viernes, 24 de diciembre de 2010

jueves, 23 de diciembre de 2010

Nihil novum sub sole (VII)


"El rico domina al pobre, y el deudor se convierte en esclavo del acreedor".


Proverbios, 22:7

"No seas de los que estrechan la mano, de los que salen fiadores por una deuda; si no tienes con qué pagar, te quitarán el lecho donde te acuestas".

Proverbios 22: 26-27.

Les invito a que conozcan a la primera mujer que accede al cargo de presidente del gobiernodespaña: Angela Merkel (¿no querías paridad y cuotas, José Luis? Pues, hala, ahí las tienes...).

Como ven, ya han echado a Zapatero (aunque ha sido la UE, junto -imagino- con otras personas de ésas que, de importantes que son, nunca salen en las noticias). No obstante, le seguirán llamando "el presidente del gobierno", para que las masas de adictos a la telebasura (autodenominados gatoadictos) tengan con qué entretenerse y con quién desahogar su enfado antes de irse a dormir. Que, además, para salvar al sistema, es impepiñable condenar a un pringado como Culpable de Todo (y te ha tocado, José Luis).

Eso sí: ahora que ya han echado a Zapatero, ya no tienen excusa para votar al PP, amigos. Ya ni siquiera pueden disfrazar su desnuda y despendolada incoherencia con el ropaje de la urgente necesidad. Ahora que la capital de España es Berlín, da exactamente igual el número de diputados y senadores que tenga un partido u otro, créanme...

Así que déjense de monsergas y de ensayar gestos y caritas de inocencia, que, si votan al PP, es sencillamente, porque les mola y les da la gana. No por ser malminoristas, sino, simplemente, porque son peperos, y ya está.

PS: Y no se me quejen tanto, hombre, que por lo menos nos dejaron ganar el mundial de fútbol.

martes, 21 de diciembre de 2010

Josemari, el de los milagros.

He de reconocer que cada vez llevo peor las apariciones públicas de Botellín (también conocido como "el suegro de Alejandro Agag"). No sólo porque, como tantos otros políticos, ofrece como receta hacer justo lo contrario de lo que él hizo cuando era presidente (ejemplo: "No negociar nunca con nacionalistas", "No negociar nunca con ETA"), sino porque, además, tiene la desfachatez de hacerse el sorprendido (iba a decir "hacerse el idiota", pero los hay -como él- que no necesitan fingir tal condición) ante el incendio de Roma, provocado por él mismo para que hiciese de espectacular telón de fondo a sus gorgoritos ("España va bien").

El hombre que compite con la ex-vicepresidenta del gobierno (por caridad cristiana, les ahorro el afoto de doña María Teresa en bikini) por las abdominales más definidas (a la par que arrugadas) entre nuestra mal llamada "clase política" (ni tienen la una ni les interesa la otra) dijo, hace pocos días, que no se explicaba cómo España había pasado del "milagro económico" a la "crisis económica".

Semejante muestra de caradura se merece una serie de epítetos irreproducibles en un blog en el que figura una imagen del venerado Cristo de Lepanto, pero, aunque sea poniéndose las mangas verdes, también se merece que, como ocurre con los dementes, le sigamos el rollo y hagamos como que le creemos cuando finge ignorancia, procediendo así a una sencilla explicación.

Sí, queridos lectores, la explicación es sencillísima. Como bien decía Orisson, en nuestra democracia, cuando te presentan algo como clarísimo e inapelable, es porque suele haber gato encerrado. Pero también ocurre lo contrario: cuando algo te lo pintan complicado, ambiguo, multifactorial, extraño y enrevesado, es porque la explicación, en realidad, es otra, es de cajón y la entiende cualquiera (pero no quieren que la sepas, la conozcas, o caigas en la cuenta). Y eso ha ocurrido con lo que llaman "crisis económica" (que nunca iba a ocurrir, pero que, si ocurría, iba a acabarse hace más de dos años).

Para ilustrar lo que José María Aznar (y su entusiasta masa de seguidores incondicionales) llama "milagro económico", recurriremos a la siguiente conversación, ficticia, pero verosímil, y repetida (con ligeras variaciones) todos los días, por toda España, durante algunos años. Las protagonistas son Marijuani, Mariloli y Maripepi, cajeras de una conocida cadena de supermercados en las que las bolsas de la compra son optativas y se las paga el cliente, y cuyo sueño es ser mileuristas (en el momento de la conversación, su sueldo -mayor que el actual, seguramente- es de tres dígitos):

[Aclaración: Por interés pedagógico hemos traducido la conversación del español del Siglo XXI al cristiano]

Marijuani: Oye, ¿sabéis que ya soy rica?. ¡Ayer firmé un papel y ahora le debo 200.000 euros a Emilio Botín!

Mariloli:
¡Ay, chica, enhorabuena! ¡Pero chincha y rabia, que yo soy más rica que tú! ¡Yo le debo 250.000 euros a Francisco González!.

Maripepi: ¡Pues chinchaos y rabiad las dos! ¡Que yo soy más rica aún, que yo le debo 300.000 euros a Hernández Moltó!.

Por supuesto, la auténtica conversación incluía un código especial de comunicación, típico del "milagro económico español". Nuestras queridas milagras económicas (por ejemplo) no decían "Le debo a un banco más dinero del que probablemente ganaré en toda mi vida", ni tampoco "Mi sueldo, ahora, le pertenece al banco Talycual", sino que decían "Me he comprado un piso (más caro que el tuyo)".

Pero, sobre todo, el detalle más importante del "milagro" es que los españoles se creían ricos, no porque tuviesen mucho dinero, sino porque gastaban mucho dinero. Dinero que les había prestado un banco español, el cual, a su vez, se lo había pedido prestado a un banco alemán o francés (mayormente, como dirían Marijuani, Mariloli y Maripepi).

O, dicho de otra manera, "Milagro económico" era "los españoles gastándose los ahorros de los franceses y los alemanes". Y "Crisis económica" es "los españoles obligados a devolver el dinero que se gastaron" (más intereses).

Así que, ya me dirán ustedes dónde está el misterio insondable en todo esto, que no es más que el resultado de ciertas operaciones matemáticas (sencillas reglas de tres, casi todas).

En mi familia (como en casi todas) hay algún ejemplo (muy cercano a quien esto escribe) de esta costumbre de gastarse dinero (el que se tiene y el que se pide prestado) a manos llenas, pero no le llamamos "nuestro milagro económico", sino "el manirroto de la familia". Y, cuando se queda sin un duro (algo que parece, por desgracia, inevitable, cada cierto tiempo), no le decimos "Es que estás en crisis, que ya sabes que la economía es cíclica", sino que decimos "¿Acaso no sabías que el dinero prestado hay que devolverlo?".

Igual que en muchas otras familias, imagino.

