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sábado, 31 de marzo de 2012

Stajanovismo cívico constitucional.

Que me cuente alguien la diferencia entre esta propaganda pepera (portada de La Razón, abajo)...

...y los carteles con los que, en la URSS, se alentaba a las masas hambrientas a trabajar como burros (el hambre y la pobreza, entonces, también eran "culpa de los que estaban antes") para levantar el paraíso comunista (ejemplo, abajo también):
Además, si la solución a la crisis resulta que era trabajar como bestias de sol a sol por un salario de miseria (¡vaya!, ¡como en la URSS!), ¿para qué tanto insistir en echar a Zapatero? ¡Haberle pedido a Zapatero que nos subiese más los impuestos y que rebajase aún más los salarios, mientras nos poníamos a trabajar sin rechistar!, ¿no?. Según la actual propaganda pepera (repicada también por algunos que no son peperos), de haber hecho esto cuando el presidente era Zapatero (en lugar de quejarnos tanto), llevaríamos ya varios años ganados en la "lucha contra la crisis"...

¡Ah, no! ¡Que cuando los rojos suben impuestos y bajan salarios, se llama "revolución socialcomunista", pero cuando lo hace la derecha se llama "levantar el país"!...

Menos mal que ya gobiernan los nuestros... Si todo esto (o la mitad de la mitad de esto) nos lo hiciesen los socialistas, ¡menudo disgusto tendríamos en el cuerpo, en lugar de estar currando por cuatro duros, pero con entusiasmo y denuedo, ad maiorem gloriam del partido y del Amado Líder!.

Más artículos sobre el CCCP (capitalismo cívico constitucional pepero), aquí y aquí.

domingo, 22 de mayo de 2011

Summa Concethologica (VI): Vade retro, perroflauta.

Siguen ahí.

Están por todas partes.

Algunos son fácilmente identificables. Pero otros (la gran mayoría) tienen el aspecto de una persona completamente normal.

De hecho, podría ser su vecino, su marido, su prima o la cuñada que le miró raro durante la comida familiar mientras usted proclamaba (por quinta vez, durante los últimos cinco años) que hoy era un día histórico y que, con su voto, tenía la oportunidad de echar a Zapatero. O el puñetero sobrino quinceañero que le recordó que, si iba a votar por esa razón, estaba perdiendo el tiempo porque Zapatero ya dijo que se marcha él solito el año que viene (los automatismos, que le traicionan a uno en el peor momento, ya se sabe).

Y todo, por la dejadez del Ministro del Interior (otro agente de Rubalcaba, según fuentes solventes), que no cumplió su deber de espantarlos a gorrazos mientras se juntaban y se envalentonaban.

Podrían contagiarle. El virus podría paralizar su mano y, ante la imposibilidad de taparse la nariz, impedirle la heroicidad de votar a mismos de siempre de toda la vida.

Pero no se preocupen.

Las antiguas y ancestrales crónicas de la Iglesia de Laodicea tienen, entre sus enseñanzas, tesoros escondidos, como este exorcismo (¿cómo, si no, creen que fue posible el sagastacanovismo, entre otras cosas?). Si, por desgracia, se cruzan con uno por la calle, o su compañero de trabajo les confiesa haber estado en las concentraciones o sentir una mínima simpatía por cualquier cosa que allí se hacía o decía, recurran a él.

No falla. Mi abuela, sintiéndose tentada de votar a la Falange, recurrió a él para votar a la CEDA (y pasó lo que pasó). Lo heredó mi padre, quien, influido por las comprensibles debilidades humanas que todos tenemos, iba a las Plazas de Toros a aplaudir a Blas Piñar, pero, luego, con una encomiable fuerza de voluntad, acababa votando a la UCD tras pedirle a mi madre que le realizase el ritual cada vez que volvía de un mítin de Fuerza Nueva.

La fórmula (adaptada a nuestro tiempo, para una mayor efectividad) es la siguiente:

"Apártate de mí, Rastanás. Por el poder de la laicidad positiva que me ha conferido la iglesia gaviótica, te lo ordeno en el nombre del pádel, del golf y del jinete de Ralph Lauren. Osea".

Para una mayor efectividad, rocíen al perroflauta (aunque parezca una persona normal, podría serlo en potencia) con agua mineral de la marca Evian (la Perrier ya no funciona, por evidentes similitudes entre el nombre de la marca y el de la raza infernal de seres que ha invadido las plazas de nuestras ciudades).

