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jueves, 21 de octubre de 2010

Cortinas de humo buenistas (VII): "No hay que juzgar"

Lo explicaré muy brevemente, y sólo con una pregunta:

¿Cuánta gente conocen ustedes que, al ser elogiada (o ser elogiados aquéllos a los que esa persona elogia), responde enfadada diciendo "¡No me juzgues!" o "¡No hay que juzgar!"?.

Porque un elogio es un juicio, exactamente igual que una crítica.

Pues eso.

viernes, 17 de septiembre de 2010

El embudo (I).

No creo que sea necesario explicar cómo funciona un embudo: una abertura de superficie amplia por un lado, destinada a recoger todo aquello que caiga en las cercanías (evitando así que alguna gota de líquido se salga del camino que le espera), y una abertura estrecha por otro, cuya función es dirigir todo lo recogido hacia un punto muy concreto del espacio.

A mí me recomendó ver la tertulia nocturna de los días entre semana en el canal Intereconomía una persona relativamente conocida en el entorno provida. Coincidieron las fechas con la emisión, en esta tertulia de un vídeo que seguramente conocen casi todos los lectores de esta bitácora, en el que un joven, haciéndose pasar por médico aspirante a ocupar un puesto de trabajo en un abortorio, entraba en el susodicho antro con una cámara oculta, grabando (que yo recuerde) una entrevista de trabajo de lo más particular (y siniestro) y las imágenes de un feticidio mediante inyección de sales de potasio en plena "sala de máquinas" de aquel barco de la muerte varado en plena capital de España.

Después del vídeo (cuya realización me sorprendió gratamente por la desacostumbradamente directa forma de mostrar la terrible realidad del día a día en España), escuché al presentador y tertulianos del programa hablar largo y tendido sobre la nueva ley del aborto que estaba preparando el gobierno socialista. Pasaban y pasaban los minutos y nadie hacía referencia a lo obvio: que lo mostrado en las impactantes imágenes del vídeo (aun con pixelación incluida) no estaba amparado por esa ley de la que tanto hablaban, sino por otra, vigente en ese momento y defendida a fuego y espada (que es como se mata a los nascituri en España, si lo piensan un instante) por el PP. Por supuesto, tampoco se mencionaba en ningún momento otra obviedad: que las imágenes mostradas en el vídeo habían sido rodadas en la capital de España, sita en una comunidad autónoma (que son las que tienen las competencias en sanidad desde el año 2002, merced a un gobierno también del PP) de cuya presidenta se podrán decir muchas cosas, pero no que milite en el PSOE, precisamente.

Por supuesto, no dejaban de llegar SMS al programa de aterradas almas lamentándose por la indescriptible crueldad del presidente del gobierno y la ministra de Igualdad, a quienes hacían responsables (sin que el gobierno central tuviese las competencias de Sanidad, ni estuviese aún aprobada la tan criticada nueva ley) de las terribles imágenes mostradas por el vídeo.

Algo mosqueado por lo que entendía como un clamoroso silencio selectivo (y quizás, interesado) que ya me resultaba familiar en cualquier medio afín al PP, apagué el televisor.

Pocos días después, me dispuse a ver de nuevo el programa de marras. Y hete aquí, de nuevo, la feliz coincidencia. Entrevista, para ir abriendo boca, a Mariano Rajoy. El presentador (el mismo de siempre) le hace una serie de preguntas sobre la nueva ley del aborto que prepara el gobierno socialista. Mariano Rajoy, como siempre ha hecho, defendió la, por entonces, legislación abortista vigente (la del vídeo mencionado, para que me entiendan) a la que consideraba (lo han adivinado) como "respetuosa con la vida" (con la suya, desde luego).

El presentador, que tan preocupadísimo se había mostrado días atrás por una ley que ni siquiera estaba en vigor, no mostró el más mínimo interés por la legislación vigente, ni señaló la obvia contradicción de considerar "respetuosa con la vida" la ley que permitía lo grabado por el vídeo con cámara oculta. En lugar de eso, le hizo al presidente del PP la pregunta estándar absolutoria (y sin necesidad de penitencia a cumplir) que, como pude comprobar más veces, y con posterioridad, en este mismo programa, se le hace siempre a los políticos de este partido después de haber defendido el aborto libre despenalizado, la experimentación con seres humanos en estado embrionario y el aborto con píldora:

"Bueno, pero usted...está en contra del aborto, ¿verdad?".

