Si usted está pensando en aguantar este viernes (como todos los demás) a base de bocatas de atún enlatado o mediante otro menú similar en el que la carne no esté presente y le cuenta a un amigo el por qué, quizás su amigo le diga que usted es "ultracatólico".
Pues bien, eso quiere decir, ni más ni menos, que su amigo es "ultralaico". Y los ultralaicos, como buenos modernistas, tienen una jerga propia que es preciso que usted conozca para no caer en lamentables malentendidos que den al traste con una buena amistad que, a estas alturas, quizás dure ya décadas.
Así pues, se hace preciso definir claramente qué entiende un ultralaico por "católico" y "ultracatólico", para saber qué quiere decir su amigo con tan cariñoso, a la par que original, apelativo. Abramos el laiccionario por las páginas correspondientes a estos términos y leamos:
Católico: Dícese del aquél que, afirmando ser católico, ni cree en la doctrina de la Iglesia Católica (suponiendo que la conociese) ni cree necesario seguir las normas de la Iglesia conocida por tal nombre (suponiendo que siguiese alguna).
Ultracatólico: Dícese de aquél que, afirmando ser católico, no sólo cree en la doctrina de la Iglesia Católica sino que incluso la conoce en gran parte (si no toda) y sostiene, además, que es necesario seguir las normas dictadas por la Iglesia conocida por tal nombre.
Lo más llamativo del asunto es que aquéllos que caen dentro de la definición ultralaica de la palabra "católico", utilizan el término "ultracatólico" con el mismo significado que los ultralaicos. Lo cual nos lleva de nuevo a un artículo revelador en el que se nos recuerda que no hay peor cuña que la que afirma ser de la propia madera.
SOBRE LOS "DIOSES"
Hace 3 semanas