente democrático, todo hay que decirlo) para no permitir a la niña llevar el pañuelo en la cabeza...que así lo ha decidido por mayoría aplastante el consejo escolar. Pero (¡ojo!), aquí todos moros o todos cristianos (nunca mejor dicho): doña Esperanza explica que, en ese colegio, no pueden cubrirse la cabeza ni los musulmanes...ni los cristianos. De tal guisa que, si una monja quiere ir vestida de monja (pocos casos quedan, por desgracia), no podrá poner el pie en ese colegio (además, recalca que ésta es la postura de su gobierno desde hace tiempo).

Por supuesto, si lo afirmado por la presidenta de la Comunidad de Madrid hubiese sido argumentado por (pongamos por caso) el ministro de Educación, el de Justicia o el presidente de la Junta de Andalucía, se estaría hablando de persecución religiosa contra los cristianos (cierto) y quién sabe si no habría ya convocada una manifestación contra los malvados socialistas que no quieren dejar que las monjas vayan vestidas de monjas cuando entran en un colegio (manifestación que, por supuesto, contaría con la asistencia de doña Esperanza).

Sin embargo, como ha sido la presidenta de la Comunidad de Madrid la que ha esgrimido el democrático argumento de que la conciencia o las creencias religiosas no pueden servir de excusa para no cumplir la normativa vigente (aunque sea la emanada de un consejo escolar), el testigo no ha tardado en ser recogido y los argumentos, repetidos: La niña no puede llevar el pañuelo porque las normas que nosotros nos hemos dado a nosotros mismos así lo contemplan (y doña Esperanza es jaleada por los mismos que, cuando de los políticos socialistas se trata, tanto interés ponen en defender el derecho a la objeción de conciencia, se supone que sin darse cuenta de hasta qué punto, ahora, se están pillando los dedos).

Pero, claro, si uno firma el pacto faústico ofrecido -como quien no quiere la cosa- por la presidenta de Madrid y el argumento que uno emplea para que se prohiba un símbolo religioso que no le gusta es la supremacía inapelable de las leyes y normas civiles sobre la conciencia individual, la resistencia a la llamada "ley de libertad religiosa" (o cualquier otra ley) que prepara el gobierno socialista ya ha quedado desactivada incluso antes de comenzar la refriega. Ninguna legitimidad (y así se lo recordarán puntualmente los socialistas) tendrán los que ahora se refugian en este argumento para protestar luego cuando el gobierno del malvado Zapatero diga exactamente lo mismo que dice ahora Esperanza Aguirre: que las leyes y normas vigentes son las mismas para todos y que nadie puede apelar a la conciencia individual para no cumplirlas.

De hecho, como es habitual, se presenta a los malvados socialistas como padres de una idea (la eliminación de símbolos religiosos) que ya viene siendo aplicada (como orgullosamente recuerda doña Esperanza) por el PP desde hace tiempo allí donde gobierna. Es más, los peperos (como siempre ocurre) acaban yendo mucho más lejos que los socialistas: al fin y al cabo, éstos hablan únicamente de prohibir símbolos religiosos en los llamados "espacios públicos", pero no el uso individual de los mismos. En cambio, los peperos (aplaudidos por los que claman "¡persecución anticristiana!" cuando de los socialistas se trata) presumen incluso de prohibir el uso individual de símbolos religiosos si así lo decide el consejo escolar (y, a tenor de esto, ¿quién es el "mal menor"?).

Porque la lógica de doña Esperanza es muy sencilla de entender: si el consejo escolar decide prohibir los collares y colgantes, nadie podrá entrar al colegio con una medalla de la Virgen de Fátima o un crucifijo colgado del cuello. ¿Capisce?.

Así que ya saben: huyan como la peste de los malvados sociatas que quieren quitar los crucifijos de las paredes de los ministerios (si es que queda alguno) y prohibir los belenes en los vestíbulos de los colegios y échense en brazos de los que, no sólo harán todo eso llegado el momento, sino que, además, le prohibirán (ya lo hacen, de hecho) a usted y a sus hijos llevar una cruz al cuello si así lo decide un órgano asambleario escolar.