Por supuesto. No hay palo mayor lo suficientemente alto como para colgar (de los pulgares o de donde ustedes quieran) como se merecen a los que convencieron a las Marijuanis, Marilolis y Maripepis despaña (y a sus maromos, y a los españoles en general) de que "deber mucho dinero" es lo mismo que "tener mucho dinero" y que, "cuanto más dinero debes, más rico eres", tal y como repetía el entonces ministro de economía, Pedro Solbes (que sé que suena absurdo, pero ha sido, y sigue siendo en gran medida, la lógica imperante en la mente de muchos españoles durante esta última década).

Y también es cierto que, al igual que nunca falta un José Mari dispuesto a cavar un hoyo, tampoco falta un José Luis dispuesto a salir del mismo cavando más hondo. Pero escuchar al mismísimo sepulturero diciendo no entender cómo es posible que el cadáver, ahora, yazca bajo dos metros de tierra, le hace a uno desearle, no una muerte lenta y dolorosa (que hasta parece poco castigo), sino que Leyre Pajín le dé muchos nietos.

sábado, 11 de diciembre de 2010

Rey del miocardio.

Hoy he vuelto a escuchar (leer, en concreto) la frasecita de marras, y con doble de queso y cebolla, por si fuera poco.

La frase suele ser algo así, referida al Reinado Social de Cristo: "Dios reina, sí, pero en nuestros corazones".

Pues hoy, por facebook, me he dado de bruces con la que debe ser la versión cañera de la misma:

"Dios debe vivir en los corazones de los hombres".

Y es que, ya lo ven: nos hemos quedado con el Universo ( porqueyolovalgo, como todo lo demás), pero, en nuestra magnanimidad, le hemos concedido a Dios el honor de permitirle "reinar" en nuestro miocardio, cual Pepito Grillo atrapado en la corriente sanguínea. Para que luego se queje, oiga. Sólo faltaría que, después de nuestro generosísimo gesto, nos mandase un apocalipsis de ésos tan chungos como los que salen en las películas que hablan de profecías mayas a punto de cumplirse.

De hecho, nótese cómo, para que Dios no tenga que molestarse ni siquiera en darle vueltas a la cabeza, ya le decimos y todo dónde debe vivir: un pelín escorado a la izquierda -para variar-, entre nuestras venas cavas y nuestra arteria aorta (y ni se le ocurra vivir en cualquier otra parte, que ya se sabe que, El que se mueve, no sale en la foto constitucional).

Así, pues, cambiaremos, la letra del himno de alabanza, y cantaremos todos "...llenos están las aurículas y los ventrículos -y sólo eso- de tu gloria...".

Y luego nos iremos a ver nuestro reality show favorito, del que, además, somos perpetuos, orgullosos y egocéntricos protagonistas:

Separate Brother.

jueves, 9 de diciembre de 2010

Laiccionario (VII) (corregido y aumentado todavía más).

Antes: Expropiación de cuentas bancarias.

Después: Corralito.

Ahora: "Ataque de piratas informáticos".

Del "¡Exprópiese!" al "¡Hackéese!".

Porque "expropiar" es lo que le hacen a la gente cutre, en los países tercermundistas. A nosotros, que somos más cool y vivimos en "democracias avanzadas", nos "hackean" (que tiene mucho más glamour).

"¿Y dices que tu dinero ha desaparecido de tu cuenta? ¡Ah! Se siente...¡qué mala suerte, chico! Pero tranquilo, que no somos Irlanda".

El nuevo nombre que se han inventado para el robo generalizado queda más guay, reconozcámoslo. Y hasta parece que ellos no tienen nada que ver con el asunto...

2ª opción:

Aunque también hay otra posibilidad:

"Para protegeros de estos malvados piratas informáticos, con los que nosotros no tenemos nada que ver (¡claro que no!), no tendremos más remedio que imponer una cuota máxima de euros al día y por persona de los que podréis disponer. Pero es por vuestro bien, que conste".

Es decir, que "tendremos" dinero en el banco, pero en realidad, tendremos un tío en Alcalá, porque serán "ellos" los que decidan cómo y cuándo podemos disponer de ese dinero (que nos dirán que sigue siendo nuestro, pero actuarán como si fuese "de nadie", uséase, suyo).

Y es que a los pobres que no tienen derechos y libertades, se les racionan los alimentos. A los pudientes que tenemos derechos y libertades y vivimos en "el peor de todos los sistemas políticos, descartando todos los demás" (como dijo un obeso borrachuzo que no conocía otro sistema político que éste, por lo visto), se nos raciona el dinero con el que podemos comprar dichos alimentos.

Al final, la Salgado se va a salir con la suya, oye.

3º Opción:

Como venimos repitiendo en este blog (ya saben lo que nos pasa a los que asamos la manteca cuando cogemos la linde), estamos en la era del porqueyolovalguismo. Y en la era del porqueyolovalguismo, las cosas (también las expropiaciones y los corralitos) se hacen de manera fina y segura. Así que nos hemos preguntado (algunas de mis múltiples personalidades disiente, pero está en franca minoría) qué podrían estar tramando los Pepiñólogos (o qué han tramado ya) para hacerlo y, que encima, se lo agradezcamos.

Podría ser la opción número 2 reseñada arriba, pero se me ocurre otra:

Ataque informático, desaparición del dinero, la gente cabreada (¿habrán sido los controladores aéreos?), se deja el miedo y el cabreo ciudadánico cocerse y recalentarse un par de días al baño maría (y perdonen ustedes la confesionalidad de esta expresión), y, una vez perdida toda esperanza (por cierto, ¿alguien sabe algo de la Aguirre?), ¡zas!, aparecen los que ya sabemos para traernos una solución:

El dinero se ha volatilizado (se reencarnará al tercer día, por lo civil, seguramente, en alguno de esos santuarios piratas creados por el Imperio Británico llamados "paraísos fiscales", imagino), pero papá Estado siempre tiene arreglo para todo: Os regalamos bonos del tesoro, que no son de nadie (porque nadie los quiere, dicho sea de paso).

Desde luego, si los Pepiñólogos están pensando hacer esto último (o así lo han decidido hace tiempo) les rogaría, si no es ya demasiado tarde, que impriman los bonos, no en papel timbrado, sino en papel higiénico (aunque sea del "¡Mamá, rasca!"), para que por lo menos tenga alguna utilidad (y no me refiero sólo a la más evidente).

PS: Y si nos habíamos creído que Eric Cantona y el Wikilicuatre tampoco eran de nadie, sino del viento, pues va a ser que no. Son de los de siempre, de toda la vida (que los que "no son de nadie", no salen en la portada de la revista Time).

miércoles, 8 de diciembre de 2010

Summa Concethologica (IV)

Año 2084. En el extenso territorio que situado entre Portugal y Francia, conocido como República Coronada del Ansia Infinita de Paz y que ahora está bajo protectorado marroquí (excepto la villa de Sort, que fue ocupada por los cuerpos de élite del ejército andorrano, poco después de la privatización de las loterías estatales), se han hallado, en los sótanos de la mezquita de la Almudaina de Magerit, los restos de un libro de cómics.

Los expertos han identificado el libro como el único ejemplar que hasta la fecha ha podido ser recuperado de la Biblia Aconfesional y Sin Mezclar de la Iglesia de Laodicea (más conocida entre los arqueólogos e historiadores por su acrónimo, basmil).

