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martes, 6 de julio de 2010

¿Te has dao cuen...? (VI)

¿...de cómo, precisamente ahora que entra en vigor la "ley Aído" (ley que se viene aplicando, por cierto, en forma de coladero de otra ley, desde hace 25 años), empiezan a multiplicarse los artículos escritos por sacerdotes -católicos- llamando a la prioritaria e imperiosa necesidad (y obligación para los católicos, según ellos), de defender la democracia liberal en España? (la misma democracia liberal que nos ha traído el aborto, por cierto).

Ejemplos aquí y aquí.

Creo que la razón la explica muy bien Manuel Morillo en su artículo sobre la constitucionalidad del aborto:

"...Estos obispos se quejan, con razón, de la intromisión de ciertos políticos que quieren marcar lo que es ortodoxo o no en el catolicismo. Pero, tras rechazar de manera discutible el Estado Confesional (donde la moral objetiva influye en la Administración y en la legislación, limitando los excesos tiránicos y evitando el relativismo)...no pierden su tentación de caer en el clericalismo político, y, sin autoridad moral, a la que han renunciado, y, por supuesto, sin potestad, se dedican a predicar lo que es legal o no.

Y se empeñan, pese a las evidencias, en querer salvar la constitución de 1978 de su carácter abortista.

Da la impresión de que lo que se pretende es salvar el Sistema del que la Constitución es símbolo".

miércoles, 12 de mayo de 2010

Revolution Street (V): El crash del 2010

Nunca había oído hablar de Santiago Niño Becerra hasta que, hace un par de años, alguien me mandó, por email, un enlace a un artículo suyo con una serie de predicciones que, posteriormente, se han ido cumpliendo con precisión cuasi matemática. Me convertí en asiduo lector de su columna en La Carta de la Bolsa, a pesar de que no disfruto especialmente de su lenguaje (para mi gusto) excesivamente distante y aséptico (comparen su forma de escribir, por ejemplo, con la de otro economista que lleva clamando en el desierto desde hace años, como es Roberto Centeno).

Sin embargo, como ya digo, no fueron sólo sus predicciones las que captaron mi atención, sino el hecho de que la realidad las confirmaba una y otra vez. Y, además, las confirmaba casi al milímetro (o a la décima). Porque el profesor Niño Becerra es el equivalente, en lo que a la economía se refiere, (al menos desde que un servidor lee su columna) del virtuoso de las quinielas que no sólo acierta quién ganará el partido (o si acaba en empate), sino que clava hasta el resultado final en goles. Aunque, claro está, quizás no sea otra cosa que un rara avis que no siente -o no tiene- la necesidad de abrevar en ningún pesebre

Como pagano que soy en lo que a economía se refiere (figuradamente y por partida doble: por contribuyente y porque no conozco esta ciencia como la puede conocer un licenciado), el libro del profesor Niño Becerra me ha resultado didáctico, pero decepcionante en algunos sentidos (al igual que sus artículos, he de decir).

Me ha resultado didáctico porque ofrece una serie de explicaciones sencillas de entender y una perspectiva amplia sobre las crisis económicas a lo largo de la historia, sus causas y consecuencias y su relación con lo que se podría llamar "mentalidad dominante" en cada momento (algo lógico, después de todo: sin la mentalidad imperante -y alimentada desde el poder- del "porqueyolovalgo" hubiera sido imposible que tanta gente viviese como si nunca tuviese que devolver el dinero que le pedían prestado al banco). Especialmente sorprendente (para un pagano como yo) resulta descubrir que las crisis que acaban con un sistema económico para alumbrar otro nuevo (aviso: "nuevo" no es sinónimo de "mejor") se producen, con una exactitud cuasi de reloj suizo, cada 250 años, más o menos.

Y digo también que me ha resultado decepcionante porque el profesor Niño Becerra, después de dar todos los capotazos habidos y por haber al toro de las crisis económicas, en forma de introducciones, antecedentes históricos y explicaciones utilizando un lenguaje claro y sencillo, se pierde (bueno, él no se pierde; me pierde a mí, más bien...), a la hora de entrar a matar, en un lenguaje mucho más técnico y eufemístico cuando se trata de contar qué es lo que va a pasar (que, en el fondo, es lo que le hace a uno comprarse el libro, qué quieren que les diga).

Además, creo que se equivoca, en alguna cuestión, al tomar el rábano por las hojas y caer en un determinismo que parece más ideológico que fruto de conclusiones lógicas; de alguna forma, el profesor Niño Becerra afirma, una y otra vez, que las cosas son como han sido y serán como serán, porque no podían haber sido y no podrían ser de otra manera (imagino que el hecho de que las crisis sistémicas en la economía se repitan cada cuarto de milenio casi puntualmente puede ser uno de los factores que le lleva a tal conclusión), pero la realidad es que el hecho de que los seres humanos hayan caído, una y otra vez, y a lo largo de la historia, en los mismos errores (o parecidos), no significa necesariamente que las cosas no pudieran haberse hecho de otra manera (de hecho, cuando algo se califica como "error" es porque hay, o había, otra alternativa -que no se escogió, por la razón que fuese- que puede ser calificada como "acierto").

Pero, al margen de estos desencuentros en cuanto a qué cabe achacar lo ocurrido o por ocurrir, y la decepción por el lenguaje especializado y críptico a la hora de describir lo que nos espera (decepción, como ya digo, agrandada por el hecho de que el catedrático demuestra que, cuando quiere, sabe expresarse de forma que todos le entiendan), lo cierto es que hay una serie de ideas en el libro que me parecen relevantes y dignas de ser señaladas (y ampliadas)

1- En todas las crisis sistémicas de la economía se ha buscado una causa o un culpable (algo o alguien circunstancial y accesorio con un papel, en realidad, irrelevante o, como mucho, simbólico) para no tener que señalar las verdaderas causas y los verdaderos culpables (si les viene la palabra "zapatero", "controladores aéreos", o "funcionarios" a la cabeza, entenderán que esto está pasando ahora también).