Y ahora llámenlo, si quieren, "proyecto ideológico de Zapatero".

PS: Diga algo, don Benigno. Y usted, señor arzobispo, no se esconda, que le veo.

La trampa (I)

Para que el numerito del bombero pirómano (no por repetido, menos eficaz) funcione, se hace imprescindible que una cantidad determinada de gente tenga la modernísima costumbre de condenar las consecuencias de las causas que ellos mismos aplauden. Sólo así se explican las reacciones de muchos ante el episodio de la niña musulmana que, en Pozuelo de Alarcón, se ha negado a quitarse un pañuelo (que no "velo": el velo cubre los rasgos faciales) que llevaba puesto en la cabeza para asistir a clase en un colegio de esta localidad madrileña.

Porque esto no ha sido más que un clarísimo cebo que muchos (siguiendo la costumbre del malminorismo compulsivo a fuer de habitual) han mordido con el típico gesto de orgullo con el que el pez que se cree más listo y más rápido que los demás se lleva a la boca lo primero que ve balanceándose bajo el agua.

Para empezar, esto parece el siguiente capítulo de la serie iniciada (espontáneamente, como todo lo que ocurre en España) en la catedral de Córdoba por unos turistas musulmanes que, seguramente, nunca rezan en las mezquitas de su paìs de origen (Austria), pero que sintieron una irrefrenable necesidad de rezar en una catedral del país que visitaban.

Y parece la segunda parte (espontánea, por supuesto) porque, seguramente también, a tiro de piedra de donde vive la niña en cuestión, hay más de un colegio en el que no tendría problema alguno en llevar ese pañuelo (porque, al final, como luego veremos -y volveremos sobre el tema- la razón que se ha dado a la niña para no llevar el pañuelo es que, en el colegio al que asiste, no se permite asistir a clase con la cabeza tapada). Estoy seguro que muchísimos musulmanes que residen en España y desean que sus hijas, a partir de cierta edad, vayan todo el día con la cabeza cubierta por un pañuelo, prefieren buscar un colegio o un instituto en el que se lo permitan - que es lo más fácil y lo más cómodo, al fin y al cabo- antes que armar el taco y empecinarse en mandar a la niña a un colegio en el que no le dejen vestir como desean sus padres.

Por supuesto, que el gobierno esté empezando a (o acabando de) pergeñar la que ya se conoce como "ley de libertad religiosa" (en la que, como sucede siempre en las democracias liberales, se utilizará la palabra "libertad" para prohibir cosas que antes -cuando no había tanta "libertad"- estaban permitidas) le hace a uno pensar lo bien que le viene este episodio para justificar la existencia de la ley.

Pero resulta que han sido (como siempre) los mismos católicos modernillos que tanto aman la libertad, y que llevan varias décadas presumiendo (aun en contra del Magisterio de la Iglesia de la que dicen formar parte) de vivir en un país aconfesional, en el que, se supone, todas las religiones son iguales (o deben serlo) ante la ley, los que han puesto el grito en el cielo, indignándose de que una niña musulmana quisiese llevar a la práctica lo que ellos defienden de forma teórica.

Y es que, claro, si vivimos en un país aconfesional (con lo que mola, oiga) y así debe ser (porque, ante todo, somos buenos "demócratas"), ¿qué tiene de malo entonces que se quiten los crucifijos de las aulas o de los hospitales? ¿Qué tiene de malo, como recuerda la vicepresidenta del gobierno, que una niña musulmana lleve un pañuelo en la cabeza, igual que otros llevan un crucifijo al cuello? ¿Por qué se indignan tanto los "católicos que aman la libertad" con el gobierno socialista que hará realidad sus sueños, promulgando una ley en la que la religión católica será tratada exactamente igual que todas las demás? ¿No era eso lo que querían y lo que llevan décadas defendiendo?. ¿A qué, pues, tanta sorpresa y rabia?.