Don Mariano, poniendo cara de incredulidad incluso ("Ni a Fernando VII se las ponían así", debió pensar) tardó en rematar a puerta vacía, pero no desaprovechó la ocasión y empujó el balón al fondo de la red:

"Eh...sí, claro, sí. Por supuesto que sí".

Ante semejante entrevista no sólo me quedó claro qué era y para qué estaba Intereconomía, sino que me pareció (los hechos así lo confirmaron) un botón de muestra de las directrices en las que se basaría la campaña contra la ley Aído de los medios y organizaciones satélites del PP.

Poco después sintonicé el programa en cuestión con motivo de las autonómicas en Galicia y las Vascongadas en el 2009. Aparte de las entretenidísimas fotos de ministros y jueces cazando en Sierra Morena (y del barbudo nacionalista gallego en un precioso yate con la bandera de España), recuerdo el programa del viernes previo a las elecciones, en un teatro de Orense (creo recordar) y con el candidato del PP, Alberto Núñez (Feijóo, para los amigos).

El mensaje estaba claro: La, al parecer, promesa de Núñez de permitir a los padres escolarizar a sus hijos en español si así lo deseaban justificaba, por sí sola el voto a este candidato.

Lo que ocurrió después no es necesario mencionarlo. Promesa incumplida (aunque justo es reconocer que él nunca se comprometió a otra cosa que a derogar el decreto hasta entonces vigente, cosa que hizo) y esforzados luchadores por la libertad (léase "Galicia Bilingüe") que, de la noche a la mañana, pasaron a ser (como siempre ocurre en estos casos) "extremistas" (según palabras utilizadas por el propio Alberto Núñez).

¿Y qué hizo Intereconomía? Organizar una edición especial de la tertulia hídricofelina en un teatro (muy apropiado lo del teatro como escenario para este tipo de programas, para qué engañarnos) de Santiago de Compostela (creo), congratulándose de los grandes logros del ahora presidente de Galicia, y con los votantes aplaudiendo encantados al que nunca cumplió la promesa que nunca hizo, y a los periodistas que dieron a entender a todo el mundo que sí la hizo y que, sólo por ello, había que votarle (por cierto, éstos -votantes y periodistas- son los que luego se parten la caja riéndose de Hugo Chávez cuando hace "Aló, presidente").

Mientras tanto, de Gloria Lago, tan ensalzada antes en este programa y esta cadena, nunca más se supo (ya se sabe que, después de metido -el voto en la urna- etc, etc). Lo último que se ha oído de ella en los medios "comprometidos con la libertad" fue una aparición suya en EsRadio, en el programa de Luis del Pino (hace ya unas seis o siete lunas).

Semejante espectáculo de coherencia y fidelidad a unas ideas no hizo, como comprenderán, sino confirmar de nuevo lo que ya había inferido anteriormente.

Y, por ahora, no hemos hecho sino hablar del extremo estrecho del embudo. Algo en lo que Intereconomía no es nada original respecto a otros medios.

Lo que diferencia a Intereconomía de otros grupos mediáticos es el extremo ancho. El más ancho que han visto los medios de comunicación afines al PP en mucho tiempo. Y eso, claro está, tiene su razón de ser, y hablaremos de ello en otra entrada del blog, que ésta ya se ha extendido mucho.


jueves, 16 de septiembre de 2010

Revolution Street (VIII): Cuestión de números.

Piénsenlo un momento.

Si ustedes, sin darse cuenta, han aceptado el sambenito revolucionario de "extremaderecha" y, en consecuencia, ven a la derecha en la misma orilla del río que ustedes y a la izquierda en la otra, piensen un momento en lo siguiente:

- Si el PSOE, en las siguientes elecciones generales sacase "sólo" 130 diputados, la derecha (periodistas, políticos, gentedeapié) se alegraría.

- Si [escriban aquí el nombre de su partido ultraderechista favorito] sacase 1 sólo diputado, la derecha se alarmaría y empezaría a hablar de involución, de "peligro para la democracia" (y eso se supone que es muy malo, ojo).

Por supuesto, pueden cambiar los números para adaptarlos al número de escaños en juego en otras elecciones (municipales, autonómicas y hasta de la comunidad de vecinos, si se terciase).