La Basmil fue editada para dar respuesta al reto de la "nueva evangelización" tras un congreso en el que los ponentes decidieron alejarse de posturas caducas y trasnochadas y abrazar una profunda renovación de lo que hasta entonces se habían llamado "las Escrituras", adaptando el texto de éstas a la viva realidad de los tiempos, siempre cambiante y dinámica.

Se decidió editarla como libro de cómics (por fascículos coleccionables) para hacerla así más cercana, campechana y asequible al nivel intelectual y educativo de los habitantes de la República Coronada del Ansia Infinita de Paz (RCAIP). Algunos historiadores, basándose en relatos orales que han pasado de padres a hijos, sostienen la teoría de que el progresivo declinar del nivel intelectual de los habitantes de la RCAIP obligó a la jerarquía de la Iglesia de Laodicea a acometer una "novísima reevangelización" y editar una versión aún más básica y sencilla de la Basmil, en la que los textos (letra grande y palabras de un máximo de tres sílabas) eran explicados por Pocoyo y sus amigos (los enormes gastos de copyright de este simpático personaje infantil podrían explicar la quiebra de las arcas de la Iglesia de Laodicea y su posterior operación de fusión con el Islam wahabí, en el que se integró como corriente crítica tras convertirse la RCAIP en protectorado del reino alauí).

Sin embargo, esta última teoría no ha podido ser confirmada por la falta de restos documentales que la respalden. Tras grandes esfuerzos, y pese al lamentable estado del ejemplar rescatado, los expertos del Wiesenmuseum (antes, Museo del Prado) comienzan a descifrar los textos de varias viñetas, cuyo contenido está siendo analizado sesuda y cuidadosamente por los peritos de la Iglesia de Laodicea, para su correcta interpretación y adaptación, por si procediese otra requetevangelización, que presumen aún más exitosa y vibrante que las anteriores. A continuación les mostramos el contenido de los fragmentos de textos rescatados, primicia de la vuelta a la actualidad de tan gloriosos años de la historia de nuestra República Coronada:

"En aquel tiempo, dijo Pepiño a los controladores:
Mi decreto os dejo, militarizados sois, no miréis por mis defetos, sino por la fe de tu progresía.
Y conforme a tu talante danos la paz y la verdaz, por la civilización de las civilizaciones, así sea" (1).

"Borrego español, que quitas el franquismo del mundo, trinca pro nobis".

"En verdad, en verdad te digo, que el que no naciere del talante y del progreso, nunca entrará en las listas electorales".

"Bienaventurados los controladores, porque ellos heredarán el viento, que no es de nadie. Y bienaventurados los banqueros, porque ellos nos meterán en deudas". (1)

"Y bienaventurados los que dialogan y consensúan, porque ellos serán llamados al Palacio de la Zarzuela".

"Mas, ¡ay de aquéllos que no profesen el talante! Porque no verán la tierra prometida, que pertenece al viento". (1).

"En aquellos días, creó Pepiño las infraestruturas, y vio que eran buenas y daban abundantes frutos en paraísos fiscales".

"No acumuléis riquezas en el banco, donde la avaricia destruye y las cosas se echan a perder, y donde los ladrones entran a robar" (2).

"Y Rajoy, al séptimo día, descansó. Como en los seis días anteriores" (1).

"Y dichosos los que suman y no restan, porque es más lo que les une que lo que les separa".

"Mirad los buitres que vuelan por el cielo: ni siembran ni siegan ni almacenan la cosecha en graneros. Y, sin embargo, el Gobierno que está en la Moncloa les da de comer" (2).

"Porque os aseguro que, mientras existan el PP y el PSOE, no se quitará a la ley ni un punto ni una coma, hasta que suceda lo que ha de suceder" (2).

"En los días del acontecimiento planetario, dijo la Esteban a sus compadres en Tele5 'Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?' Y dijo Karmele: 'Tú eres la madre de la Andreíta, y el único y verdadero amor del dueño de Currupipi'. Y contestóle la Esteban: 'Dichosa tú, Karmele, porque esta exclusiva no te la ha revelado ningún tertuliano de carne y hueso, sino mi padre, que está en San Blas".

"Y si la derecha política te hace caer en pecado, córtala y échala lejos de tí; mejor que pierdas una opción política y no que tu alma sea arrojada al infierno".(2)

[Nota: los periti laodiceos aseguran que este último versículo es de un fascículo apócrifo editado clandestinamente por tradicionalistas y, por lo tanto, será retirado de la Basmil, una vez sea reeditada].

"Y, tras danzar y exhibir sus encantos ante el Letizio, exclamó Salomé, saltándose el protocolo: '¡Déjame terminar a mí!'. Y, a continuación, le pidió al bribón la cabeza de Urdaci en bandeja de plata".

"Y si queréis ser alternativa de regeneración, no podéis servir a dos señores, porque amaréis a uno y aborreceréis al otro. No podéis servir a Jürgen Habermas y a José Luis Torrente".

Los expertos han bajado sensiblemente su ritmo de rescate y traducción de textos, debido a los inconvenientes de la celebración del Ramadán. A pesar de todo, pronto podremos disponer de más fragmentos que aclaren lo sucedido en tan confuso y fascinante período de nuestra historia.

So say we all.

PS: Los versículos con un (1) son de Ignacio Tomás. Los que llevan un (2), de Nuño Fernández de Oviedo.

Sin pecado concebida, pero por lo civil.

Ya se les ve venir, como siempre. ¡Qué malo es Zapatero, y qué malo es Pepiño, y qué malo es Rubalcaba!. Pues no te digo, que se han puesto a hacer decretos anticonstitucionales, los tíos sinvergüenzas. Y no, no es que eso les disguste a nuestros queridos cronistas de la actualidad, que para eso escriben sus artículos mientras viajan en avión y piden su almohada y su mantita, como han leído que hacen los periodistas guays que viven en Manhattan y en San Francisco, para que la ciudadanía aerotransportada de un aerorredil a otro vea lo importantes que son, pero es que algo malo había que decir de este gobierno.

Exactamente, sí, el mismo gobierno del que decimos un día sí y otro también que miente más que habla, pero cuyo guión hemos repetido fiel y democráticamente en esta ocasión; que ya se sabe que, cuando de pilotos y controladores aéreos se trata, se produce el milagro por lo civil (ríase usted de lo de Empel) y hasta Rubalcaba y Pepiño se convierten en portadores de la luz y la verdad.

Y se les ve venir porque dicen que lo que ha hecho el gobierno está muy mal, que sí, que el niño se había ganado un buen bofetón, pero no semejante tunda, que empieza uno a caer en la cuenta de la posibilidad de que los matones le hayan cogido gusto al asunto, y luego nos toque a nosotros. Pero, mireusté, nada tienen que objetar a que la niña de Rajoy ya haya dicho que, lo que quiera el gobierno y cuando quiera el gobierno y que Pedro Logia haya empezado con su pedagógica labor de masas, preparándonos el cuerpo para lo que ha de venir.

