El decreto (recordemos) rezaba (¡perdón!: "anunciaba") lo siguiente:
"Se necesita...que sea proclamada...la soberanía del pueblo, la abolición de la feudalidad, el diezmo y todos los abusos..."
Y uno se pregunta: ¿Pagar un 10% de IRPF -¿eso es un diezmo, no?- estaba considerado, hace 220 años, como un abuso intolerable?.
No soy historiador, y probablemente haya muchas cosas que desconozco (y quizás algún amable lector pueda, o quiera, puntualizar estas reflexiones), pero ¿cuántos españoles no estarían encantados de pagar -entre IRPF, tasas municipales, impuestos indirectos y demás- un 10% de su sueldo anual al estado?.

¿Y se supone que eran ellos los que estaban oprimidísimos y nosotros los que cada día tenemos "más derechos y libertades"? Pues ellos trabajaban menos de mes y medio al año para el "estado". Y nosotros, entre tres y seis meses.
¿Dónde hay que firmar para que te opriman como a un siervo de la gleba?.
Me lo decía un compañero del trabajo (el habitual), mientras arreglábamos España y el mundo por enésima vez: "¿Sabes qué te digo: ¡que viva la Edad Media!".
Y no sólo por los impuestos. ¿Cuántos de los rectores, decanos y catedráticos de las universidades públicas españolas habrían sido admitidos como estudiantes en Bolonia, Salamanca, o la Sorbona durante "la edad oscura"? El actual ministro de Educación del reino de España (que se licenció en Filosofía y Letras con sólo 31 años) hubiese sido echado a patadas ipso facto por San Alberto Magno de su clase en París o Colonia en cuanto hubiese abierto la boca para hacer una pregunta (por ejemplo: "Necesitaría un buen rato para definir qué es un ser humano" -una afirmación absurda que, en el caso del ministro, es comprensible si se tiene en cuenta que hay espejos en su casa).
Cada vez entiendo más que nos bombardeen con propaganda las 24 horas del día, y que estén tan empeñados en poder cerrar cualquier página de internet con cualquier excusa. La única forma de conseguir que nos consideremos afortunados de trabajar para ellos es encerrarnos en una burbuja de percepción controlada.
PS: Por supuesto, estoy encantado de que existan la vacuna contra la rabia, los antibióticos, los quirófanos, los aviones y otros inventos (inventos que, además, siempre han tenido lugar, no gracias a los políticos, sino muchas veces a pesar de ellos). Lo que es absurdo es que te intenten obligar a asumir que el progreso tecnológico, automáticamente, supone progreso o mejora en otros ámbitos. Además, a la vista está que el uso de la tecnología sólo les interesa en la medida en que les permite controlarnos mejor y más de cerca.