Pero el caso es que (y ustedes, queridos lectores, lo saben muy bien) es que 1 solo diputado ultraderechista sería considerado por la derecha como una catástrofe mucho mayor que 140 diputados socialistas (suponiendo que esto último fuese, para la derecha, una catástrofe, y no un motivo de celebración).

Incluso les resultaría menos alarmante ver a los comunistas de IU sacar 15 diputados que a los ultraderechistas (los que prefieran ustedes) sacar 1.

Y, si fuesen (como algunos creen) "los nuestros", no tendría sentido que les pareciese más tolerable (y preferible) que los socialistas tengan centena y media de escaños a que los ultraderechistas tengan 1 solo.

Ellos saben perfectamente de quiénes, a la hora de la verdad, se sienten más cercanos y con quiénes comparten su único principio no negociable: que no existen principios que no puedan ser negociados buscando una mayoría o un "consenso". Con la izquierda discuten como discuten entre sí los hermanos: dentro de las paredes de la misma casa donde conviven (independientemente del número de habitaciones que cada cual ocupe en cada momento).

En cambio, con la ultraderecha, se comportan como con el enemigo al que hay que tomarle el pelo: pasada de manita por el lomo ("es más lo que nos une que lo que nos separa", "lo importante es la unidad") y luego, portazo en las narices, y a repartirse la casa con la izquierda.

Ellos lo tienen clarísimo. Y, si los girondinos les llaman "ultraderechistas" es, entre otras cosas, para que crean que sus hermanos no son los jacobinos, sino ustedes.

Cristo y anticristo. Siempre ha sido así. Y siempre lo será.

Urge volver a poner los adoquines encima de la dichosa playa. Que las aguas no dejan de subir y amenazan con ahogarnos a todos.

martes, 14 de septiembre de 2010

O lo uno o lo otro.

Una de estas dos frases tiene que estar equivocada:

"La modernidad es irreversible" (cualquier liberal, cualquier día).

"El cielo y la tierra pasarán. Pero mis palabras no pasarán"
(Mateo 13:31).

Si la primera frase fuese cierta, El que dijo la segunda no habría sido más que un chuleras bravucón que acabó como tenía que acabar. Si la segunda frase es cierta, la primera es, sencillamente, la excusa de alguien que, dejándose llevar por un afán compulsivo de formar parte del grupo más numeroso posible, pasar a engrosar las filas del enemigo en cuanto vienen mal dadas.

lunes, 21 de junio de 2010

Juegos de niños.

Las conversaciones cotidianas han tomado, de pronto, y en un lapso relativamente breve de tiempo, un giro de lo más llamativo. El asunto se venía percibiendo como una especie de ruidito de fondo que, por ser continuo e ininterrumpido, te hace olvidar en qué momento comenzó. Sin embargo (al menos en mi entorno, tanto personal como profesional), la cosa se ha desmadrado desde que el presidente del gobierno anunciase las reducciones de salarios y la congelación de las pensiones.

Cuando era niño, como no había videojuegos, nos dedicábamos a hacer una cosa llamada "jugar" en un lugar llamado "la calle" durante un período de tiempo de duración variable (según el clima, época del año, hora de puesta de sol, etc.) llamado "después de hacer los deberes". Y una de las cosas a las que jugábamos era a imitar o fingir ser los personajes de las series y películas de televisión que más nos gustaban ("¡puños fuera!" y todo eso...).

Desde que José Luis Rodríguez Zapatero es presidente del gobierno, he venido observando que los mayores hacen lo mismo que hacíamos nosotros de niños: imitan lo que ven y oyen por la tele. Lo han hecho desde siempre, probablemente, pero creo que estos últimos años con mayor intensidad. Antes de que Zapatero fuese candidato a la presidencia del gobierno, no había escuchado a nadie utilizar la palabra "talante". Tampoco recuerdo que casi nadie utilizase la palabra "consenso" antes de que el leonés nacido en Valladolid (¿es que los de Bilbao van a ser los únicos que nacen donde les da la gana?) durmiese en el Palacio de la Moncloa. De pronto, en mi trabajo se dejó de hablar de cosas como "solucionar problemas" (que es una americanada imperialista y estresante) para hablar de "consensuar líneas de actuación" o "alcanzar acuerdos" -por ejemplo-, que suena mucho más socialdemócrata y europeísta. Lo importante ya no era arreglar nada, sino que todos hiciésemos lo mismo -como buenos borregos postmodernos- para que así nadie tuviese que asumir responsabilidad alguna si las cosas se torcían.