Explíquenme, si no, cómo se hace eso de defender una idea y luego indignarse cuando se lleva a la práctica. Explíquenme, de paso, como puede uno tener la caradura (o la insensatez, o ambas) de decir que España debe ser un país aconfesional, en el que la religión católica, por muy verdadera que sea, no debe tener un tratamiento especial, y luego rasgarse las vestiduras cuando se quitan los crucifijos de las aulas y el gobierno quiere cargarse el Concordato con la Santa Sede, la casilla de la declaración de Hacienda para destinar impuestos a la Iglesia Católica y todo aquello en lo que la Iglesia Católica es tratada de forma distinta a las demás religiones. Algunos quieren el plato y las tajadas, quieren decir la misa (en lengua vernácula y de espaldas al sagrario, faltaría más) y tocar las campanas al mismo tiempo. Quieren comerse la tarta y que siga entera en la bandeja, como dicen los anglosajones. Y eso no es posible.

Y, sin embargo, su reacción de malestar y contrariedad cuando las ideas que defienden son llevadas a la práctica deja bien claro lo que realmente opinan de todo aquello que, en el fondo, sostienen, no por convicción (de ser así, estarían encantados con la "ley de libertad religiosa" del malvado Zapatero) sino simple y llanamente, por "miedo a los romanos" (o sea, por miedo a que les llamen "fachas").

Como ya digo, el cebo adecuado para conseguir que sean los propios católicos los que, por miedo al Islam, defiendan o consientan la prohibición por ley del uso de todo símbolo religioso (no sólo los presentes en los llamados "espacios públicos", sino incluso los símbolos religiosos individuales) ha sido asustarles presentándoles una niña musulmana intentando ejercer los "derechos y libertades" que los católicos reclaman para sí (y, en teoría, para todo el mundo por igual, independientemente de su religión). La trampa que la mayoría de los católicos llevan tendiéndose a sí mismos desde hace décadas (que la religión católica no merece tratamiento especial por parte de las autoridades civiles) para poder presumir de ser tan modernos como cualquiera (Jesucristo nos pidió dar testimonio de la Verdad, no demostrar nuestra capacidad para mimetizarnos con el ambiente, pero esa es otra cuestión) les ha obligado ahora, o bien a pillarse los dedos defendiendo el uso por igual de todos los símbolos religiosos -como ha hecho el portavoz de la Iglesia Patriótica Española, monseñor Martínez Camino-, o a rechazar de plano el uso, tanto de unos como de otros. Y, lógicamente, la reacción de la mente malminorista, consistente siempre en ceder terreno ante la más mínima amenaza y en llamar "dar la batalla cultural" a no dar batalla alguna (eso sí, gritando ruidosamente mientras se retiran a una nueva y más retrasada trinchera que abandonarán sin resistencia alguna llegado el momento), ha sido optar por la segunda alternativa.

Como bien dice Fray Fanatic, el meollo de la cuestión está en que no todos los símbolos religiosos son iguales porque (para empezar) no todos significan lo mismo. Pero, claro, para eso habría que partir de la premisa (o llegar a la conclusión) de que no todas las religiones pueden ser tratadas de igual manera por el poder secular (ya sea por ser la verdadera Fe o, simplemente, por ser esa religión la base de los principios sobre los que se asienta -o se supone que se asienta, o se asentaba- el orden político del país en cuestión). Y eso es algo que, como veremos, horroriza a los católicos malminoristas (malminoristas antes que católicos, como todos sabemos) hasta tal punto que prefieren caer en la trampa tendida por el sistema y apoyar la prohibición del uso de todo símbolo religioso (incluso individual) a cambio de frenar el empleo de los símbolos religiosos por parte de los musulmanes, y el inevitable avance de esta religión (que tendría unas consecuencias de las que todo el mundo es consciente) al amparo de las reglas del juego tan celosamente defendidas por los mismos que se asustan de lo que ocurre cuando se siguen escrupulosamente.

Una vez más, basta con asustar con lo peor, para que lo malo se dé por bueno. O, mejor dicho, para que lo malo se dé por bueno, basta con presentarlo como remedio o freno (aunque sea temporal) de lo peor.

Continuará.

miércoles, 21 de abril de 2010

Volad, volad, malditos.

