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jueves, 25 de noviembre de 2010

Yo mismo con mi victimismo.

Vivimos en un país (y perdonen ustedes el perezrevertismo) cojonudo.

Aquí nadie tiene culpa de nada. Nunca. Y nadie se equivoca. Ni nadie mete la gamba. Eso sí, nos quejamos mucho cuando vemos a un político hacer lo mismo (es decir, empecinarse en el error). Como si los políticos no fuesen otra cosa que las bacterias que crecen y se multiplican nutriéndose del caldo de cultivo adecuado.

Aquí, cuando vienen mal dadas, o nos sale rana el superplan, o la genial estrategia, o sufrimos bucho (como decía el genial Millán Salcedo, de Martes y Trece), nadie tiene nada que rectificar. Antes partíos que doblaos, como dijo una ministra a quien su sucesor hará buena.

Aquí, cuando pintan bastos, todos los valientes, todos los "emprendedores", todos los "inversores", todas las "mujeres que hacen lo que quieren con su cuerpo, que para eso son libres", se tornan en "víctimas de...".

Nadie les puso una pistola en el pecho o en la sien para hacer lo que hicieron, ni para meterse en los berenjenales en los que se metieron. Es más: en casi todos los casos hubo algún alma bienintencionada que les avisó de las, no sólo previsibles, sino impepinables consecuencias de sus actos, y recibió como respuesta algún desaire o alguna mirada de conmiseración.

Y, claro, la culpa de su alcoholismo la tiene el camarero. La de su cáncer de pulmón, la estanquera. La culpa del asesinato de su hijo (por el que ellas pagaron el sueldo de un mes) resulta que la tiene el mismo padre del niño, a quien quizás llamaron de todo y tan patético les pareció cuando les imploraba por la vida de su retoño. Y la culpa de haberse endeudado de por vida, es del banco. Porque resulta que ese señor del banco, tan trajeado, tan aseado, tan engominado, tenía la obligación (aunque él no lo supiera) de ser nuestra madre, nuestra niñera y nuestro mejor amigo. Y debería habernos cortado la mano antes de dejarnos firmar la hipoteca.

Aunque eso es lo que decimos ahora. Hace cuatro o cinco años, si el banco no nos hubiese concedido la hipoteca, hubiéramos montado una que ni te cuento. Habríamos salido por la tele, con cara lastimera, en algún programa hablando de "derechos" (a la vivienda, ¡a la hipoteca!). Ahora somos "víctimas" porque nos han permitido firmar una hipoteca (como si los documentos de la misma estuviesen escritos en búlgaro o en camboyano). Entonces hubiéramos sido "víctimas" si no nos hubiesen permitido firmar la hipoteca. Si ustedes no han escuchado estupideces como "derecho a hipotecarse", es que no han vivido en España estos últimos años.

España, el país en el que las hipotecas "se concedían". Como si entregarle a un banco la mitad de tu sueldo durante toda tu vida fuese un privilegio. Toma castaña.

Y ahora resulta que los que creyeron que iban a hacerse ricos sin trabajar entregándole a Shylock una libra de su carne (¡y de la de sus padres!) han caído en la cuenta de la trampa en la que se metieron porque (ya es oficial, lo dijo hasta Informe Semanal este sábado) no hay pringados (o gente aún más pringada que ellos) dispuestos a comprarles por 50 lo que ellos compraron por 40. De hecho, los medios del régimen (y es sabido que todos los que van de "víctimas de..." se niegan a aceptar la realidad que tienen ante los ojos hasta que los medios del régimen se lo confirman) les empiezan a decir que con un canto en los dientes pueden darse si consiguen colocar por 20 lo que compraron por 40.

España es un país de usureros fracasados que ahora claman ser "víctimas de la usura". Un país de sinvergüenzas dispuestos a venderle su alma al diablo (aunque entonces no era "el diablo", sino "mi amigo, el del banco") para poder meterse en el juego de la compraventa de inmuebles y ganar dinero a costa de traspasarle el muerto a otro pardillo lo antes posible.

Y no me vengan con el cuento del "es que algunos se lo compraron para vivir, no para especular". Si se lo compraron hipotecando hasta la dentadura postiza de los abuelos fue porque estaban convencidos de que, si la cosa se fastidiaba, le podrían traspasar el muerto (y con beneficios) a algún idiota. ¿Cuántos hubieran "comprado para vivir" si hubiesen pensado que lo que compraban por 50 iba a venderse por 40 dos años después?.

¿Ah, que no lo sabían? Es que Dios crea idiotas (millones todos los días) cuya misión es comprarnos nuestras posesiones, a los enteraos de la vida, por lo que pidamos. Es cuestión de encontrarlos. Lo que pasa es que Zapatero los ha ahuyentado con su mala gestión económica. Sí, sí. Los capitalistas lo sabemos, y por eso hemos creado una nueva biblia. Al Redentor lo hemos rebautizado (que somos más chulos que nadie, San Juan Bautista) y ya no lo llamamos Jesús de Nazaret, sino Jesús Von Mises. Y al séptimo día, Dios no descansó, sino que lo dedicó a crear a los tontos a los que les revenderemos los bulbos de tulipán. Y lo de "ganar el pan con el sudor de nuestra frente" lo hemos cambiado por "ganar el Edén entero recalificando el suelo tras pedir un crédito hipotecario a la Serpiente". No te jode...