Con esa especie de colección de consignas llamada "progresismo" (a la que algunos supuestos críticos hacen el gran favor de elevar de categoría al presentarla como una ideología) ha ocurrido lo mismo también: igual que, para creernos más de lo que éramos o evadirnos momentáneamente de la realidad que nos rodeaba, de niños jugábamos a ser enormes robots o indios a caballo y hablábamos y nos comportábamos como los personajes imaginarios que queríamos ser, los mayores han estado jugando, durante las últimas décadas, a ser "modernos" y "guays" y a "no estar anclados en el pasado" imitando a los bufones que salían por la tele con gesto solemne y cara de saber mucho (bueno, ahora la cara de saber mucho ya ni siquiera es imprescindible).

¿Por qué les cuento todo esto? Pues porque, de pronto, en cuanto a la gente le han tocado el bolsillo más de lo habitual (primero con la depreciación de su inmueble y luego con la reducción de su salario y la incertidumbre de llegar a cobrar pensión alguna, si es que alguna vez llegan a jubilarse) su vocabulario ha cambiado. Casi me llevo más de un pequeño soponcio al escuchar a incondicionales de la jerga del "united progres of benetton" ("magrebíes, blablablaba, subsaharianos, blablablabla, latinoamericanos, blablabla") hablar (y con gesto arisco y cabreado) de "moros, negros y sudacas". De los gitanos (hasta hace dos días, "romaníes" para alguno), ni les cuento. Y de los "gueis" u "homosexuales" para qué vamos a hablar: "maricones" y a tomar por el gerundio, que ya está bien de tonterías.

Las consignas y la jerga progredemocrática han sido, además, el equivalente, en el plano del todo a cien intelectual, a los créditos bancarios. Si estos últimos han permitido a gente que no tenía dinero vivir como si lo tuviesen y aparentar ser lo que nunca fueron, la jerga y las consignas progres han sido lo que ha servido a millones de personas que no eran más que analfabetos funcionales intentar disfrazarse de intelectual y de sabio (o así lo creían ellos). El "pida un crédito y será rico" ha encontrado su homónimo en "habla así, y repite estas frases, aunque no tengas ni idea de lo que significan o te parezcan absurdas -porque lo son-, y serás culto e inteligente" (libros de Saramago o Benedetti bajo el brazo opcionales).

Si de niños creíamos que imitando los ademanes de nuestros admirados y televisivos héroes (alguno llegó demasiado lejos, por lo que contaron en las noticias, e intentó zamparse un ratón, tal y como había visto hacer en una serie de extraterrestres reptilianos) adquiriríamos sus cualidades, los mayores creyeron que, repitiendo las tontunas y bobadas de políticos y famosetes se volverían más guapos, más ricos y más listos; en su subconsciente evitarían así, además, ser como los penosos personajes acosarrubias de las películas de Landa y Ozores y se transformarían en altos, gallardos y apolíneos ejemplares de homo economicus championsligae, tal y como esos bronceados escandinavos a los que tanto envidiaban.

Y, claro, ahora que ven que eso no funciona, reniegan de todos los dogmas de la difusa y confusa pseudorreligión pagana que adoptaron como máscara de modernidad y cosmopolitismo ante los vecinos, amigos y compañeros de trabajo (pseudorreligión que nunca ha consistido en otra cosa que en sostener, en casi todo, la opinión contraria a la que era mayoritaria cuando nuestros abuelos eran jóvenes; es decir: lo opuesto a lo que dicta el sentido común).

Porque, además, se empiezan a dar cuenta de que, durante estos últimos 35 años, mientras ellos jugaban en la calle (y sin tener que hacer deberes después de clase, porque en este juego sólo tenían derechos) a ser modernos, uropeos, demócratas, concienciados y solidarios, los carteristas que les enseñaron el juego para tenerlos distraídos, les han estado vaciando los bolsillos.

domingo, 10 de enero de 2010

Gustavo Bueno y la mentalidad revolucionaria (Actualizado)

Hace poco fue Dalmacio Negro. Ahora es el profesor Gustavo Bueno quien, en esta entrevista, habla, no sólo sobre el totalitarismo de la democracia liberal, sino sobre el fanatismo de los que, a pesar de los hechos, consideran incuestionables ciertos dogmas por el simple hecho de oírlos en la tele todos los días (basta con leer algunos comentarios para ver cómo se escandalizan algunos al leer que hay gente que cuestiona la democracia liberal; y para más inri, un señor con canas pretende hacernos creer que sabe más que nosotros, los jóvenes. ¡Qué se habrá creído ese facha!).