La nube de cenizas emitida por un volcán islandés de nombre impronunciable (como todo lo que hay en Islandia) ha tenido la virtud de poner en evidencia una cosa de la que, a estas alturas, pocos albergan duda en su interior: que, en la Unión Europea, las personas son (somos) meros instrumentos y objetos al servicio de la economía.

El obligado parón de varios días en el tráfico aéreo por buena parte del Atlántico Norte ha tenido, como no podía ser de otra manera, una lógica repercusión: pérdidas económicas cuantiosas, no sólo para las líneas aéreas, sino para muchas empresas cuyo funcionamiento depende del puntual y continuo transporte de mercancías y personas en avión (aunque también es cierto que se le está llamando "pérdidas" a lo que no es sino "ganar menos dinero que la semana pasada")

Podría uno pensar que una nube gigantesca de cenizas volcánicas no es, al fin y al cabo, otra cosa que un suceso imprevisto que, al no poder prevenirse ni tampoco ser acelerado su fin (ha sido como los resfriados: una semana con médico o siete días sin médico), sólo deja la opción de esperar a que escampe, que mañana será otro día y ya habrá tiempo de recuperarse de los perjuicios del inevitable inconveniente.

Pero no. La reacción de la Unión Europea ha sido justo la contraria. Para intentar mitigar las menores ganancias económicas (perdón: quería decir "pérdidas") que pudiese haber como consecuencia de un futuro acontecimiento similar, lo que se ha hecho ha sido permitir a cada gobierno que se salte a la torera, si lo considera conveniente y necesario para cuadrar las cifras macroeconómicas con las que se anestesia a los ciudadanos en los medios de comunicación, una buena parte de las normas de seguridad que, en el tráfico aéreo, tanto la ciencia como el sentido común dictan como imprescindibles.

La Unión Europea las llama "situaciones de riesgo medio". Habría que señalar que, a diez mil metros de altura sobre el suelo, cualquier riesgo que se corra, por muy pequeño o medio que sea, puede tener consecuencias nefastas que todos podemos figurarnos. Pero, claro, parece ser que, para la Unión Europea "de los derechos y las libertades modernas" resulta mucho más tolerable (incluso obligado) asumir riesgos innecesarios y que se pierdan vidas que no asumir esos riesgos y que se pierda dinero (¿no habíamos quedado en que "la economía lo es todo"?. Pues eso).

Así que, recuerden todos: si, por algún casual, montan en un avión que se acaba metiendo de lleno en una anunciada e infernal tempestad en el Mar del Norte, y el avión empieza a enfilar el morro hacia abajo a toda velocidad, siéntanse orgullosos de ser mártires forzosos de la macroeconomía (yihadistas involuntarios del capitalismo, podríamos decir) y, sobre todo, no se enfaden, porque no es nada personal; son sólo negocios. Además, tengan en cuenta que el insensato que autorizó su avión a despegar cumplió todas las normas y recomendaciones de la UE (recomendaciones que no parecen ser ahora tan distintas de las que se deben seguir en las zonas rurales de Zambia o la jungla de Papua-Nueva Guinea).

PS: Como ven, ya ha empezado la campaña de culpabilización del ciudadano/votante/contribuyente para que la próxima vez, no proteste cuando su vuelo no se cancele aun en medio de un huracán. Y, por supuesto, los que tanto aluden a la libertad de mercado cuando de ganar dinero se trata, piden a los gobiernos que seamos los contribuyentes los que pongamos el dinero que han dejado de ganar (que no es lo mismo que "perder") esta semana (parece ser que sus empresas deben ganar nosecuánto al año por decreto-ley y que, de no ser así, nos corresponde a los demás pagar por vuelos y viajes que ni siquiera hemos contratado).


Aterriza como puedas.

Lo había anunciado Ignacio:

"No hace falta ser un augur. Ahora surgirán 'empresas' de controladores aéreos, que casualmente serán contratados por el ministerio de Pepiño, que casualmente serán de los amiguetes........y el gran Pepiño habrá 'ahorrado' dinero en tiempos de crisis: y lo querrán vender así. Qué desvergüenza.