2- Que la gente se ha dedicado a vivir en un mundo de fantasía gastándose (y con poco seso, además) dinero que no era suyo, sino del banco que se lo había prestado. Ahora toca devolver la factura (y suele suceder que unos pocos -que suelen ser los mismos- devuelven la factura de todos, como ha vuelto a demostrar hoy el presidente del gobierno con las "medidas" que ha anunciado).

3- Que las medidas tomadas por los gobiernos de las llamadas "democracias occidentales" (subidas de impuestos, financiación de las grandes empresas, corporaciones, multinacionales y bancos con dinero expoliado al contribuyente) no han hecho sino maquillar las cifras macroeconómicas durante unos meses mientras las pymes eran, literalmente, arrasadas por un entorno económico hostil, creando (España es un ejemplo palmario) parados por millones. Por supuesto, el autor del libro no entra en ningún momento a insinuar que todo esto se haya hecho a propósito y con plena conciencia de las consecuencias que traería, pero no sería de extrañar que así fuera.

4- Que, en el "nuevo orden económico" que surgirá de las cenizas de éste, las grandes corporaciones tendrán un papel aún más relevante que en el actual. Esto es totalmente lógico: con las pymes arrasadas y millones de personas en el paro, el terreno está preparado: las grandes empresas (que han sido financiadas por los gobiernos con nuestro dinero con el pretexto de "salvar la economía" -la de sus amigos, se entiende) se van a encontrar con gran parte de la competencia destruida y eliminada (gracias a los mismos gobiernos, también), y con millones de personas hipotecadas (mordieron el cebo del dinero fácil, qué le vamos a hacer) y sin empleo dispuestas a aceptar cualquier tipo de contrato (y no es difícil preveer que se cambiará la legislación para permitir tipos de contrato aún más abusivos que los ya existentes).

5- Habrá menos necesidad de mano de obra porque se buscará la eficiencia (o sea, salarios más bajos) y la productividad (o sea, trabajar más horas) ante todo (y, con 5 millones de parados disponibles para reemplazarle a uno en un santiamén, que proteste el que tenga lo que hay que tener). Para producir lo mismo que ahora, se utilizará a menos gente. Sobrarán, como siempre, los menos cualificados. En los países de economía de baja productividad (España, sin ir más lejos) un 20-25% de la población estará perennemente en paro y subsidiada (y, escribiendo estas cosas, se entiende perfectamente ahora la necesidad y oportunidad de un sistema educativo como la LOGSE, que moldease las mentes de tantos millones de españoles para convertirles en carne de cañón dispuestos a caer en la trampa del crédito fácil para luego resignarse a trabajar por cuatro duros de sol a sol o vivir subsidiados toda la vida, en casa de los padres -la eutanasia del abuelo o el progenitor anciano le resultará muy útil a muchos en todo este panorama, como pueden ver; "todo está conectado", dice el profesor Niño Becerra, y tiene razón).

5- El papel del estado disminuirá: eufemismo del profesor Niño Becerra para hacernos entender que el llamado "estado de bienestar" (que ya existía antes del actual régimen demócrata-liberal que padecemos en España y que lleva desmontándose paulatina pero incesantemente desde hace más de 30 años) se acabará (las "medidas" anunciadas hoy por el presidente del gobierno son un paso más en este sentido). También tiene su lógica (y esto lo digo yo, no él): la compra de votos con dinero ajeno (subsidios, pensiones no contributivas, subvenciones) fue necesaria cuando la población no estaba tan fanatizada como ahora. Teniendo en cuenta que, después de 30 años, la población ya está suficientemente fanatizada y fidelizada a una de las dos facciones del partido único, ya no es necesario comprar su voto con "derechos sociales": basta con tener bien engrasada-con dinero ajeno, como siempre- la maquinaria que, en forma de sindicatos, plataformas y medios de comunicación, alimenta ese fanatismo (por eso se recorta en salarios, medicinas y ley de dependencia mientras los privilegios de las correas de transmisión de la ideología del régimen no se tocan, ya que son las que mantienen a la gente votando a PP y PSOE -o contra PSOE y contra PP, como quieran llamarlo).

6- El profesor Niño Becerra, tras pasar de puntillas -lingüísticamente, hablando- sobre el panorama que nos espera (viene a decir, de forma muy diplomática, algo así como que "Las uvas de la ira" va a parecer una película familiar navideña de la Disney en comparación con lo que se acerca), recuerda (es de agradecer también esta forma de ver las cosas a vista de pájaro) que de peores hemos salido (eso sí, a veces a un precio muy alto: del 29 se salió gracias a la II Guerra Mundial). ¿Y cómo ocurrirá todo? Pues, según el profesor Niño Becerra, de la noche a la mañana, como en el 29:

"La crisis, la verdadera crisis, cuando estalle, a mediados del 2010, será tremenda, paralizante, una auténtica caída a plomo; será deflación, depresión, nada comparable a pasadas recesiones que usted haya vivido. Será algo semejante al sentimiento que se refleja en los rostros de las gentes que muestran las imágenes tomadas durante la Gran Depresión. Unos rostros que, si nos hablasen, aunque lo hiciesen con las palabras de los años treinta, en realidad estarían hablándonos con las de mañana".