Especialmente útil es su aguda descripción del mecanismo de autoengaño de los demócratas (exactamente idéntico al de los comunistas): Si en una democracia (liberal) ocurre algo bueno, es gracias a la democracia. Pero si ocurre algo malo, la democracia nunca tiene la culpa (y, además, si ocurre algo malo, es que eso no era democracia, o la democracia no se ha aplicado correctamente). En cambio, si en cualquier otro tipo de régimen político ocurre algo bueno, es una casualidad (o que alguien aplicó el liberalismo/comunismo sin caer en la cuenta), pero si ocurre algo malo, es la prueba fehaciente de que ese régimen político es malvado, perverso y corrupto per se.

Ahora queda comprobar si, después de aplaudir a estos señores y agradecerles que nos ilustren, actuaremos en consecuencia o nos diremos que "nos estamos jugando mucho y hay que votar lo de siempre, aunque sea a dos manos".

Gustavo Bueno es un ejemplo más de cómo la revolución, invariablemente, acaba yendo más allá de lo que sus hijos planearon (y, en cuanto puede, los devora, además). Es la consecuencia impepinable de la mentalidad revolucionaria y compulsivamente innovadora; y pasa tanto en los partidos políticos democráticos como en las bandas terroristas: detrás de los veteranos, surge otra generación más ansiosa aún por aplicar las enseñanzas de los maestros (ser centrista/ser progresista/apretar el gatillo - táchese lo que no proceda) y más papista que el papa. Los cachorros, inevitablemente, acaban acusando a los tigres ya ancianos de "ablandarse" y "aburguesarse", mientras éstos se lamentan en plan Ortega y Gasset: "No era eso, no era eso".

Los mentores ( llámense Aznar, González o Julen Madariaga) acaban observando impotentes cómo sus pupilos -que, en cuanto les destronan, no les hacen ni caso- se vuelven aún más centristas/progres/etarras (táchese de nuevo lo que no proceda) de lo que ellos nunca pensaron ser. Y es que la vida, al revolucionario veterano, se las devuelve tarde, pero se las devuelve todas juntas: "¿No querías caldo (centrorreformismo/progresismo/"lucha armada")? Pues toma dos tazas".

PS: Estando las cosas como están, quiero aclarar que el paralelismo es : Aznar-centrismo; González-progresismo y Madariaga- etarras. Qué le vamos a hacer: no me fío de la LOGSE (y de las libertades modernas y de la democracia liberal, aún menos).

Actualización: No puedo dejar de recordar que todo lo que dice el profesor Bueno, ya lo llevan diciendo otros desde hace más de 35 años. Aunque él habla a toro pasado, no deja de tener su mérito que se atreva a señalar que el rey va desnudo.

Robolución versus Feudalismo.

Volviendo al decreto de Diciembre de 1792 de la Convención Nacional francesa mencionado en esta entrada del blog, me surge una pregunta (y a lo mejor me estoy columpiando de mala manera, o lo que me pasa es que tardo mucho en conciliar el sueño cuando me acuesto).

El decreto (recordemos) rezaba (¡perdón!: "anunciaba") lo siguiente:

"Se necesita...que sea proclamada...la soberanía del pueblo, la abolición de la feudalidad, el diezmo y todos los abusos..."

Y uno se pregunta: ¿Pagar un 10% de IRPF -¿eso es un diezmo, no?- estaba considerado, hace 220 años, como un abuso intolerable?.

No soy historiador, y probablemente haya muchas cosas que desconozco (y quizás algún amable lector pueda, o quiera, puntualizar estas reflexiones), pero ¿cuántos españoles no estarían encantados de pagar -entre IRPF, tasas municipales, impuestos indirectos y demás- un 10% de su sueldo anual al estado?.

¿Y se supone que eran ellos los que estaban oprimidísimos y nosotros los que cada día tenemos "más derechos y libertades"? Pues ellos trabajaban menos de mes y medio al año para el "estado". Y nosotros, entre tres y seis meses.

¿Dónde hay que firmar para que te opriman como a un siervo de la gleba?.