Y, ahora, se dedican a lo mismo, a lo único que saben hacer (será porque leen el Marca y ven Teledeporte en compañía de Mariano): a despejar al patadón, a eximirla de toda culpa, a recordarnos que la Nicolasa es virgen e inmaculada y está libre de todo pecado, porque, en España, cada vez que alguien hace alguna barrabasada, es porque hace cosas inconstitucionales (los fachas y los carcas, en cambio, hacen y dicen cosas preconstitucionales, que es aún peor). Hasta los cigarrillos que se fumaron Mas y Zapatero mientras pergeñaban el constitucional (ya lo dijeron los que lo tenían que decir) Estatuto de Cataluña debieron ser anticonstitucionales, mirusté.

Los españoles que no mezclan nada, salvo en la discoteca y en el bar, la adoptaron hace tiempo cual sustituta de la Patrona de la Infantería, creyendo que iba a alumbrar el sistema redentor, y aún siguen, en sus cabezas, explicándolo todo según los arquetipos del violencio y la génera, diciendo que papá Estado es muy malo y nos maltrata mucho, pero que mamá Constitución no tiene culpa de nada, cuando resulta que mamá Constitución no es de las que intercede por sus hijos ni le pisa la cabeza a la serpiente mientras ésta le muerde el calcañar, sino que, como buena miembra de su tiempo, se dedica a mirar siempre para otro lado, es de las que no se nota, no se mueve y no traspasa, y se pasa el día preguntándose a qué huelen las nubes.

Y aun ahora, cuando es evidente, después de todos estos años, que a la Nicolasa se le ha pasado el arroz definitivamente, todavía se oye los quejidos de los bobalicones que nos dicen que no perdamos la esperanza, que seguro que, algún siglo de éstos, dará a luz a nuestra salvación, porque ya se sabe que lo único que hay que hacer es creer en uno mismo y desearlo con todas tus fuerzas (que nosotros lo valemos). Y, todo eso, a pesar de que la innegable realidad es que lo único que hemos tenido durante más de tres décadas, son dolores de parto y entuertos sin fin.

Seguirán rezando e implorando protección a los ídolos de barro que ellos mismos han erigido y no caerán en la cuenta hasta que les llegue su turno. Un turno que saben inevitable, y que intentan retrasar sine die haciendo lo único que saben hacer: la pelota.

martes, 7 de diciembre de 2010

Las piezas del puzzle encajan.

Ya sabéis todos lo que nos han dicho Rubalcaba y Pepiño, decretando el estado de talante:

Estosololoarreglamosentretodos.org

Realizandotrabajosforzados.com

Parapagarladeuda.info

Soborregos.es


PS: Y echadle ahora un galgo a toda esta gente tan simpática que nos iba mentalizando.: Pau, Marc, Andreu, Fernando, Michael, Concha y demás supermajosdelamuertequeloflipas.guay

lunes, 6 de diciembre de 2010

De puente sobre el río Kwai.

No sé quién dijo algo así como que las circunstancias no hacen al hombre, sino que lo revelan. Digan lo que digan los adalides del victimismo y los creadores de víctimas a la carta (que una cosa es tener problemas y necesitar ayuda, y otra muy distinta es ser una víctima), aburridos estamos de ver ejemplos (todos conocemos unos cuantos miles) de personas que, en circunstancias parecidas y con condicionamientos similares, toman decisiones completamente diferentes.

En Estados Unidos gustan, además, de recordar esto mismo, pero de otra manera: "Si no aguantas el calor, no entres en la cocina". Le gusta mucho repetirlo (por si no lo sabían) a los periodistas deportivos, a la hora de ilustrar el comportamiento tan distinto (e independiente del talento que tenga cada cual) de unos deportistas y otros cuando llega ese partido importante, o el último minuto del partido y hay que tirar ese penalti o esos tiros libres.

Circunstancias hasta ahora excepcionales, y me temo que, a partir de ahora, cotidianas, han puesto de manifiesto (una vez más, pero en esta ocasión con toda la crudeza) el auténtico carácter de los medios de comunicación españoles y de los españoles medios sin comunicación (aérea, en bastantes casos; neuronal, en casi todos).

Los medios de comunicación, algunos de ellos tan rebeldes y tan gritones cuando no ocurre nada relevante y sólo hay que distraer al personal con las ocurrencias de la penúltima miembra o producta interior bruta del gobierno, callan o hablan (según convenga) cual transeúntas habituales de la calle Montera de Madrid, enseñando cachaza con la minifalda (ya saben la letanía: "chantajistas", "rehenes de unos privilegiados", "secuestrados en un aeropuerto") y meneando bien el bolsito de pilingui ("en esta ocasión hay que estar con el gobierno") para que los Pepiños y los Rubalcabas no duden, en ningún momento, de su intención de ser complacientes a cambio de dinero.

A los medios de comunicación del régimen se les identifica enseguida por una característica de lo más agustiniana: en lo irrelevante (si el perro debe llevar collar rojo o azul celeste, fundamentalmente) discrepan. En lo fundamental, todos a una.

Durante años, a los medios de comunicación del régimen (especialmente a los que se pasan el día diciendo que no lo son) se les ha visto el plumero por negar la burbuja inmobiliaria o callar ante el sobreendeudamiento de los españoles (que todavía no nos hemos enterado: España no está en quiebra, los que están en quiebra son los españoles) porque el paro bajaba hasta sólo 2 millones y nos gastábamos a manos llenas los ahorros de los franceses y los alemanes en pisos, coches caros y viajes a Cancún y Punta Cana (y las deudas hay que devolverlas).

Estos días, a los medios de comunicación del régimen (también a los que se pasan el día diciendo que no lo son) se les ha visto el plumero por alegrarse de que se suspendan los derechos laborales y constitucionales (que, después de 40 años de desmontaje progresivo de dichos derechos, tampoco son muchos, para qué vamos a negarlo) de una pequeña minoría para complacer a una gran mayoría que está convencida de que ellos son distintos y que a ellos no les va a tocar.

Y, sobre todo, se les está viendo el plumero porque ni un sólo medio de comunicación del régimen (tampoco los que se pasan el día diciendo que no lo son) hace una pregunta muy sencilla y muy obvia: ¿Dónde está y qué está haciendo el presidente del gobierno?. Como si no quisieran (porque, en realidad, no quieren) que esta pregunta se nos pase por la cabeza a ninguno.

¿Y el español medio sin comunicación (neuronal y, en algunos casos, aérea)? Pues el español medio, ese español medio que arregla el mundo todos los días con el codo apoyado en la barra del bar mientras ve el furbol (porque eso de distraer a las masas con el fútbol y los toros pasaba en tiempos de Franco, ya lo saben), que se cree especialmente concienciado porque manda SMS a su programa favorito ("Sálvame el gato de la noria, corazón", creo que se llama) echándole la culpa a Zapatero y haciendo ingeniosos juegos de palabras (socioslistos, burracalva, etc) más vistos que el chiste del perro Mistetas, ese españolito que se cree especialmente culto y valiente porque brama todos los días preguntándose porqué España está tan mal, pero nadie protesta y nadie se enfrenta a los poderosos y a los que mandan (y cuántas cosas barrería, oiga, si yo tuviera una escoba)...