8- Lo que no acaba de decir el profesor Niño Becerra con suficiente claridad, es que la situación a la que nos enfrentamos quizás no tenga precedente alguno en un sentido muy concreto: las masas de desesperados serán más peligrosas que nunca: estarán compuestas -en gran parte- por los mismos analfabetos funcionales formados por la LOGSE que, creyéndose la generación más afortunada de la historia del mundo -la única con todos los derechos, pero sin ningún deber ni obligación- se han acostumbrado a un tren de vida (vacaciones en el Caribe, viajes a capitales europeas en un puente, piso, coche caro) muy por encima de sus posibilidades (y casi las de cualquiera). Un tren de vida que su mentalidad logsiana y porqueyolovalguista ha asumido como un derecho de nacimiento y que ahora perderán (ya lo empezaron a perder, de hecho) con la misma facilidad con la que a un niño se le quita una piruleta de la boca. Para la generación formada en la LOGSE, ganar 700 euros al mes y vivir como si ganases 7.000 (o ganar 7.000 por poner un ladrillo encima de otro) es la forma "normal" del funcionamiento de las cosas (los que se quedaron sin trabajo y sin nada tras el crash del 29 tenían asumido que, si ganabas 700 al mes, lo normal era vivir como si ganases 700 al mes). Y, ahora que las cosas ya no van a funcionar así (si tienen la suerte de volver a ganar, en algún momento de su vida, 700 euros al mes, no podrán volver a vivir como si ganasen 7.000 -ni siquiera como si ganasen 750), se preguntarán que ha pasado. Y buscarán culpables claro (y, como buenos logsianos, la culpa de lo que les ha pasado la tendrá cualquiera que pase por allí, excepto ellos).

Y no duden, por supuesto, que los mismos que moldearon sus mentes, y les dejaron saborear la piruleta del dinero fácil para quitársela después, se presentarán como sus salvadores tras señalarles, oportunamente, los "culpables" de todo.

domingo, 9 de mayo de 2010

Siempre lo sospeché.

Incluso el ABC lo reconoce a estas alturas:

Una persona anestesiada o sedada (o sea, en coma controlado) puede desempeñar sin mayor problema las funciones propias del rey de España.

PS: Es enternecedor cómo se le cae la baba a la prensa "provida" con este rey, ¿verdad?.

viernes, 19 de febrero de 2010

Centrist-reformist marketing for dummies (I).

Pues, qué quieren que les diga: en mi opinión, el mensaje, no sólo es bueno, sino que se transmite muy bien (y no lo digo por mí). Aunque pocos lo escuchen (por ahora).

Creo que, a veces, nos devanamos demasiado los sesos. Cuando uno va con la verdad por delante y casi nadie le hace ni caso, lo más frecuente es reaccionar como hacen los padres cuando el hijo que creían modélico resulta ser un gamberro de tomo y lomo, y preguntarse: "¿Qué hemos hecho mal?".

Probablemente, no más que otros. Las cosas siempre se pueden hacer mejor, claro está, pero eso no significa necesariamente ni que se estén haciendo mal ni que vayan desencaminadas. La frustración que resulta del aparentemente infructuoso esfuerzo por una buena causa encierra el riesgo de acabar dando bandazos que sólo empeoren las cosas, como consecuencia de buscar una fórmula mágica que a uno le acerque más rápidamente a sus objetivos.

Porque, claro, es entonces cuando vienen los listos repartiendo los consabidos consejos que les han llevado al "éxito". Un éxito que nada tiene que ver con los consejos que dan, y sí con otras razones muy distintas.

1- "Es que no sabéis transmitir el mensaje, y por eso los medios no os hacen caso":

Acabáramos, amigo. Resulta que gente que sale mucho en los medios afines al PP (o al PSOE) porque transmite el mensaje que interesa al PP (o al PSOE) nos quiere convencer de que los sacan, no por decir lo mismo que dice el partido en cuestión, sino porque son muy majos y muy elocuentes.

No les desvelo ningún secreto si les digo que el que quiera salir en Intereconomía sin que expulsen fulminantemente al director del programa al que se le invitó, sólo tiene que repetir las cuatro cosas que todos sabemos ("PSOE malo, no lo votéis", "Sí, el PP hace lo mismo, pero hay que votarlo para que cambie"), y antes de que se dé cuenta, estará plantado en un plató con grandes cristaleras que dan a un restaurante con diseño modernísimo en plena Castellana, mientras una moza con voz de profe y mirada de alumna le planta delante una botella de la versión laica (sin alfa, sólo omega-3) del agua bendita y un joven con ojeras perpetuas le escancia vino añejo en una copa de dimensiones considerables.

Los grandes sabios que reparten consejos como el número 1 saben perfectamente que, de no transmitir el mensaje que interesa, de nada les servirán sus grandes conocimientos de photoshop y técnicas de ventas a la hora de elaborar pancartas y eslóganes, pero prefieren intentar convencer a los demás de que no son altavoces de ningún amo, sino gente con mucho talento.

En realidad, la cuestión no es que no se sepa transmitir un mensaje, sino que a algunos (a muchos) no les interesa que tal mensaje se difunda. Creerse el consejo número 1 (y, no digamos, seguirlo) lleva, por tanto, a impacientarse y a creer que todo se arregla recurriendo al consejo número 2.

2- "Tenéis que decir lo mismo, pero de otra manera":

Cada vez que alguien dice esto, en realidad quiere decir "Queremos que digáis algo totalmente distinto, aunque lo digáis de la misma forma". El consejo número 2 es la cortina de humo favorita de cualquier chaquetero, que cuando dice hoy lo contrario que ayer, lo explica de esa manera. Un buen ejemplo es el PP en las Vascongadas o en Cataluña, cuyos líderes insisten en recurrir al consejo número 2 para intentar ocultar lo evidente (tan evidente que María San Gil se fue a su casa y Regina Otaola lo hará muy pronto).

Si hacen memoria, se encontrarán con muchos ejemplos de esto. De hecho, para el hombre postmoderno, decir "2+2=5" no es ninguna falsedad, sino que "2+2=5" es "2+2=4, pero dicho en el lenguaje del hombre de hoy" (y por "lenguaje del hombre de hoy", entiéndase "mentira" y "confusión").