Me lo decía un compañero del trabajo (el habitual), mientras arreglábamos España y el mundo por enésima vez: "¿Sabes qué te digo: ¡que viva la Edad Media!".

Y no sólo por los impuestos. ¿Cuántos de los rectores, decanos y catedráticos de las universidades públicas españolas habrían sido admitidos como estudiantes en Bolonia, Salamanca, o la Sorbona durante "la edad oscura"? El actual ministro de Educación del reino de España (que se licenció en Filosofía y Letras con sólo 31 años) hubiese sido echado a patadas ipso facto por San Alberto Magno de su clase en París o Colonia en cuanto hubiese abierto la boca para hacer una pregunta (por ejemplo: "Necesitaría un buen rato para definir qué es un ser humano" -una afirmación absurda que, en el caso del ministro, es comprensible si se tiene en cuenta que hay espejos en su casa).

Cada vez entiendo más que nos bombardeen con propaganda las 24 horas del día, y que estén tan empeñados en poder cerrar cualquier página de internet con cualquier excusa. La única forma de conseguir que nos consideremos afortunados de trabajar para ellos es encerrarnos en una burbuja de percepción controlada.

PS: Por supuesto, estoy encantado de que existan la vacuna contra la rabia, los antibióticos, los quirófanos, los aviones y otros inventos (inventos que, además, siempre han tenido lugar, no gracias a los políticos, sino muchas veces a pesar de ellos). Lo que es absurdo es que te intenten obligar a asumir que el progreso tecnológico, automáticamente, supone progreso o mejora en otros ámbitos. Además, a la vista está que el uso de la tecnología sólo les interesa en la medida en que les permite controlarnos mejor y más de cerca.

miércoles, 6 de enero de 2010

¡Viva la Robolusión , compay!

Decreto de la Convención Nacional francesa, del 15 de Diciembre de 1792:

"Se necesita que donde quiera que entraren nuestros generales sea proclamada la soberanía del pueblo, la abolición de la feudalidad, de los diezmos y de todos los abusos.....que al instante, los bienes de nuestros enemigos, vale decir los bienes de los nobles, de los clérigos, de las comunidades legas o religiosas, de las iglesias, sean secuestrados....todo pueblo que no quiera lo que aquí proponemos será nuestro enemigo, y como tal merecerá que lo tratemos".

Hemos abolido todos los abusos. Eso sí, al que no piense como nosotros, le quitaremos todo lo que tiene. Y es que los revolucionarios no podemos cometer abusos, porque, entre otras cosas, si lo cometemos nosotros, ya no es un abuso, sino una expresión de la "soberanía del pueblo".

Y esto me recuerda que en España no se va a legalizar el aborto, porque, entre otras cosas, si es legal, ya no es un aborto.

Pues con esta forma tan curiosa de expresarse, los Monty Python y los Luthiers han hecho (y siguen haciendo) reír a un montón de gente.

jueves, 26 de noviembre de 2009

Bienvenidos a Suecia (pero sin suecas).

El pasado 24 de Noviembre, el Parlamento Europeo, aprobó, por abrumadora mayoría (510 votos a favor y sólo 40 en contra), una moción que permite (exige, más bien) a los países miembros de la UE modificar su legislación para poder desconectar internet a los usuarios sin necesidad de autorización judicial. La excusa del Parlamento Europeo para autorizar a los gobiernos de la UE a impedir el acceso a internet a quienes les dé la real gana ha sido, como siempre, la "protección de derechos" (en este caso, los ya notorios "derechos de autor").

Inicialmente, la mayoría de los europarlamentarios se habían resistido a tal medida. Sin embargo, la adición de una coletilla que permite al usuario desconectado recurrir judicialmente (¡sólo faltaría!) ha conseguido que muchos cambien su "opinión" al respecto.

En la práctica y, si no me equivoco, esto supone, de facto, la autorización para que nuestro gobierno le pinche (se supone que no lo está haciendo ya, claro) la línea de internet a todo el mundo, ya que es necesario (repito, si no me equivoco) para poder hacer cumplir esta ley (si no tienen pinchada las líneas de absolutamente todo quisqui, ¿cómo saben quién se descarga material protegido por derechos de autor?).

