martes, 21 de diciembre de 2010

Josemari, el de los milagros.

He de reconocer que cada vez llevo peor las apariciones públicas de Botellín (también conocido como "el suegro de Alejandro Agag"). No sólo porque, como tantos otros políticos, ofrece como receta hacer justo lo contrario de lo que él hizo cuando era presidente (ejemplo: "No negociar nunca con nacionalistas", "No negociar nunca con ETA"), sino porque, además, tiene la desfachatez de hacerse el sorprendido (iba a decir "hacerse el idiota", pero los hay -como él- que no necesitan fingir tal condición) ante el incendio de Roma, provocado por él mismo para que hiciese de espectacular telón de fondo a sus gorgoritos ("España va bien").

El hombre que compite con la ex-vicepresidenta del gobierno (por caridad cristiana, les ahorro el afoto de doña María Teresa en bikini) por las abdominales más definidas (a la par que arrugadas) entre nuestra mal llamada "clase política" (ni tienen la una ni les interesa la otra) dijo, hace pocos días, que no se explicaba cómo España había pasado del "milagro económico" a la "crisis económica".

Semejante muestra de caradura se merece una serie de epítetos irreproducibles en un blog en el que figura una imagen del venerado Cristo de Lepanto, pero, aunque sea poniéndose las mangas verdes, también se merece que, como ocurre con los dementes, le sigamos el rollo y hagamos como que le creemos cuando finge ignorancia, procediendo así a una sencilla explicación.

Sí, queridos lectores, la explicación es sencillísima. Como bien decía Orisson, en nuestra democracia, cuando te presentan algo como clarísimo e inapelable, es porque suele haber gato encerrado. Pero también ocurre lo contrario: cuando algo te lo pintan complicado, ambiguo, multifactorial, extraño y enrevesado, es porque la explicación, en realidad, es otra, es de cajón y la entiende cualquiera (pero no quieren que la sepas, la conozcas, o caigas en la cuenta). Y eso ha ocurrido con lo que llaman "crisis económica" (que nunca iba a ocurrir, pero que, si ocurría, iba a acabarse hace más de dos años).

Para ilustrar lo que José María Aznar (y su entusiasta masa de seguidores incondicionales) llama "milagro económico", recurriremos a la siguiente conversación, ficticia, pero verosímil, y repetida (con ligeras variaciones) todos los días, por toda España, durante algunos años. Las protagonistas son Marijuani, Mariloli y Maripepi, cajeras de una conocida cadena de supermercados en las que las bolsas de la compra son optativas y se las paga el cliente, y cuyo sueño es ser mileuristas (en el momento de la conversación, su sueldo -mayor que el actual, seguramente- es de tres dígitos):

[Aclaración: Por interés pedagógico hemos traducido la conversación del español del Siglo XXI al cristiano]

Marijuani: Oye, ¿sabéis que ya soy rica?. ¡Ayer firmé un papel y ahora le debo 200.000 euros a Emilio Botín!

Mariloli:
¡Ay, chica, enhorabuena! ¡Pero chincha y rabia, que yo soy más rica que tú! ¡Yo le debo 250.000 euros a Francisco González!.

Maripepi: ¡Pues chinchaos y rabiad las dos! ¡Que yo soy más rica aún, que yo le debo 300.000 euros a Hernández Moltó!.

Por supuesto, la auténtica conversación incluía un código especial de comunicación, típico del "milagro económico español". Nuestras queridas milagras económicas (por ejemplo) no decían "Le debo a un banco más dinero del que probablemente ganaré en toda mi vida", ni tampoco "Mi sueldo, ahora, le pertenece al banco Talycual", sino que decían "Me he comprado un piso (más caro que el tuyo)".

Pero, sobre todo, el detalle más importante del "milagro" es que los españoles se creían ricos, no porque tuviesen mucho dinero, sino porque gastaban mucho dinero. Dinero que les había prestado un banco español, el cual, a su vez, se lo había pedido prestado a un banco alemán o francés (mayormente, como dirían Marijuani, Mariloli y Maripepi).

O, dicho de otra manera, "Milagro económico" era "los españoles gastándose los ahorros de los franceses y los alemanes". Y "Crisis económica" es "los españoles obligados a devolver el dinero que se gastaron" (más intereses).

Así que, ya me dirán ustedes dónde está el misterio insondable en todo esto, que no es más que el resultado de ciertas operaciones matemáticas (sencillas reglas de tres, casi todas).

En mi familia (como en casi todas) hay algún ejemplo (muy cercano a quien esto escribe) de esta costumbre de gastarse dinero (el que se tiene y el que se pide prestado) a manos llenas, pero no le llamamos "nuestro milagro económico", sino "el manirroto de la familia". Y, cuando se queda sin un duro (algo que parece, por desgracia, inevitable, cada cierto tiempo), no le decimos "Es que estás en crisis, que ya sabes que la economía es cíclica", sino que decimos "¿Acaso no sabías que el dinero prestado hay que devolverlo?".

Igual que en muchas otras familias, imagino.

Por supuesto. No hay palo mayor lo suficientemente alto como para colgar (de los pulgares o de donde ustedes quieran) como se merecen a los que convencieron a las Marijuanis, Marilolis y Maripepis despaña (y a sus maromos, y a los españoles en general) de que "deber mucho dinero" es lo mismo que "tener mucho dinero" y que, "cuanto más dinero debes, más rico eres", tal y como repetía el entonces ministro de economía, Pedro Solbes (que sé que suena absurdo, pero ha sido, y sigue siendo en gran medida, la lógica imperante en la mente de muchos españoles durante esta última década).

Y también es cierto que, al igual que nunca falta un José Mari dispuesto a cavar un hoyo, tampoco falta un José Luis dispuesto a salir del mismo cavando más hondo. Pero escuchar al mismísimo sepulturero diciendo no entender cómo es posible que el cadáver, ahora, yazca bajo dos metros de tierra, le hace a uno desearle, no una muerte lenta y dolorosa (que hasta parece poco castigo), sino que Leyre Pajín le dé muchos nietos.

4 comentarios:

Orisson dijo...

Lo de la Pajín me ha llegado al alma, macho: no se puede ser tan cruel.

Y gracias por la mención.

Un saludo

Gonzalo dijo...

Jo, yo iba a dejarte un simple "¡Bravo!", pero la mención a la Pajín me ha dejado el cuerpo cortado...

Museros dijo...

Hombre, los nietos siempre son una alegría, pero habría que ver la cara de Jose Mari y Ana si uno de sus hijos les trajese a casa semejante...nuera.

Orisson dijo...

Bueno, al menos serían consuegrastardos de Felipe González...

Un saludo