¿Por qué se extrañan tanto de que un elemento como José Luis Rodríguez Zapatero sea el presidente destepaís?. La catadura moral de los españoles ha quedado sobradamente probada esta última decada (bueno, este último cuarto de siglo, pero sobre todo esta última década). "Voy a ganar un huevo de pasta sin mover un dedo, pasándole los ladrillos a otro tonto", pensaban muchos.

Pero la pregunta era obvia: si todos somos listos que nos hipotecamos de por vida para adquirir los ladrillos, ¿quiénes serán esos tontos que nos los van a comprar para hacernos millonarios (porqueyolovalgo)?.

Y lo peor no es que aquí nadie rectifique ni reconozca haber cometido un error. Lo peor es que siempre surge una asociación, una red (red que enreda, no que conecta), o un colectivo, dispuestos a decirle al cirrótico que los malos son los camareros y los dueños de los bares (los mismos camareros y dueños de bares que, preocupados por su salud, se negaron a servirle más alcohol, obligándole a cambiar de sucursal; perdón, de establecimiento, quería decir).

Hubo otro tiempo en el que los usureros eran despreciados. Lo más bajo de la sociedad. Quizás por debajo de las prostitutas, incluso. Al menos, eran tiempos de hipocresía. Tiempos en los que el vicio rendía homenaje a la virtud. Los usureros eran tan despreciados como solicitados.

Porque los usureros existen (independientemente de si son admirados, como ahora, o despreciados, como entonces) porque hay gente dispuesta a aparentar lo que no es. Porque hay gente que cree que "tiene derecho" a hacerse millonaria simplemente por colgar un cartelito de "Se vende" con un número de teléfono.

Si no hubiese gente que se cree más "moderna", o con más "ganas de probar nuevas sensaciones", no habría camellos en las esquinas (o donde se pongan, que no lo sé) vendiendo cocaína. Igualmente, si no hubiese gente que se cree más "lista" que ese vecino que gana dinero trabajando y haciendo algo productivo (que ganar dinero haciendo algo productivo es de "pobres"), o gente que cree tener "más visión de futuro", o que necesita sentirse importante y pasar por lo que no es ni nunca será, los usureros no existirían.

Porque, en otros tiempos, los usureros eran despreciados, sí. Como las prostitutas. Pero, seguramente, despreciados (y a voz en grito, para que se les oyera bien alto) por los mismos que requerían de sus servicios. Ahora, los hidalgos se hacen llamar "clase media", pero sólo ha cambiado una cosa: los usureros son admirados y su tarea es agradecida e incluso tenida por necesaria (porque, si no, no hay manera de ganar cuatro duros y pasar por "clase media"). Y, al igual que las prostitutas, ya no tienen que ocultarse en sus casas, sino que salen por la tele a todas horas.

Y ahora que Shylock exige hacer honor a lo firmado y viene a cobrarse la libra de carne, aquí nadie ha hecho nada mal. Todos somos "víctimas", porque la jugada nos ha salido mal y el pardillo que nos iba a hacer millonarios no aparece por ningún lado.

No conozco a ningún adicto (al alcohol, a la heroína o al dinero prestado) que se haya curado de su adicción gracias a los que le dan cremita por la espalda diciéndole que es sólo una víctima y no ha hecho nada mal. Si algo identifica claramente a un adicto (a lo que sea) son dos cosas: que siempre le echa la culpa a otros de lo que le pasa y de lo que hace, y que siempre hay alguien dispuesto a reforzarle sus fantasías de impotencia e irresponsabilidad, y a convertirle en una "víctima".

Porque (lo saben todas las madres) la culpa es siempre "de las malas compañías". Pero nuestros hijos nunca son "malas compañías" para nadie. El mundo está lleno de hijos santos y "malas compañías" que surgen de la nada, por generación espontánea, y que no tienen madre.

Así que váyanse todos (y no me perdonen el celismo, si no quieren, que la verdad es que me empieza a dar igual) a la mismísima mierda. Víctimas que no lo son y creadores de víctimas que creen que las adicciones se curan diciéndole al adicto lo que quiere oír. Asumamos nuestros errores o, en su defecto, ayudemos a los demás a asumirlos. O callemos para siempre, que ya aburre el rollo de culpar a los poderosos romanos de las maldades cometidas por nosotros, el pueblo elegido.

Y, a los que (con la mejor intención, no lo dudo) hablan de "víctimas de la usura", permítanme recordarles un refrán muy explícito sobre una madre, una hija y una manta.
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