Si se impacientan y siguen el consejo número 2, probablemente y casi sin darse cuenta, se encontrarán diciendo algo totalmente distinto a lo que se quería decir y quizás preguntándose si para semejante viaje hacían falta tales alforjas.

3- "Es que criticáis mucho. Tenéis que hacer propuestas":

Cuando los gurúes del buen rollo sueltan esta frase, uno tiene que aguantarse la risa floja. Porque, para resumirlo sucintamente, gente que se pasa las 24 horas del día criticando a Zapatero, pone gesto contrariado cuando alguien critica, durante 5 minutos, al PP o alguna de sus organizaciones afines.

De hecho, cientos de miles de españoles se definen (y orgullosamente, además) como adictos a un programa nocturno de tertulia política (el del agua bendita aconfesional) que consiste, esencialmente, en criticar al gobierno (y al PSOE) durante dos horas (y, si Zapatero no convoca pronto elecciones -y las pierde-, la acusación de ser el responsable de la muerte de Manolete caerá más pronto que tarde, estoy seguro de ello). Igual que algunos se toman una pastillita para dormir, el soma de muchos otros (no necesariamente todos los que ven este programa) consiste en la realimentación diaria de una fantasía, según la cual, todo era perfecto antes de llegar Zapatero, y todo volverá a ser perfecto cuando Zapatero se vaya.

Y son, precisamente, los españoles adictos a criticar a Zapatero los que, cuando se critica al PP, pasan en un milisegundo a considerar la crítica, no como algo legítimo, sino como algo de mal gusto. Dos horas criticando a Zapatero se les pasan volando, pero treinta segundos criticando al PP les parecen una eternidad (por eso dicen lo de "lo único que hacéis es criticar"). Y ya puede uno hacer todas las "propuestas en positivo" que quiera (que se hacen, y bien hechas, y todas las que haga falta), que serán sistemáticamente ignoradas en cuanto se haga la más mínima crítica al PP.

Así que, no se engañen: el consejo número 3 (que podríamos traducir por "No critiques nunca al PP y verás cómo te sale todo a pedir de boca") no es más que una forma de intentar convencer al león para que se arranque el sólo las uñas y los dientes, y que, así, no haga pupa. Con este consejo, se cumple (como en los dos anteriores) la norma consabida: el enemigo no viene a darte consejos para que triunfes, sino para que te estrelles.

Continuará.

martes, 16 de febrero de 2010

Cartas del diablo a su sobrino.

Vivía en la inopia más absoluta (incluso más que ahora, que ya es decir) cuando, durante el último año de carrera, fui al cine a ver la película "Tierras de Penumbra". La película narra parte de la vida del profesor Clive Staple Lewis (más conocido por "C.S."), un señor de cuya existencia no tenía, hasta entonces, la más mínima noticia (y cómo iba a tenerla, si me dedicaba a ver la tele y a leer periódicos).

Además de disfrutar con la extraordinaria interpretación de Anthony Hopkins en el papel del profesor Lewis (aún hoy veo fotos de C.S. Lewis y lo primero que se me pasa por la cabeza es lo raro que me resulta comprobar que no tiene la cara del actor galés), la película me impulsó a tomar la que, sin duda, ha sido una de las mejores decisiones de mi vida: comenzar a leer la obra de este profesor de literatura en la Universidad de Oxford.

Como suele suceder, descubrí (y eso que la película es más que notable) que, en el caso de Lewis, también se cumplía la máxima conocida de que "el libro -los libros, en este caso- siempre es mejor que la película" (hoy en día hay cada vez más excepciones a esta norma, y no es porque las películas de hoy sean mejores que las de antes, precisamente).

"Cartas del diablo a su sobrino" ha sido siempre el libro que más me ha gustado de Lewis. Es algo así como la versión diabólica de "Camino" (el ejemplo que conozco en el que mejor se cumple aquello de que "el libro" es infinitamente más recomendable que "la película"). Si la obra más conocida de San Josemaría Escrivá de Balaguer está escrita como una serie de consejos de un mentor o director espiritual a un joven que desea vivir cristianamente, las "Cartas del diablo a su sobrino" contienen los consejos dados por Escrutopo (un diablo ya veterano que, en el infierno, forma parte de lo que podríamos llamar "comité federal del partido") a su sobrino Orugario, un diablillo de las nuevas generaciones infernales que empieza a intentar ganarse su ascenso y su futura pensión vitalicia haciendo trabajo de campo (o sea, intentando llevar por el mal camino a una buena persona).

El libro (que se publicó por entregas en el diario "Manchester Guardian") es una soberbia y brillante colección (y descripción) de las estrategias que el diablo (ése personaje que se supone que existe, pero a quien casi nadie menciona nunca -lo mismo que ocurre con el malo, Voldemort, en las historias de Harry Potter) emplea para tomar el pelo a la humanidad, no ya en el Siglo XX o XXI, sino desde que el mundo es mundo y Adán y Eva aún no sentían la necesidad de arrancarle hojas a una higuera para colocárselas delante de la entrepierna (lo siento, generaciones egocéntricas de las que formo parte: no tenemos nada de especial respecto a nuestros antepasados. De hecho, el creernos mejores que ellos nos hace más vulnerables a los engaños de "aquél que no hay que mencionar para que no nos critiquen los que nos van a criticar igualmente, hagamos lo que hagamos").

Y lo más asombroso es que las estrategias muy bien podrían resumirse en una sola:

Hacer creer a una buena persona de que está haciendo el bien mientras hace el mal.


