"Es asombroso [comprobar] cuántos católicos supuestamente devotos asistirían con todo el placer del mundo a una misa ortodoxa oriental, una "misa" luterana o episcopaliana, o incluso un servicio religioso baptista o evangélico sin pestañear; pero si los invitas a una Misa tridentina oficiada por un sacerdote católico tradicionalista, de pronto empiezan a preocuparse muchísimo sobre si eso sería ¡cismático!".

Algo así se pregunta Isaac Expósito, en su blog Fides et Ratio, a raíz de la ofrenda floral a las deidades hindúes (a algunas de las tropecientas mil que hay) realizada públicamente por monseñor Vincent Nichols, arzobispo (católico) de Westminster y jefe de la Iglesia Católica en Inglaterra y Gales: ¿ofrendas florales a dioses paganos sí, forma extraordinaria del rito romano no?.
La lista de pasajes de la Biblia que condenan las ofrendas a dioses paganos es interminable. Y pensar que esto, encima, se ha convertido en algo de lo que muchos dentro de la Iglesia presumen (y tengo entendido que al iniciador de esta tendencia se le beatificará próximamente). Por supuesto, lo hacen en nombre del buen rollo, exactamente la misma excusa que seguramente utilizaría el cosmopolita rey Salomón, en su momento, para (a petición de sus concubinas) erigir templos a Baal (en la imagen) y a otras deidades (alguno de ellos en lugares más elevados de la ciudad que el que ocupaba el Templo, con mayúsculas): llevarse bien con las naciones circundantes y que sus habitantes se sintieran como en casa cuando visitasen Jerusalén.
"Y no te postrarás ante otro dios, pues Yahveh, cuyo nombre es Celoso, es un dios celoso" (Exodo 34:14).
Lo recuerda Motu Proprio en un comentario: Muchos cristianos fueron martirizados en la antigua Roma por negarse a quemar incienso ante las imágenes del emperador, y prefirieron ser devorados vivos por leones antes que hacer lo que ha hecho el arzobispo Nichols. Entonces, la Fe se propagó desde las catacumbas de Roma a los confines del mundo conocido (y del mundo por conocer). Ahora, se bate en retirada entre escenas que recuerdan a los anuncios de Benetton.
De hecho, el iniciador de esta tendencia calificó el estado en que se encuentra sumida la Iglesia Católica como "apostasía silenciosa".
Y uno no puede dejar de preguntarse: ¿Silenciosa?.