También es altamente efectivo impregnar de gomina el pelo del poseído. El efecto es casi instantáneo, pero la técnica es arriesgadísima, debido a la necesidad de acercarse a él a una distancia muy inferior a la mínimamente recomendable.

Aunque esto ya es tradición oral, (puesto que no está recogido por escrito en ninguna parte) hay quien afirma que el arma definitiva es un bolso de Chanel con un logo bien grande y brillante. Según reza la leyenda, la sola visión de un logo dorado de esta marca provoca que el perroflauta (en acto o en potencia) se desintegre instantáneamente por autocombustión. Pero, dado que no puedo asegurarles que esto sea cierto, les recomiendo hacer uso del bolso con prudencia, y sólo tras haber memorizado la fórmula del exorcismo (por si acaso).

¡Ah! Y no olviden llevar gafas de sol marca RayBan. Son las únicas que protegen de la influencia hipnótica de la mirada cannábica del espectro (no querrá usted que, por quedarse paralizado mientras le mira fijamente, piensen sus vecinos que es usted uno de ellos, ¿verdad?).

Ahora ya pueden salir a la calle para cumplir con la fiesta de la democracia.

Buenas noches, y buena suerte.

miércoles, 8 de diciembre de 2010

Sin pecado concebida, pero por lo civil.

Ya se les ve venir, como siempre. ¡Qué malo es Zapatero, y qué malo es Pepiño, y qué malo es Rubalcaba!. Pues no te digo, que se han puesto a hacer decretos anticonstitucionales, los tíos sinvergüenzas. Y no, no es que eso les disguste a nuestros queridos cronistas de la actualidad, que para eso escriben sus artículos mientras viajan en avión y piden su almohada y su mantita, como han leído que hacen los periodistas guays que viven en Manhattan y en San Francisco, para que la ciudadanía aerotransportada de un aerorredil a otro vea lo importantes que son, pero es que algo malo había que decir de este gobierno.

Exactamente, sí, el mismo gobierno del que decimos un día sí y otro también que miente más que habla, pero cuyo guión hemos repetido fiel y democráticamente en esta ocasión; que ya se sabe que, cuando de pilotos y controladores aéreos se trata, se produce el milagro por lo civil (ríase usted de lo de Empel) y hasta Rubalcaba y Pepiño se convierten en portadores de la luz y la verdad.

Y se les ve venir porque dicen que lo que ha hecho el gobierno está muy mal, que sí, que el niño se había ganado un buen bofetón, pero no semejante tunda, que empieza uno a caer en la cuenta de la posibilidad de que los matones le hayan cogido gusto al asunto, y luego nos toque a nosotros. Pero, mireusté, nada tienen que objetar a que la niña de Rajoy ya haya dicho que, lo que quiera el gobierno y cuando quiera el gobierno y que Pedro Logia haya empezado con su pedagógica labor de masas, preparándonos el cuerpo para lo que ha de venir.

Y, ahora, se dedican a lo mismo, a lo único que saben hacer (será porque leen el Marca y ven Teledeporte en compañía de Mariano): a despejar al patadón, a eximirla de toda culpa, a recordarnos que la Nicolasa es virgen e inmaculada y está libre de todo pecado, porque, en España, cada vez que alguien hace alguna barrabasada, es porque hace cosas inconstitucionales (los fachas y los carcas, en cambio, hacen y dicen cosas preconstitucionales, que es aún peor). Hasta los cigarrillos que se fumaron Mas y Zapatero mientras pergeñaban el constitucional (ya lo dijeron los que lo tenían que decir) Estatuto de Cataluña debieron ser anticonstitucionales, mirusté.

Los españoles que no mezclan nada, salvo en la discoteca y en el bar, la adoptaron hace tiempo cual sustituta de la Patrona de la Infantería, creyendo que iba a alumbrar el sistema redentor, y aún siguen, en sus cabezas, explicándolo todo según los arquetipos del violencio y la génera, diciendo que papá Estado es muy malo y nos maltrata mucho, pero que mamá Constitución no tiene culpa de nada, cuando resulta que mamá Constitución no es de las que intercede por sus hijos ni le pisa la cabeza a la serpiente mientras ésta le muerde el calcañar, sino que, como buena miembra de su tiempo, se dedica a mirar siempre para otro lado, es de las que no se nota, no se mueve y no traspasa, y se pasa el día preguntándose a qué huelen las nubes.