...ése español medio ha demostrado ser un borrego constitucional que progresa adecuadamente desde hace treinta años (por lo menos), y de dos maneras.

La primera, haciendo apología del borreguismo complaciente y del culopompismo, porque "Peor ejtoy yo y no me quejo de ná". Y, claro, ahora resulta que esos valientes que por fin han aparecido para hacerle frente a los Pepiños y a los Rubalcabas, no sólo ponen en evidencia a millones de cobardes que lloran mucho en el salón de su casa, pero sonríen encantados ante sus jefes, sino que, además, su resistencia a convertirse en esclavos del alarmamiento constitucional podría arruinar su propósito de esquiar por las laderas de los Alpes suizos.

La segunda (y esta es la peor), mostrándose encantado de que a una minoría (de la que él no forma parte) se le suspendan sus derechos civiles hasta nueva orden para que una mayoría (de la que él sí forma parte) salga beneficiada.

Y eso de suspender los derechos de una minoría con la excusa de complacer o beneficiar a una mayoría, amigos, es, sencillamente, lo que pasó (por ejemplo) en la Alemania de los años 30. Y es, además, la forma de razonar que constituye el sustrato de cualquier pueblo a punto de caramelo para ser tiranizado. Basta con que los tiranos vayan a por una minoría cada vez. Y que el resto de borregos balen las dos razones antes reseñadas.

Mañana, por ejemplo (y no se asusten, que no estoy dando ideas; seguro que a ellos ya se les han pasado por la cabeza), con la excusa de arreglar la interminable lista de espera sanitaria, podrían suspender los derechos laborales y constitucionales de todo el personal de hospitales y centros de salud (la minoría). Naturalmente, la mayoría beneficiada estaría encantada de la vida. Por fin podría uno operarse de juanetes el mismo día en que se los diagnostican en lugar de esperar quién sabe cuántos meses. Y si el personal sanitario se negase a trabajar siete días a la semana, sin límite de horas, la mayoría, azuzada por los Pepiños y los Rubalcabas, repetiría las consabidas estupideces sentimentaloides, como que "han convertido a los pacientes en rehenes" o que "Mi vesícula biliar está secuestrada por los señores cirujanos, que se niegan a operarme hoy, a la hora que yo quiero". A ver qué decían, si se diese tal caso, esos médicos y enfermeras que repiten estos días, por los aeropuertos, el tontimantra del "A mí me putean más y no digo nada" (Traducción: "Soy un demócrata: o sea, un borrego cobarde orgulloso de serlo").

O, también por ejemplo, con la excusa de acelerar otra lista de espera aún mayor (y de mayor duración), la de los juzgados, podrían los Pepiños y Rubalcabas obligar a abogados, fiscales, procuradores y demás compaña a currar siete días a la semana, catorce horas al día. Y, si se negasen, acusarlos de "mantener como rehenes a los españoles que reclaman justicia" o de "haber secuestrado la justicia, que si la justicia no es inmediata, no es tal".

Estos días, los Pepiños y los Rubalcabas han puesto en la balanza (por si quedaba alguna duda) a los españoles, y los españoles han demostrado no dar el peso. Así que, ahora, después de cuarenta años de travesía por el desierto democrático y constitucional, no nos aguarda ninguna tierra prometida, sino el llanto y el rechinar de dientes.

Así que disfrutad (aunque ojalá se os indigeste) de vuestro plato de lentejas (o, como lo llama con toda la razón la controladora Cristina Antón, en su blog, vuestro puto puente), que por él habéis vendido vuestra primogenitura.

Borregos.

sábado, 4 de diciembre de 2010

Estado de excepción que confirma la regla.

Rubalcaba de presidente de facto. Los aeropuertos paralizados y tomados por el ejército. El estado de alarma, decretado o a punto de decretarse (que ya me he perdido).

Y la huelga de controladores (¿se dan cuenta de que son meras marionetas?) hace posible que Rubalcaba imponga el estado de excepción (o casi) y que la gente hasta lo agradezca, porque parece que nos hace a todos un favor ("¡Qué buenos son, Rub-al-Kaaba y Pepiñescu, qué buenos son, que nos llevan dexcursióóón!").

Se acercan tiempos aún más duros que los que estamos viviendo. Y para pagar nuestra deuda (el dinero prestado hay que devolverlo, y la crisis consiste sencillamente en esto) se subirán impuestos, se rebajarán sueldos, y se borrarán, de un plumazo, todas las barreras legales que haga falta para hacer posible que los españoles trabajemos de sol a sol por una bolsa de pipas, y vigilados por el ejército si hace falta, que el que se mueve no sale en el saldo de la cuenta corriente.

Ahora queda preguntarse cuál será el siguiente follón que se montará (que montarán), y qué profesionales de qué sector estratégico serán los protagonistas del jaleo que justifique otro paso más en la buena dirección.

Porque Milans del Bosch y Tejero fueron los lobos feroces que, según el cuento con el que nos arrullan los telediarios una noche sí y otra también, amenazaron con comerse a Caperucita Democrática. Pero ellos, aprovechando como excusa un conflicto laboral anunciadísimo desde hace tiempo, están sacando el ejército a la calle para controlar a la famosa, rebelde y concienciada sociedad civil (que demuestra tener por toda preocupación poder irse de puente, y otra de gambas, camarero, quenespaña sevive comon ningunsitio) y, como son "nosotros, los demócratas", no pasa nada.

Primero fueron a por los controladores, y como yo quería irme de puente, me alegré. Y luego, cuando la mano invisible del mercado (y no hablamos de Rosendo, precisamente) me agarró del pescuezo y me obligó a trabajar 80 horas a la semana por 500 euros al mes (vigilado por el ejército), ninguno de mis vecinos me defendió porque con mi trabajo y mi mísero sueldo, podían comprar el producto más barato y les venía bien (que no hay quien llegue a fin de mes con esto de la hipoteca).

Además, con toda esta puesta en escena la ocasión la pintan calva para que el gobierno pueda suprimir o restringir severamente el derecho a la huelga y que la gente, de paso, aplauda con las orejas ("¡vivan las caenas, mientras pueda irme - ahora- de puente!"), pensando que a ellos nunca les va a tocar.

Y así nos tienen, cainitas, echándonos a los unos contra los otros (como los que ven a dos perros destrozarse mientras cruzan apuestas y el dinero cambia de manos) y repitiendo uno de los grandes mantras españoles ("quesejodan quegananmucho yvivenmubien"). Y alimentando el único consuelo (muy hispánico, para qué negarlo) que tendrán muchos en las próximas décadas mientras los españolitos de a pie devolvemos nuestra inmensa deuda: perdida la esperanza de vivir mejor, la única alegría (para muchos) será ver a sus vecinos (funcionarios, asalariados en general, pensionistas) vivir peor.