Ya hemos vivido esa situación en España, con la llamada seguridad privada se hacen ejércitos de macarras, y proliferan los robos organizados, y no es casual.......desde que existe esa protección aumenta la delincuencia y, además, se degrada a los servicios de policía del estado, no es casual ni algo que no sea un negocio planificado: la seguridad y la provocación de la inseguridad."

Efectivamente, como bien decía Ignacio, con el asunto de los controladores aéreos, andábamos con la enésima reedición del numerito del bombero pirómano. Hace unos días, libertaddigital.com publicaba las intenciones del gobierno de privatizar AENA (sí, ya saben: "privatizar" -eso que no tiene la más mínima importancia cuando lo hacen los gobiernos socialdemócratas de izquierdas y se convierte en un terrible e imperdonable crimen cuando lo hace un gobierno socialdemócrata de centro).

Es la sencilla técnica de la "redistribución de la riqueza" de la robolución (pregúntenle a José María Ruiz-Mateos, por ejemplo): se arma revuelo artificialmente, creando un problema donde no lo hay (es de cajón: la culpa del agujero de 9,000 millones de euros de la CCM, por ejemplo, se debe a que hay controladores aéreos cuyo patrimonio puede que incluso se acerque al de la hija pequeña del presidente del Congreso), y llegando posteriormente a la brillante e impepiñable conclusión de que la solución consiste en vender, a precio de saldo, la empresa pública (o privada expropiada) de turno a algún amigo, pariente o conocido (o compañero de pupitre, oiga), que la revenderá en su momento por un valor muy superior al que le costó.

Pero no olviden que, en una socialdemocracia, los hechos son completamente irrelevantes. Lo importante es que recuerden que los socialistas son los grandes defensores de la gestión pública y tal y tal y que, si privatizan una empresa pública tras otra cada vez que gobiernan se debe, no a que sean unos troleros y unos jetas, sino a que aún no se han sabido sacudir los complejos de encima.

lunes, 12 de abril de 2010

El 11-M de Polonia.

Cuando el sábado por la mañana me enteré del accidente (aceptemos, por un momento, "pulpo" como animal de compañía) del avión en el que viajaban el presidente de Polonia, Lech Kaczynski, y buena parte de la élite dirigente de este país, lo primero que se me pasó por la cabeza fue lo que Fray Fanatic ha publicado en su blog.

Kaczynski, se había convertido en uno de los pocos líderes políticos que, dentro de la Unión Europea, se resistía a imponer en su país la ideología anticristiana de este ente supranacional, cada vez más agresivo y limitador de la libertad de sus habitantes (la última muestra es la mal llamada "ley Sinde", que debería llamarse "ley Vidal-Quadras", ya que don Aleix, entonces vicepresidente de la UE, fue, entre los europarlamentarios españoles, su principal promotor en Bruselas).

Uno tras otro, los políticos que se oponen a los designios de la siniestra y antihumana ideología conocida como "lo políticamente correcto" (que de "político" lo tiene todo, pero de "correcto" no tiene nada) son señalados primero, como estrafalarios, vulgares y (cómo no) "ultraderechistas". Después, uno tras otro también, sufren fatalidades que truncan sus vidas y sus carreras, allanándoles el camino a sus adversarios.

La fatalidad puede ser un coche que se descontrola un día después de que tu partido tenga unos resultados fantásticos en unas elecciones, convirtiéndose en el partido bisagra (Jörg Haider), un pirado que dice estar obsesionado con los "derechos de los animales" (Pim Fortuyn) o, como en este caso, un experto piloto que, de pronto y sin ninguna explicación racional, pierde todo sentido común habido y por haber e "intenta aterrizar" (a la fuerza ahorcan, oiga) en un lugar imposible.

Pero lo que está claro es que tales infortunios ocurren siempre a los mismos. Incluso, como señal de advertencia, son los mismos dentro de la famiglia los que se llevan un buen susto, después del cual muchos de sus grandes propósitos, de pronto, desaparecen como por ensalmo. Una explosión al paso de su coche blindado (con decenas de metros de cable extendidos por las calles del centro de Madrid sin que nadie advirtiese nada raro) y nunca más se supo de las ganas de José María Aznar de levantar alfombras y barrer mugre. Y nada como un helicóptero que se cae nada más despegar del albero de una plaza de toros para que un político ya de por sí perezoso y dubitativo pierda incluso el deseo de hacer el paripé y decida dejar de criticar al supuesto adversario político.