De hecho, esto no sería sino la legalización de algo que quizás se esté haciendo al margen de la ley (como en el caso del aborto, se recurre a la misma estrategia progre de siempre: la solución al fraude de ley -pinchazos ilegales de líneas telefónicas o de internet por parte de los gobiernos- es la legalización del fraude).

En la práctica, esto permitirá, como ya hemos dicho, a los gobiernos, retirarle la conexión a internet a quienes les dé la gana y cuando les dé la gana, sin necesidad de autorización previa. Y al que no le guste y no haya hecho nada, que se gaste la pasta en abogados y recurra ante un tribunal (un tribunal presidido por un juez quien, entre otras cosas, también tendrá conexión de internet en casa y al que tampoco le gustaría pasar por el amargo trance de la desconexión porque sí).

Por supuesto, dejo a la sagacidad de los lectores de este blog la respuesta a la pregunta de si se desconectará de internet a los señores diputados del partido, o al sobrino de tal o cual cargo político, o al presidente de las juventudes del partido, aunque se estén descargando todos los discos editados por la Motown y la Deutsche Gramophon juntos (suponiendo que gustos tan dispares se den en la misma persona, claro).

Porque lo peligroso de que los gobiernos puedan limitar nuestros derechos sin necesidad de autorizaciones judiciales es que pueden aplicar arbitrariamente la ley y sólo a quienes quieran, sin necesidad de dar explicaciones a nadie. Los gobiernos, así, adquieren la capacidad legal de presionar a quienes consideren necesario y permitir el fraude de ley en los casos en los que les apetezca (a nadie se le escapa que esto esté ocurriendo ya, pero no ocurre dentro del ámbito legal).

En Suecia, patria de ese icono roussoniano llamado Pippi Langströmpe (Calzaslargas, para los españolitos que crecieron devorando bocadillos de nocilla de dos sabores, en los tiempos en los que las marionetas que salían por la tarde en la tele se llamaban Epi o Blas -ahora se llaman "Jorge Javier" o "Karmele"), país cuyo régimen político (la "socialdemocracia") intentan exportar a todo el mundo occidental, y que siempre se ha presentado como modelo a imitar por parte de todas las democracias europeas, el gobierno puede, por ejemplo, retirarte la custodia de tus hijos (basta la firma del trabajador social en cuestión) o expropiarte absolutamente todos tus bienes sin necesidad de autorización judicial. Por supuesto, hay libertad de expresión: Si Olof, Lars o Ingrid quieren (y les apetece vivir entre cartones en la calle y perder de vista a sus hijos para toda la vida) pueden criticar la socialdemocracia sueca cuando les dé la gana.

El periodista inglés Roland Huntford, que pasó más de veinte años de corresponsal en Estocolmo, escribió en 1972 un terrorífico libro llamado "The New Totalitarians" sobre la socialdemocracia sueca, sistema político que calificaba como "la dictadura perfecta" ("El Mundo Feliz de Aldous Huxley existe y se llama Suecia", dice la primera frase del prólogo). El partido socialdemócrata sueco llevaba más de 40 años ininterrumpidos en el poder, por entonces (sólo superado por el Partido Comunista de la Unión Soviética en tan longevo honor). Aprovéchense y descárguenlo mientras puedan.

Así que ya saben lo que se nos viene encima: el modelo sueco (el gobierno haciendo lo que le da la gana sin necesidad de autorización judicial; o sea, la legalización de la aplicación arbitraria de las leyes). Por ahora nos pincharán internet y ya veremos luego.

Y de "república independiente de mi casa", nada de nada, que las intenciones del Gran Hermano son justo lo contrario.

PS: Dejo también a la sagacidad de los lectores de este blog la respuesta a la pregunta sobre qué votó el partido que ganó las pasadas elecciones europeas en España y que, en el Parlamento Europeo en 2008, votó lo mismo que el PSOE sólo un 97'5% de las veces. También dejo a la sagacidad de los lectores qué actitud tomará este partido cuando el gobierno del PSOE amolde la legislación española a la ley aprobada por el Parlamento Europeo bajo la iniciativa de su vicepresidente, Aleix Vidal-Quadras; no me extrañaría que tuviesen el morro de (como han hecho con el derecho al aborto) votar lo contrario que en Bruselas y acusar de totalitario al gobierno del PSOE, que simplemente hará (con todo el placer del mundo) lo que los europarlamentarios del PP (¡uy! se me ha escapado...), entre otros, le han ordenado que haga.
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