Y la deuda que hay que devolver (la mayor que han visto los tiempos; se dice que el triple de la que tenían los norteamericanos que se endeudaron para comprar acciones de bolsa - que nunca bajaban, y lo sabía todo el mundo-en los felices años 20) es una de la que nunca se habla. Y no es la pública (que es el granito de sal que escuece sobre la herida abierta e infectada), sino la privada, la nuestra (léase créditos hipotecarios). Y no hablamos de ella - ni queremos- porque de ésa no podemos echarle la culpa a Zapatero, que la firma que figura sobre el contrato hipotecario de esclavitud es la nuestra, no la suya.

Angela, ven pronto.

viernes, 26 de noviembre de 2010

El soplamocos invisible y la carne de cañón.

Sabido es de sobra que una de las muchas aficiones de los liberales es descubrir el Mediterráneo un par de veces a la semana, y anunciar a voz en grito, siempre que se puede, y como si fuese un novedoso hallazgo, que el Pisuerga pasa por Valladolid. Esta costumbre liberal de enumerar como novedosas (y descubiertas por uno mismo, qué se piensan ustedes) las cosas que se han sabido de toda la vida tiene un ejemplo muy conocido en la expresión "mano invisible del mercado".

Lo cierto es que "el mercado", o "los mercados", de siempre, han tenido eso que se conoce como "mano invisible". El problema viene cuando se añade otro rasgo concomitante del liberalismo: el tomar como sinónimos términos que no lo son.

A veces esos términos que se toman como sinónimos son palabras que se escriben y se pronuncian de forma muy parecida. Gracias a Don Manuel Morillo aprendió el que escribe que dichas palabras se llaman "homófonas". Prueben ustedes a argumentar sobre el liberalismo con un liberal, y el liberal no mencionará el liberalismo por ninguna parte, sino que se pondrá, como gato panza arriba, a defender la libertad, intentando dar queso dialéctico (y de Cabrales) a su interlocutor, como quien no quiere la cosa.

Pero en otras ocasiones el liberal toma, como sinónimos, términos que no lo son al asumir que el hecho de poseer una determinada característica implica, necesariamente, poseer otras, en un salto (al vacío, y sin paracaídas) algo alocado de libre asociación de ideas.

El liberal, o el que pasajeramente juega a serlo porque cree que se beneficiará del invento, asume que el hecho (conocido antes incluso de la ceremonia de colocación de la primera piedra de la pirámide de Keops) de que la mano del mercado sea invisible, significa que esa mano es neutral, independiente, justa y equitativa. Además, la lógica liberal se torna urobórica al identificar "justicia" y "equidad" con el resultado -cualquiera que fuese- del funcionamiento del mercado.

Y lo curioso es que, todo el mundo lo "sabe" (o lo sospecha al menos), la mano del mercado será todo lo invisible que se quiera, pero no por eso deja de tener hilos de los que se tira a conveniencia en un sentido o en otro.

Recurriendo al ejemplo paradigmático del españolito medio de comienzos del Siglo XXI (¡cómo vamos a equivocarnos nosotros, que vivimos en pleno Siglo XXI!), y tal y como decíamos ayer, comprobamos cómo ahora surgen, de hasta debajo del más pequeño matorral, defensores de la limitación de la capacidad de actuación de la famosa mano invisible.

Entre éstos hay no pocos (pero, una vez más, son la excepción más que la regla) que ya defendían tal tesis en los días de mucho que también fueron vísperas de nada (y ojalá hubiesen sido vísperas de nada, puesto que han demostrado ser más bien vísperas de números rojos, que es aún peor). Sin embargo, y comprobando el panorama cotidiano, muchos de los que ahora claman por tal limitación de movimientos de la famosa mano invisible, o más bien de los hilos que la mueven (porque han vuelto, después de un tiempo, a caer en la cuenta de que dicha mano es un marmotreto inerte movido por otros) eran, hasta hace nada, ardientes (y hasta feroces) partidarios del presunto dogma de fe según el cual dicha mano invisible debía ser dejada a su antojo, y a quien Dios se la dé, San Pedro se la bendiga, que ancha es Castilla, y (como finalmente ha resultado ser) por ahí me las den todas.

Pero, claro, eso era cuando la Muy Austríaca Cofradía de Guardianes de la Mano Invisible pensaba que dicha mano les iba a hacer mimitos y caricias, y (gracias a la reventa de sus contratos de esclavitud) a sacar de una chistera (invisible también, que para eso somos inteletuales) maletines llenos de billetes de 500 euros para el niño y la niña.

Sin embargo, la famosa mano invisible, manejada convenientemente, no les ha hecho mimitos ni caricias, sino que les ha soltado un bofetón de padre y muy señor mío, que les ha dejado enrojecidas, no las mejillas (ojalá), sino las cifras de sus cuentas corrientes para una o dos décadas (y les resumo, en una sola frase, los quejidos lastimeros de los otrora hayekianos y ahora neocontroladores ventajistas, mientras son inexorablemente transportados por el barquero Caronte del Interéscompuesto hacia el Hades Financiero: "Que otros se hagan cargo de mis pufos, por favor").

Los mismos que consideraban intocables las leyes (¿leyes?) "delaofertaylademanda" consideran ahora una enorme injusticia que no haya demanda para su oferta (y, ojo, no la hay porque la coca crediticia se ha acabado, que si volviera a fluir su suministro, correrían a comprarle - a crédito, claro- más dosis al camello bancario del que ahora reniegan). Y los que antes tenían por blasfemo al que hablase de límites de beneficios o de control de precios, se acuerdan de algo llamado "función social de la banca" (expresión que, vuelvo a repetir, para los fallidos imitadores de Rinconete y Cortadillo, no significa otra cosa que exigir que su prójimo se haga cargo de las consecuencias de su errada "inversión").

Y, ahora que la inmensa deuda contraída por los políticos a nuestro nombre (cuando ya nos han robado todo lo que podían, han corrido a robar -legalmente, pero a robar- a nuestros hijos y a nuestros nietos aún por nacer mediante ese endemoniado invento llamado "deuda pública") exige, para ser devuelta, que se desmonte todo el "estado de bienestar" existente hasta ahora, no me digan que no demuestra su utilidad toda esa ideología conocida como "liberalismo austríaco", que no es otra cosa que la versión engolada e intelectualoide del famoso refrán castellano "Que cada palo aguante su vela".

Porque resulta que son los mismos cincuentones y sesentones que se han beneficiado del famoso "estado de bienestar", con sus pensiones (para ellos sí habrá), sus prejubilaciones (para ellos sí ha habido), sus indemnizaciones por despido (ellos sí se las llevaron, y se las llevan, y bien jugosas) y sus subsidios de desempleo ( y todo pagado por la generación de sus hijos, ríanse ustedes del dios Cronos), los que nos quieren vender que, en el futuro, el no disfrutar de estos beneficios será lo más de lo más.