Los funerales de estado de Lech Kaczynski serán (si no han sido ya) muy parecidos a otros funerales de estado de otros fallecidos en circunstancias similares (y muy similares también a los funerales que salen en las películas sobre la mafia): quién sabe si no serán los mismos que lamentan su muerte y dan el pésame a su familia (y al pueblo polaco) los que han urdido la muerte del finado.

Habrá elecciones presidenciales en Polonia dentro de dos meses. Quién sabe si la maquinaria electoral de algún candidato se revele demasiado bien engrasada para una convocatoria que se supone tan improvisada. Quién sabe, también, si el próximo presidente de Polonia no será mucho más "comprensivo" y "flexible" con las políticas intervencionistas y anticristianas de la Unión Europea (por la cuenta que le trae). Quizás asistamos a la victoria, en las elecciones presidenciales, que pronto tendrán lugar en Polonia, de un candidato con mucho más "talante" que Lech Kaczynski que, de forma más o menos sutil, repita el mantra de que todos los problemas de Polonia se deben al carácter "arisco" o "antipático" del anterior presidente y que no hay nada que no se pueda arreglar con una sonrisa y un "sí" complaciente.

Lo que está por ver es el mensaje que los polacos mandarán en las elecciones presidenciales de Junio a la élite que gobierna la Unión Europea: si Polonia se revelará (y se rebelará) como un país poblado de gentes con amor a su patria, a su religión y a su libertad, o si, por el contrario, la degeneración advertida por Eulogio López en su viaje (ya saben: la economía lo es todo), provocará que los polacos reaccionen tal y como hicieron los españoles el 14 de Marzo del 2004.

PS: Otro paralelismo llamativo: la proximidad entre Paracuellos del Jarama y las rutas de los trenes que explotaron el 11 de Marzo del 2004 y la cercanía entre Smolensko y Katyn.

miércoles, 7 de abril de 2010

¿Te has dao cuen...?(V)

¿...de que ninguno de los que muestra molestia, desazón, malestar o escándalo ante las críticas a las plataformas y foros afines al PP entra a valorar, en ningún momento, si dichas críticas son acertadas o no?.

¿...de que, ante cualquier crítica a las plataformas y foros afines al PP, algunos asumen automáticamente algo así como que el que las hace vive encerrado en un sótano y su única ocupación es teclear delante de la pantalla del ordenador? (y, sinceramente, aunque llevo siete meses sin dormir, tengo los dedos con calambres y las yemas en carne viva, y en este búnker hay un frío y una humedad insoportables, no sé qué tiene que ver todo esto con lo que es verdad y lo que no lo es).

¿...de la frecuencia con la que, ante cualquier crítica a las plataformas y foros afines al PP, se apela a la omertá?.

Laiccionario (IV).

Bajarse los pantalones: Cuando lo hacen los demás.

Tener mano izquierda: Cuando lo hago yo.

Nota del editor:
La confusión a la hora de utilizar la segunda expresión cuando es la primera la que resulta aplicable pudiera estar causada por la sospechada costumbre de mucha gente de utilizar siempre la mano izquierda para bajarse los pantalones.

Laiccionario (III).

Cobardía: Cuando otro se calla algo que sabe que es verdad en aras de un supuesto e hipotético beneficio actual o futuro.

Altura de miras: Cuando yo me callo algo que sé que es cierto (incluso reconociendo que lo sé) y exijo a los demás que hagan lo mismo, en aras de un supuesto e hipotético beneficio actual o futuro.

lunes, 5 de abril de 2010

El debate no es "negociación sí o negociación no".

Hace casi una semana, Ana Mato, vicesecretaria de organización del PP, anunció que su partido descarta pedir la revocación del visto bueno del Congreso de los Diputados para que el gobierno pueda negociar con ETA. La razón de tal negativa es que - según se afirma desde el PP- el gobierno "está trabajando firmemente" contra la organización terrorista.