Y aun ahora, cuando es evidente, después de todos estos años, que a la Nicolasa se le ha pasado el arroz definitivamente, todavía se oye los quejidos de los bobalicones que nos dicen que no perdamos la esperanza, que seguro que, algún siglo de éstos, dará a luz a nuestra salvación, porque ya se sabe que lo único que hay que hacer es creer en uno mismo y desearlo con todas tus fuerzas (que nosotros lo valemos). Y, todo eso, a pesar de que la innegable realidad es que lo único que hemos tenido durante más de tres décadas, son dolores de parto y entuertos sin fin.

Seguirán rezando e implorando protección a los ídolos de barro que ellos mismos han erigido y no caerán en la cuenta hasta que les llegue su turno. Un turno que saben inevitable, y que intentan retrasar sine die haciendo lo único que saben hacer: la pelota.

sábado, 4 de diciembre de 2010

Estado de excepción que confirma la regla.

Rubalcaba de presidente de facto. Los aeropuertos paralizados y tomados por el ejército. El estado de alarma, decretado o a punto de decretarse (que ya me he perdido).

Y la huelga de controladores (¿se dan cuenta de que son meras marionetas?) hace posible que Rubalcaba imponga el estado de excepción (o casi) y que la gente hasta lo agradezca, porque parece que nos hace a todos un favor ("¡Qué buenos son, Rub-al-Kaaba y Pepiñescu, qué buenos son, que nos llevan dexcursióóón!").

Se acercan tiempos aún más duros que los que estamos viviendo. Y para pagar nuestra deuda (el dinero prestado hay que devolverlo, y la crisis consiste sencillamente en esto) se subirán impuestos, se rebajarán sueldos, y se borrarán, de un plumazo, todas las barreras legales que haga falta para hacer posible que los españoles trabajemos de sol a sol por una bolsa de pipas, y vigilados por el ejército si hace falta, que el que se mueve no sale en el saldo de la cuenta corriente.

Ahora queda preguntarse cuál será el siguiente follón que se montará (que montarán), y qué profesionales de qué sector estratégico serán los protagonistas del jaleo que justifique otro paso más en la buena dirección.

Porque Milans del Bosch y Tejero fueron los lobos feroces que, según el cuento con el que nos arrullan los telediarios una noche sí y otra también, amenazaron con comerse a Caperucita Democrática. Pero ellos, aprovechando como excusa un conflicto laboral anunciadísimo desde hace tiempo, están sacando el ejército a la calle para controlar a la famosa, rebelde y concienciada sociedad civil (que demuestra tener por toda preocupación poder irse de puente, y otra de gambas, camarero, quenespaña sevive comon ningunsitio) y, como son "nosotros, los demócratas", no pasa nada.

Primero fueron a por los controladores, y como yo quería irme de puente, me alegré. Y luego, cuando la mano invisible del mercado (y no hablamos de Rosendo, precisamente) me agarró del pescuezo y me obligó a trabajar 80 horas a la semana por 500 euros al mes (vigilado por el ejército), ninguno de mis vecinos me defendió porque con mi trabajo y mi mísero sueldo, podían comprar el producto más barato y les venía bien (que no hay quien llegue a fin de mes con esto de la hipoteca).

Además, con toda esta puesta en escena la ocasión la pintan calva para que el gobierno pueda suprimir o restringir severamente el derecho a la huelga y que la gente, de paso, aplauda con las orejas ("¡vivan las caenas, mientras pueda irme - ahora- de puente!"), pensando que a ellos nunca les va a tocar.

Y así nos tienen, cainitas, echándonos a los unos contra los otros (como los que ven a dos perros destrozarse mientras cruzan apuestas y el dinero cambia de manos) y repitiendo uno de los grandes mantras españoles ("quesejodan quegananmucho yvivenmubien"). Y alimentando el único consuelo (muy hispánico, para qué negarlo) que tendrán muchos en las próximas décadas mientras los españolitos de a pie devolvemos nuestra inmensa deuda: perdida la esperanza de vivir mejor, la única alegría (para muchos) será ver a sus vecinos (funcionarios, asalariados en general, pensionistas) vivir peor.

Y la deuda que hay que devolver (la mayor que han visto los tiempos; se dice que el triple de la que tenían los norteamericanos que se endeudaron para comprar acciones de bolsa - que nunca bajaban, y lo sabía todo el mundo-en los felices años 20) es una de la que nunca se habla. Y no es la pública (que es el granito de sal que escuece sobre la herida abierta e infectada), sino la privada, la nuestra (léase créditos hipotecarios). Y no hablamos de ella - ni queremos- porque de ésa no podemos echarle la culpa a Zapatero, que la firma que figura sobre el contrato hipotecario de esclavitud es la nuestra, no la suya.

Angela, ven pronto.