Y para eso están don Fedeguico y doña Esperanza, como puntas de lanza de la campaña publicitaria destinada a vendernos la burra vienesa, para que la generación que ya se conoce como "perdida", y que se pasará la vida trabajando para el banco (y los suertudos, conservarán el piso; los demás, ni eso) se conforme con un cuenco de arroz y un cigarrillo a cambio de deslomarse de sol a sol ("Son la leyes invisibles del mercado, chaval; pero ya irás subiendo, ya...").

Así que ya tenemos por ahí, danzando, a una serie de jovenzuelos inframileuristas (pero trajeados como grandes ejecutivos), que no sólo son víctimas de la Logse, sino también de Logsantos (fatal combinación). Y que, como me señala un amigo (virtual, por ahora), creen que hablar como Rockefeller les convertirá (mágicamente, así es nuestra querida y venerada mano invisible del mercado) en Rockefeller.

A esta carne de cañón (quienes, en muchos casos, trabajan con contratos de becario, a pesar de imitar el aspecto y los ademanes de Gordon Gekko) se les reconoce enseguida porque de trabajar (o sea, de economía real y productiva) no hablan nunca, pero la bolsa, las acciones, el ibekstreintaycinco, de Mario Conde ("¿Lo viste ayer en el gato? ¡Qué tío más grande!"), y el dauyons (o sea, la "economía especulativa", que es el nombre fino de "ganar dinero sin trabajar, a costa del esfuerzo de otros") no se les caen de la boca. Llevan un euro en el bolsillo (el que les dio su madre al salir de casa para que pudieran tomarse el café), pero hablan como millonarios (lo mismo que los argentinos de los chistes, pero con acento de Madrid).

Y así andan, tan felices de la vida, a unas edades a las que su padre (y no digamos, su abuelo) ya mantenía a una familia de cuatro o cinco churumbeles con un solo sueldo (porque entonces la gente era pobre, no como ahora). Y convencidos de que son unos triunfadores (seguros como están de que a ellos les tocará algún día disfrutar de esos beneficios sin límite a costa de que otros trabajen para ellos por cuatro duros), mientras el fracasado de papá, que no sabe nada de bolsa, ni de acciones, y no conoce otro Hayek que doña Salma, les sigue pagando techo y comida, a pesar de que ya no cumplirán los treinta.

Eso sí, no faltarán en sus conversaciones (como en las de todo millonario imaginario que se precie), referencias a cómo los políticos y los gurúes mediáticos de la izquierda les lavan el coco a sus fieles, para convencerles de que se resignen a sueldos de miseria (como los suyos), y hasta se consideren afortunados de no estar peor (como en su caso), mientras unos pocos se lo llevan crudo (como sus jefes).

Y qué suerte tienen ellos de ser más listos, porque su situación es taaan distinta (en su imaginación) de la de esos ignorantes votantes de la izquierda...Y su traje y su corbata son taaan distintos (en apariencia) de esos monos verdes que vestían los chinos durante la revolución cultural de Mao...

Espera un momento...

jueves, 25 de noviembre de 2010

Yo mismo con mi victimismo.

Vivimos en un país (y perdonen ustedes el perezrevertismo) cojonudo.

Aquí nadie tiene culpa de nada. Nunca. Y nadie se equivoca. Ni nadie mete la gamba. Eso sí, nos quejamos mucho cuando vemos a un político hacer lo mismo (es decir, empecinarse en el error). Como si los políticos no fuesen otra cosa que las bacterias que crecen y se multiplican nutriéndose del caldo de cultivo adecuado.

Aquí, cuando vienen mal dadas, o nos sale rana el superplan, o la genial estrategia, o sufrimos bucho (como decía el genial Millán Salcedo, de Martes y Trece), nadie tiene nada que rectificar. Antes partíos que doblaos, como dijo una ministra a quien su sucesor hará buena.

Aquí, cuando pintan bastos, todos los valientes, todos los "emprendedores", todos los "inversores", todas las "mujeres que hacen lo que quieren con su cuerpo, que para eso son libres", se tornan en "víctimas de...".

Nadie les puso una pistola en el pecho o en la sien para hacer lo que hicieron, ni para meterse en los berenjenales en los que se metieron. Es más: en casi todos los casos hubo algún alma bienintencionada que les avisó de las, no sólo previsibles, sino impepinables consecuencias de sus actos, y recibió como respuesta algún desaire o alguna mirada de conmiseración.

Y, claro, la culpa de su alcoholismo la tiene el camarero. La de su cáncer de pulmón, la estanquera. La culpa del asesinato de su hijo (por el que ellas pagaron el sueldo de un mes) resulta que la tiene el mismo padre del niño, a quien quizás llamaron de todo y tan patético les pareció cuando les imploraba por la vida de su retoño. Y la culpa de haberse endeudado de por vida, es del banco. Porque resulta que ese señor del banco, tan trajeado, tan aseado, tan engominado, tenía la obligación (aunque él no lo supiera) de ser nuestra madre, nuestra niñera y nuestro mejor amigo. Y debería habernos cortado la mano antes de dejarnos firmar la hipoteca.

Aunque eso es lo que decimos ahora. Hace cuatro o cinco años, si el banco no nos hubiese concedido la hipoteca, hubiéramos montado una que ni te cuento. Habríamos salido por la tele, con cara lastimera, en algún programa hablando de "derechos" (a la vivienda, ¡a la hipoteca!). Ahora somos "víctimas" porque nos han permitido firmar una hipoteca (como si los documentos de la misma estuviesen escritos en búlgaro o en camboyano). Entonces hubiéramos sido "víctimas" si no nos hubiesen permitido firmar la hipoteca. Si ustedes no han escuchado estupideces como "derecho a hipotecarse", es que no han vivido en España estos últimos años.

España, el país en el que las hipotecas "se concedían". Como si entregarle a un banco la mitad de tu sueldo durante toda tu vida fuese un privilegio. Toma castaña.

Y ahora resulta que los que creyeron que iban a hacerse ricos sin trabajar entregándole a Shylock una libra de su carne (¡y de la de sus padres!) han caído en la cuenta de la trampa en la que se metieron porque (ya es oficial, lo dijo hasta Informe Semanal este sábado) no hay pringados (o gente aún más pringada que ellos) dispuestos a comprarles por 50 lo que ellos compraron por 40. De hecho, los medios del régimen (y es sabido que todos los que van de "víctimas de..." se niegan a aceptar la realidad que tienen ante los ojos hasta que los medios del régimen se lo confirman) les empiezan a decir que con un canto en los dientes pueden darse si consiguen colocar por 20 lo que compraron por 40.

España es un país de usureros fracasados que ahora claman ser "víctimas de la usura". Un país de sinvergüenzas dispuestos a venderle su alma al diablo (aunque entonces no era "el diablo", sino "mi amigo, el del banco") para poder meterse en el juego de la compraventa de inmuebles y ganar dinero a costa de traspasarle el muerto a otro pardillo lo antes posible.

Y no me vengan con el cuento del "es que algunos se lo compraron para vivir, no para especular". Si se lo compraron hipotecando hasta la dentadura postiza de los abuelos fue porque estaban convencidos de que, si la cosa se fastidiaba, le podrían traspasar el muerto (y con beneficios) a algún idiota. ¿Cuántos hubieran "comprado para vivir" si hubiesen pensado que lo que compraban por 50 iba a venderse por 40 dos años después?.