Me cuesta imaginar cómo puede estar tan segura de los tejemanejes (o la ausencia de ellos) de Rubalcaba y compañía una señora que, en su momento, dijo no haberse enterado de que en el garaje de su chalet había un Jaguar -el de su marido- que llevaba aparcado allí varios años (es lo que nos pasa a los millonarios: nuestro parque automovilístico es de tal cantidad y calidad, que llega un momento en que no sabemos cuántos coches tenemos y de qué marcas). El caso es que, doña Ana, quizás despistada por la forma en que se acostumbra uno a ver las cosas desde su torre de marfil, habla a los españoles como suelen hacer los políticos que viven como maharajás a su costa: tomándolos por tontos (razones no les faltan para ello, seamos sinceros).

Porque, por un lado, si el gobierno "trabaja firmemente" contra la organización terrorista, ¿para qué necesita esa autorización del Congreso?. Y, por otro, si el gobierno sigue necesitando esa autorización del Congreso para, llegado el momento, poder negociar con ETA, ¿cómo pueden decir que "trabaja firmemente" contra la organización terrorista?.

Y es que, claro, ¿para qué tanta prisa en revocar algo que - quién sabe- pudiera ser enormemente útil cuando estemos en el gobierno?.

Pero lo seguro es que a más de uno, al escuchar a Ana Mato decir estas palabras, no le habrá pasado desapercibido un detalle: cómo no hace tanto tiempo los políticos del PP salieron a la calle a hacerse la foto acompañados de millones de españoles pidiendo, primero, que el Congreso de los Diputados no aprobase algo (en este caso, el visto bueno al gobierno para negociar con ETA) y, cuando el Congreso lo aprobó, pedir que se derogase. Y lo poco que ha tardado el PP en no poner inconveniente alguno a eso mismo cuya derogación (o no-aprobación), hace nada, resultaba (según los políticos de este partido) tan imprescindible e imperativo conseguir.

Es más: conociendo el funcionamiento de la mente malminorista (y su desarrolladísima estrategia de evasión de la realidad, consistente en olvidarse de lo fundamental discutiendo sobre lo accesorio, todo ello en aras de la permanente y perpetua autojustificación), nadie debería sorprenderse si, de aquí a un tiempo, la gran polémica en España no es si el gobierno (del PP) debe o no tener "conversaciones" con ETA (eso sería "un debate ya superado"), sino si dichas "conversaciones" deben considerarse "negociaciones" o "contactos" (por supuesto, los chanchullos del gobierno con ETA serán tolerables siempre y cuando los llamemos "contactos", igual que la unión entre dos personas del mismo sexo es tolerable mientras no se le llame "matrimonio", y un crimen abominable no lo es tanto si lo llamamos "delito despenalizado en ciertos supuestos").

Incluso podríamos llegar a escuchar a los españoles discutiendo, no sobre si se deben hacer cesiones o no a ETA (debate que, de por sí, ya es síntoma de una grave enfermedad), sino sobre qué cesiones debe hacer el gobierno a ETA.

¿Y los que sigan, erre que erre, diciendo que la obligación del gobierno es meter a los terroristas en la cárcel, no negociar nada con ellos y, mucho menos, ceder? Pues serán tachados de puristas o extremistas (para un centrorreformista, un "purista" o un "extremista" es alguien que sigue pensando lo mismo de siempre acerca de un tema sobre el que el PP ya ha cambiado de opinión). Y, lógicamente, los futuros partidarios de la negociación (perdón, "contactos") con ETA, soltarán frases-cloroformo (o con intención de serlo), tales como "es más lo que nos une que lo que nos separa", "no hay soluciones sencillas para problemas complejos", "no te equivoques de enemigo: el enemigo es ETA", o que "aunque no compartamos estrategia, compartimos objetivo: el fin de ETA" (frases que, por cierto, también pusieron "de moda" los socialistas en su momento).

Y es que éste es el sino del centrorreformista: acabar repitiendo, con el tiempo (y en un lapso cada vez menor), los mismos eslóganes y razonamientos de la izquierda.

Eso sí, resaltando debidamente que la izquierda hace lo que hace porque está a favor, y ellos hacen lo mismo porque están en contra.