Porque las tácticas que Escrutopo enseña a su sobrino Orugario no consisten en posarse en el hombro del "Paciente" (como llaman en las epístolas al alma que aspiran a desviar) y pedirle, con una sonrisa sardónica, que sea malvado y perverso. En absoluto (así no se engaña a nadie). Escrutopo le muestra a Orugario cómo conseguir que su posible víctima acabe (tal y como advertía el profeta Isaías) llamando, al mal bien, y al bien mal; a lo dulce, amargo y a lo amargo, dulce; a la luz, oscuridad, y a la oscuridad, luz (la misma táctica que Orwell denominó, en su obra 1984, doblepensar).

Eso sí, como el diablo sabe más por ser viejo que por ser quien es, las tácticas se van perfeccionando con el paso del tiempo. El profeta Isaías se expresaba de esta manera porque, probablemente, en el tiempo en que vivió todavía se contemplaba el bien como una opción a realizar. Hoy en día, muchos han sido persuadidos de que el bien es una opción irrealizable e imposible y que no queda más remedio que optar por la variedad del mal que menos desagradable nos resulte (y, por paradójico que parezca, la gente que así razona suele acusar luego al presidente del gobiernodespaña de bajarse los pantalones ante cualquier enemigo en cuanto se presenta la ocasión). Qué quieren que les diga: la victoria más sencilla y más segura consiste en convencer al otro de que ya ha perdido el partido aun antes de saltar al campo (y seguro que Sun-Tzu escribió alguna frase por el estilo).

Les aconsejo que lean el libro con algo para ir subrayando las frases que más les llamen la atención (que serán muchas) y así poder volver a releerlas una y otra vez. Todas son "de la más rabiosa actualidad" (entre otras cosas porque, como ya digo, los seres humanos siempre hemos estado hechos de la misma pasta y siempre nos han timado de la misma manera).

Y, como creo que es lo de menos en este caso, voy a contar el final del libro (y no sigan leyendo, si no quieren enterarse todavía), utilizando otra frase, no por conocida menos cierta:

La revolución siempre devora a sus hijos.


viernes, 12 de febrero de 2010

Nihil novum sub sole (IV)


359.- Convengo contigo en que hay católicos, practicantes y aun piadosos ante los ojos de los demás, y quizá sinceramente convencidos, que sirven ingenuamente a los enemigos de la Iglesia.
Se les ha colado en su propia casa, con nombres distintos mal aplicados - ecumenismo, pluralismo, democracia - el peor adversario: la ignorancia.


Surco,
San Josemaría Escrivá de Balaguer.

PS: Me acordé de este punto de este libro (que me chocó muchísimo cuando lo leí, pues yo era un joven y ejemplar demócrata por entonces) al leer el último post de Embajador en el Infierno. Convendría señalar que "Surco" fue publicado en 1986.

domingo, 10 de enero de 2010

Gustavo Bueno y la mentalidad revolucionaria (Actualizado)

Hace poco fue Dalmacio Negro. Ahora es el profesor Gustavo Bueno quien, en esta entrevista, habla, no sólo sobre el totalitarismo de la democracia liberal, sino sobre el fanatismo de los que, a pesar de los hechos, consideran incuestionables ciertos dogmas por el simple hecho de oírlos en la tele todos los días (basta con leer algunos comentarios para ver cómo se escandalizan algunos al leer que hay gente que cuestiona la democracia liberal; y para más inri, un señor con canas pretende hacernos creer que sabe más que nosotros, los jóvenes. ¡Qué se habrá creído ese facha!).

Especialmente útil es su aguda descripción del mecanismo de autoengaño de los demócratas (exactamente idéntico al de los comunistas): Si en una democracia (liberal) ocurre algo bueno, es gracias a la democracia. Pero si ocurre algo malo, la democracia nunca tiene la culpa (y, además, si ocurre algo malo, es que eso no era democracia, o la democracia no se ha aplicado correctamente). En cambio, si en cualquier otro tipo de régimen político ocurre algo bueno, es una casualidad (o que alguien aplicó el liberalismo/comunismo sin caer en la cuenta), pero si ocurre algo malo, es la prueba fehaciente de que ese régimen político es malvado, perverso y corrupto per se.

Ahora queda comprobar si, después de aplaudir a estos señores y agradecerles que nos ilustren, actuaremos en consecuencia o nos diremos que "nos estamos jugando mucho y hay que votar lo de siempre, aunque sea a dos manos".

Gustavo Bueno es un ejemplo más de cómo la revolución, invariablemente, acaba yendo más allá de lo que sus hijos planearon (y, en cuanto puede, los devora, además). Es la consecuencia impepinable de la mentalidad revolucionaria y compulsivamente innovadora; y pasa tanto en los partidos políticos democráticos como en las bandas terroristas: detrás de los veteranos, surge otra generación más ansiosa aún por aplicar las enseñanzas de los maestros (ser centrista/ser progresista/apretar el gatillo - táchese lo que no proceda) y más papista que el papa. Los cachorros, inevitablemente, acaban acusando a los tigres ya ancianos de "ablandarse" y "aburguesarse", mientras éstos se lamentan en plan Ortega y Gasset: "No era eso, no era eso".

Los mentores ( llámense Aznar, González o Julen Madariaga) acaban observando impotentes cómo sus pupilos -que, en cuanto les destronan, no les hacen ni caso- se vuelven aún más centristas/progres/etarras (táchese de nuevo lo que no proceda) de lo que ellos nunca pensaron ser. Y es que la vida, al revolucionario veterano, se las devuelve tarde, pero se las devuelve todas juntas: "¿No querías caldo (centrorreformismo/progresismo/"lucha armada")? Pues toma dos tazas".

PS: Estando las cosas como están, quiero aclarar que el paralelismo es : Aznar-centrismo; González-progresismo y Madariaga- etarras. Qué le vamos a hacer: no me fío de la LOGSE (y de las libertades modernas y de la democracia liberal, aún menos).

Actualización: No puedo dejar de recordar que todo lo que dice el profesor Bueno, ya lo llevan diciendo otros desde hace más de 35 años. Aunque él habla a toro pasado, no deja de tener su mérito que se atreva a señalar que el rey va desnudo.

domingo, 13 de diciembre de 2009

Ahora resulta que no es tan mala idea.

Pero, vamos a ver, damas y caballeros...

¿No habíamos quedado, como buenos demócratas de toda la vida, en que el rollo ése de los partidos confesionales era algo obsoleto, arcaico, trasnochado e inútil?. ¿No nos había señalado monseñor (tan odiado por los "ultras") una y mil veces que el único camino a seguir era infiltrar todos los partidos?.

¿A qué, pues, tanta histeria centrorreformista ante una idea obsoleta, arcaica, trasnochada e inútil como ésta?.

Nosotros sabemos que lo único que funciona es cambiar los partidos desde dentro, ¿no?. ¿Cuál es el problema, entonces, con que los musulmanes creen un partido confesional, si eso no funciona? ¿O sí?.

Nosotros sabemos que lo de cambiar concejales, alcaldes o diputados no funciona, porque lo que funciona es lo de "cambiar la sociedad", así que ¿qué más da que los musulmanes cambien concejales, alcades y diputados? Que pierdan el tiempo, que no pasa nada. ¿O sí?.

Y nosotros sabemos que lo de cambiar las leyes no es importante, porque lo importante es cambiar los corazones (si no te lo sacan antes a pelo, claro). ¿Qué tiene de malo, entonces, que los musulmanes empiecen a cambiar leyes a su gusto, si eso no va a ninguna parte? ¿O sí?.

¿Y no dice don Benigno, con esa dialéctica suya tan brillante, que nos olvidemos de los partidos políticos, porque la solución está en la sociedad civil? Dejemos, pues, a los musulmanes, que descubran que su estéril estrategia no tendrá éxito. ¿O sí?.

Así que compórtense, por favor, y recuerden que estas cosas no interesan a los españoles, porque a los españoles sólo nos interesa (o sólo nos debe interesar) el vil metal (¿o no lo dice Mariano bien claro una y otra vez?).

Pero, si aun así, les invade el miedo, no olviden poner en la cabecera de la cama las estampitas de San Consenso de la Moderación, Santa Unidad de los Demócratas y Santa Construcción de Mayorías . Y, para ahuyentar tentaciones de votar a un partido confesional (católico, por supuesto), nada como una medallita de Santa Nuestramás Henerjikakondena (vasca de pura cepa).

Pero no me negarán que nada abre los ojos tanto como el acojone instantáneo y generalizado. Aunque sea con treintaytantos años de retraso.

PD: Acabo de enterarme (y no es broma) que el actor que encarnará al cardenal Tarancón en la miniserie que TVE está preparando para agradecerle a monseñor los servicios prestados al régimen actual será Pepe Sancho.

miércoles, 4 de noviembre de 2009

El síndrome de Casandra

Casandra era hija de Príamo, rey de Troya. Era sacerdotisa del dios Apolo con el que, según la leyenda, acordó tener encuentro carnal a cambio del don de la adivinación. Apolo, como le suele pasar a algunos elementos del género masculino en estos trances, cumplió primero su parte del trato; Casandra, una vez recibido su don, se negó a cumplir su parte del trato. Como venganza, Apolo no le retiró el don concedido (predecir el futuro), sino que, escupiéndole en la boca, la condenó a algo mucho peor: a no ser creída nunca por aquéllos que la escuchasen.

Según la leyenda, Casandra predijo infructuosamente la caída de Troya (una ciudad cuyos muros nunca habían sido franqueados) a su familia y a todo el que se le ponía por delante. Los troyanos, llenos de orgullo y satisfacción por la ciudad fortificada que se habían dado a sí mismos, acabaron tomándola por loca, especialmente cuando los ataques de los griegos se estrellaban una y otra vez contra aquellas murallas que ningún ejército había conseguido sobrepasar hasta entonces.

Sin embargo, de la noche a la mañana, Troya pasó a ser plaza inexpugnable a ciudad conquistada y saqueada. Cuenta la leyenda que Casandra fue violada y asesinada por Ayante, quien la arrastró sin contemplaciones mientras ella se agarraba a la estatua de la diosa Atenea tras la que había intentado esconderse. Ayante, de vuelta a la Hélade, pereció ahogado en una tormenta provocada por Poseidón, por encargo de Zeus, padre de Atenea, que decidió ajustarle las cuentas al asesino de Casandra por profanar la imagen de su hija, la diosa del búho en el hombro.

Y es que los mitos griegos acaban como las tragedias de Shakespeare: no queda vivo ni el apuntador, debido a la costumbre de los protagonistas de desoír los buenos consejos, ya sea de los progenitores, de los sabios o, como en el caso de todas las Troyas habidas y por haber, por no querer escuchar a los que nos dicen lo que no nos apetece oír.

La sentencia del Tribunal de Derechos Humanos de Estrasburgo
, obligando a retirar toda simbología religiosa en aras de un supuesto derecho (de unos pocos) a no sentirse ofendido, ha sido acogida por muchos llevándose las manos a la cabeza y simulando sorpresa ("¡Anda, pero si resulta que la UE es una entidad anticristiana y de tendencias totalitarias!", "¡Anda, pero si resulta que la democracia cristiana no quiere saber nada y votarla fue perder el tiempo!"). Incluso el Vaticano, cuya estrategia de ayudar a tirar del carro de organizaciones políticas anticristianas supranacionales -se supone que intentando llevar el carro al camino de donde nunca debió salir- ha quedado nuevamente en evidencia, muestra su "estupor y pesar" (afirmación difícilmente creíble en cuanto a lo de "estupor" se refiere).

Los españolitos de a pie, cuya credulidad ante la propaganda incesante que ha mostrado a la Unión Europea como la solución a todos nuestros problemas (problemas que, en su gran mayoría, no existían cuando España no formaba parte de la UE, detalle éste que pasa desapercibido para casi todo el mundo) no conoce límites (ya lo demostraron votando en masa a favor de una constitución europea que no quiso ningún otro país), se preguntan ahora qué ha podido pasar.

Los demócratas de toda la vida tienen una dinámica de pensamiento que, por repetitiva, no deja de llamar la atención:

1- Caen una y otra vez en el optimismo irracional, víctimas de su creencia ciega en soluciones de eficacia no contrastada para problemas que nunca existían antes de aplicarse la solución (primero fue la sacrosanta democracia, luego la sacrosanta UE).

2- Insultan y marginan a los que, mostrando los hechos como incuestionable evidencia, les avisan de lo injustificado de dicho optimismo y de lo erróneo de unas soluciones que, no sólamente no han resuelto nada, sino que han traído problemas antes inexistentes (desempleo, vivienda por las nubes, adoctrinamiento en lugar de educación, aborto, etc.).

3- Con el paso del tiempo, los demócratas de toda la vida insisten en aplicar como solución la causa del problema, haciendo gala de una fe ciega en que, si se echa suficiente gasolina, ésta acabará apagando el fuego por arte de magia (porque así lo asegura la teoría que nosotros nos hemos dado a nosotros mismos).

4- Al final, y como al protagonista del poema de Martin Niemöller (erróneamente atribuido a Bertold Brecht), la democracia y la UE, que primero fueron a por los no-nacidos, luego a por los agricultores y ganaderos, luego a por los pescadores, y luego a por los pequeños y medianos empresarios, acaban yendo a por el demócrata de toda la vida quien, incrédulo, pone la misma cara que un habitante de Pompeya al ver saltar en pedazos el cráter del Vesubio.

5- Para rematarlo, el demócrata de toda la vida, tras sesudos razonamientos, y mientras frunce el ceño como si realizase un esfuerzo intelectual sin parangón, llega a las mismas conclusiones a las que llegaron aquéllos a los que vituperó e insultó durante décadas, tachándolos de "profetas del desastre" y de "catastrofistas", eso sí, presentándolas como si se le acabasen de ocurrir a él.

Así que, si quiere saber qué dirán los demócratas de toda la vida dentro de nada (porque los acontecimientos se están desarrollando a tal velocidad que el lapso entre los pasos 1 y 5 ya no es de años, sino de pocas semanas, y me remito a la manifestación del 17-O como penúltimo ejemplo), como si lo acabasen de descubrir ellos, preste atención a lo que dicen hoy los extremistas y los puristas.

Y no quiero acabar sin un par de reflexiones sobre la sentencia ésta en concreto:

1- Estamos en manos (porque nosotros hemos querido) de unos tramposos sin escrúpulos que, para imponernos sus deseos, aluden a la sagrada voluntad de la mayoría (si coincide con la suya, claro) cuando les viene bien y, cuando no, ignoran la voluntad de la mayoría con la excusa del "respeto a las minorías".

2- Para imponernos (muy democráticamente) su voluntad, emiten sentencias basadas en los sentimientos, no en los derechos. Nadie tiene "derecho a no sentirse ofendido", puesto que sentirse ofendido o no por algo, no depende de que se cumplan o no las leyes, sino de los gustos de cada uno. Leyes y sentencias judiciales basadas en el supuesto derecho de unos a no sentirse ofendidos, convierten a los demás en esclavos, puesto que lo que puedan hacer o no estos últimos, dependerá exclusivamente de la voluntad de los primeros.

3- La reacción de "los cristianos del PP" ha sido, una vez más, convertirse en la cofradía del silencio. Su partido, por otra parte, asegura que acata la sentencia y que, a otra cosa, mariposa. Disfruten de lo votado y de los principios y valores de don Jaime Mayor Oreja que, ni está, ni se le espera (hasta la misa de las familias en Colón, claro). De hecho, Berlusconi está defendiendo los símbolos religiosos con más ahínco que los "cristianos del PP". Con eso está dicho todo.

4- El gran error que supone la defensa del crucifijo en nombre de "la cultura", lo cual no es sino un paso atrás, como bien dice José Antonio Ullate.

Como algunos pocos avisaron antes de las elecciones europeas de Junio (en las que los ahora sorprendidos y escandalizados por la sentencia votaron en masa a los que la acatan sin discusión), avanzamos paso a paso hacia un régimen totalitario (con urnas, eso sí, para anestesiar las conciencias de los que insisten en verlo todo color de rosa, hasta cuando tienen la cabeza metida en el cepo con la guillotina a punto de caer sobre sus cabezas) paneuropeo. Y, como en política las casualidades no existen, el siguiente paso de esta coreografía perfectamente ejecutada y sincronizada será la aprobación en España (con la sentencia del Tribunal de Estrasburgo como aval) de la "ley de libertad religiosa" para prohibir la exhibición pública de símbolos religiosos.

PS: ¿Será Casandra escuchada algún día por los que ahora fingen sorpresa? ¿Creerán todavía que Troya no puede ser saqueada de la noche a la mañana? ¿Se sentirán los nuevos Ayantes tan invulnerables y triunfadores como su antecesor cuando arrastró por el suelo las imágenes de los dioses? ¿Correrán el mismo destino?.

PS2: ¿Cómo era la frasecita de marras? ¡Ah, sí!: "No hay que imponer, sino convencer", y "lo que importa es cambiar los corazones, no las leyes". Entramos al ring con las manos atadas a la espalda y luego nos extrañamos de que nos den hasta en el carnet de identidad.

jueves, 29 de octubre de 2009

Polvos y lodos.

Las noticias de este tipo empiezan a ser aterradoramente rutinarias: En Villalba, nueve menores se han dedicado a meterle mano a una compañera en un autobús escolar que los llevaba a una competición deportiva en la que iban a tomar parte.

La obviedad de que las semillas sembradas por Rubalcaba y compañía hace ahora 20 años (si no recuerdo mal) bajo las siglas LOGSE están empezando a dar sus frutos no debe hacernos olvidar otros detalles.

Por ejemplo, cómo las personas nos acostumbramos, casi sin pestañear, a lo que hace no tanto nos parecía inconcebible (estoy seguro que no faltan textos y citas de ultraderechistas que, en su momento, avisaron de la inevitabilidad de sucesos como éste en el régimen de derechos y libertades que nos hemos dado a nosotros mismos).

Por ejemplo, el detalle de que (suponiendo que la versión sea fiel a los hechos) el conductor se dedicó a seguir con lo suyo haciendo como que no se enteraba de nada (¿quién no ha estado en un autobús sin darse ni cuenta de cómo, a su lado, nueve tíos magreaban a una pasajera? Le pasa a todo el mundo todos los días...). Lo reprobable de la actitud del conductor no puede ocultar la realidad de que, de haber parado el autobús y haber hecho lo necesario para defender a la chica, probablemente estaría ahora en una comisaría esperando una pena de prisión preventiva -para empezar- mientras los abusadores eran presentados como víctimas de su brutalidad (quizás, incluso, defendidos por la chica, de la que probablemente eran amigos).

Por ejemplo, cómo no faltarán los que nos recuerden que la democracia no tiene la culpa. La única razón por la que los que tienen a la democracia liberal como único y supremo dogma (y a cuyo servicio supeditan todo lo demás, hasta la vida de los inocentes) repiten como papagayos (y se creen) la frase de Churchill ("la democracia es el peor de los sistemas de gobierno conocidos, una vez descartados todos los demás") es que, para ellos, la democracia nunca tiene la culpa de nada. De lo que ocurrió en la Unión Soviética la culpa la tuvo el comunismo. De lo ocurrido en la Alemania nazi, el partido nazi. De lo ocurrido en Venezuela, la culpa la tiene Chávez. Pero ¡ay! de lo que ocurre en las democracias liberales la culpa la tienen siempre el empedrado y el maestro armero, ex-aequo. Es, ni más ni menos, que la misma racionalización que utilizan los comunistas ("Es que lo de la URSS no era comunismo de verdad", "Es que lo de Corea del Norte no es comunismo"): "Es que la democracia no es esto".

Por ejemplo, cómo no faltarán los que crean que el perro dejará de morder cuando le cambiemos el collar rojo por otro azul celeste, olvidando que el perro guardián de la educación en la Comunidad de Madrid ya tiene el collar azul celeste.

Por ejemplo, cómo quizás los padres de la chica serán plena y dolorosamente conscientes (ahora que lo han sufrido en las carnes de una hija, que es peor incluso que sufrirlo en las propias), de las enormes mentiras (mejor dicho: de la enorme mentira) entre las que han vivido: que si la Constitución esto, que si la rehabilitación de los delincuentes lo otro, que si el "estado de derecho", que si reprimiendo no se consigue nada, que si lo que hay que hacer es convencer, no imponer, que si "los demócratas no somos como ellos", y, en definitiva, que menos mal que, con la democracia todo es maravilloso (porque lo que no sea maravilloso -es decir, todo- no es culpa de la democracia, al fin y al cabo) porque, antes de la democracia, todo era oscuridad y ni siquiera existían los colores ya que, como todo el mundo sabe, en tiempos de Franco los colores (salvo el negro de las sotanas de los curas, el blanco de la vestimenta papal y el gris de los uniformes de la policía) estaban prohibidos.

Por ejemplo, cómo los padres de la chica (si no se habían dado cuenta antes) se darán cuenta ahora del enorme encanallamiento (quizás inconsciente) de "los demócratas" (o sea, de casi todos sus vecinos, amigos y conocidos), unos seres incapaces de reaccionar ante nada que no les ocurra a ellos (como el protagonista del poema de Martin Niemöller atribuido a Bertold Brecht).

Por ejemplo, cómo tampoco faltarán los que califiquen esto de "hecho aislado" (muchos casos de abuso sexual entre menores son muchos hechos aislados, pero que Josué Estébanez matase a Carlos Palomino es la flagrante demostración de que todos los que digan dudar de la absoluta infalibilidad y perfección indiscutible de la democracia española son criminales en potencia), y los que nos dirán que "no representa a la juventud española" (como todo el mundo sabe, los representantes genuinos de la juventud española son Rafa Nadal, Iker Casillas y el príncipe Felipe el día que acudió a clase en la Autónoma de Madrid).

Y, finalmente, cómo los que idearon las causas que han traído consecuencias seguirán proponiendo las mismas causas como remedio con carita indignada e inocente, como si no supieran lo que están haciendo. Y cómo, cuanto más empeoren las cosas, más nos repetirán lo mejor que va todo.

PS: Después de leer la noticia, se me ha ocurrido ponerme una gorra roja con un corazoncito blanco que la Museresa había dejado por ahí olvidada (de cuando era lo suficientemente pronto como para otorgar el beneficio de la duda a según qué cosas). En seguida se me han empezado a pasar por la cabeza unas ideas rarísimas: Que si en todo abuso sexual hay dos víctimas (bueno, en este, diez víctimas: nueve abusadores y una abusada), que si los nueve abusadores se han visto abocados al abuso sexual, que si la culpa es del estado y de una sociedad insolidaria que no ofrece alternativas al abuso sexual, que si lo que hay que hacer es dar ayudas económicas a los abusadores (y a las asociaciones pertinentes, por supuesto), que si a los abusadores -no a la abusada, ojo- hay que ayudarles a través de la Asociación de Víctimas del Abuso Sexual (para aliviar los sufrimientos provocados por el "síndrome post-abusosexual") y no sé qué más barbaridades. Me la he quitado espantado.
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