¿Ah, que no lo sabían? Es que Dios crea idiotas (millones todos los días) cuya misión es comprarnos nuestras posesiones, a los enteraos de la vida, por lo que pidamos. Es cuestión de encontrarlos. Lo que pasa es que Zapatero los ha ahuyentado con su mala gestión económica. Sí, sí. Los capitalistas lo sabemos, y por eso hemos creado una nueva biblia. Al Redentor lo hemos rebautizado (que somos más chulos que nadie, San Juan Bautista) y ya no lo llamamos Jesús de Nazaret, sino Jesús Von Mises. Y al séptimo día, Dios no descansó, sino que lo dedicó a crear a los tontos a los que les revenderemos los bulbos de tulipán. Y lo de "ganar el pan con el sudor de nuestra frente" lo hemos cambiado por "ganar el Edén entero recalificando el suelo tras pedir un crédito hipotecario a la Serpiente". No te jode...

¿Por qué se extrañan tanto de que un elemento como José Luis Rodríguez Zapatero sea el presidente destepaís?. La catadura moral de los españoles ha quedado sobradamente probada esta última decada (bueno, este último cuarto de siglo, pero sobre todo esta última década). "Voy a ganar un huevo de pasta sin mover un dedo, pasándole los ladrillos a otro tonto", pensaban muchos.

Pero la pregunta era obvia: si todos somos listos que nos hipotecamos de por vida para adquirir los ladrillos, ¿quiénes serán esos tontos que nos los van a comprar para hacernos millonarios (porqueyolovalgo)?.

Y lo peor no es que aquí nadie rectifique ni reconozca haber cometido un error. Lo peor es que siempre surge una asociación, una red (red que enreda, no que conecta), o un colectivo, dispuestos a decirle al cirrótico que los malos son los camareros y los dueños de los bares (los mismos camareros y dueños de bares que, preocupados por su salud, se negaron a servirle más alcohol, obligándole a cambiar de sucursal; perdón, de establecimiento, quería decir).

Hubo otro tiempo en el que los usureros eran despreciados. Lo más bajo de la sociedad. Quizás por debajo de las prostitutas, incluso. Al menos, eran tiempos de hipocresía. Tiempos en los que el vicio rendía homenaje a la virtud. Los usureros eran tan despreciados como solicitados.

Porque los usureros existen (independientemente de si son admirados, como ahora, o despreciados, como entonces) porque hay gente dispuesta a aparentar lo que no es. Porque hay gente que cree que "tiene derecho" a hacerse millonaria simplemente por colgar un cartelito de "Se vende" con un número de teléfono.

Si no hubiese gente que se cree más "moderna", o con más "ganas de probar nuevas sensaciones", no habría camellos en las esquinas (o donde se pongan, que no lo sé) vendiendo cocaína. Igualmente, si no hubiese gente que se cree más "lista" que ese vecino que gana dinero trabajando y haciendo algo productivo (que ganar dinero haciendo algo productivo es de "pobres"), o gente que cree tener "más visión de futuro", o que necesita sentirse importante y pasar por lo que no es ni nunca será, los usureros no existirían.

Porque, en otros tiempos, los usureros eran despreciados, sí. Como las prostitutas. Pero, seguramente, despreciados (y a voz en grito, para que se les oyera bien alto) por los mismos que requerían de sus servicios. Ahora, los hidalgos se hacen llamar "clase media", pero sólo ha cambiado una cosa: los usureros son admirados y su tarea es agradecida e incluso tenida por necesaria (porque, si no, no hay manera de ganar cuatro duros y pasar por "clase media"). Y, al igual que las prostitutas, ya no tienen que ocultarse en sus casas, sino que salen por la tele a todas horas.

Y ahora que Shylock exige hacer honor a lo firmado y viene a cobrarse la libra de carne, aquí nadie ha hecho nada mal. Todos somos "víctimas", porque la jugada nos ha salido mal y el pardillo que nos iba a hacer millonarios no aparece por ningún lado.

No conozco a ningún adicto (al alcohol, a la heroína o al dinero prestado) que se haya curado de su adicción gracias a los que le dan cremita por la espalda diciéndole que es sólo una víctima y no ha hecho nada mal. Si algo identifica claramente a un adicto (a lo que sea) son dos cosas: que siempre le echa la culpa a otros de lo que le pasa y de lo que hace, y que siempre hay alguien dispuesto a reforzarle sus fantasías de impotencia e irresponsabilidad, y a convertirle en una "víctima".

Porque (lo saben todas las madres) la culpa es siempre "de las malas compañías". Pero nuestros hijos nunca son "malas compañías" para nadie. El mundo está lleno de hijos santos y "malas compañías" que surgen de la nada, por generación espontánea, y que no tienen madre.

Así que váyanse todos (y no me perdonen el celismo, si no quieren, que la verdad es que me empieza a dar igual) a la mismísima mierda. Víctimas que no lo son y creadores de víctimas que creen que las adicciones se curan diciéndole al adicto lo que quiere oír. Asumamos nuestros errores o, en su defecto, ayudemos a los demás a asumirlos. O callemos para siempre, que ya aburre el rollo de culpar a los poderosos romanos de las maldades cometidas por nosotros, el pueblo elegido.

Y, a los que (con la mejor intención, no lo dudo) hablan de "víctimas de la usura", permítanme recordarles un refrán muy explícito sobre una madre, una hija y una manta.

miércoles, 24 de noviembre de 2010

Metiéndose en política.

En un portal virtual con noticias y artículos de opinión sobre religión (en ocasiones -las menos- la religión católica, y en ocasiones - las más- la religión liberal), se ha publicado un artículo con cierto tonillo de indignación sarcástica, sobre una monja de clausura (cuyo fuerte no parece ser, precisamente, el voto de silencio) que, al parecer, ha tomado parte activa en la campaña política de las elecciones autonómicas que Cataluña padecerá (otros dirán "celebrará") este domingo. Y lo ha hecho pidiendo el voto para Artur Mas.

Para empezar, es de agradecer, comprobando las noticias de las últimas semanas, que la monja (argentina, para más señas, que si los de Bilbao nacen donde quieren, los de Manresa no tienen por qué ser menos) no se haya despelotado ni haya montado ninguna escenita á la Meg Ryan mientras anunciaba su apoyo a Convergencia y Unión.

Sin embargo, el artículo sobre Sor Lucía Caram, que creo que puede considerarse muy acorde con la línea editorial (si se quiere llamar así) de este portal religioso, resulta aún más llamativo si recordamos que, precisamente en este portal, escribe un sacerdote llamado Santiago Martín.

¿Y qué tiene de especial Don Santiago Martín, teniendo en cuenta que hablamos de una monja que pide el voto para Convergencia y Unión?. Pues que Don Santiago Martín publicó en el diario La Razón (L´Osservatore Spagnolo, para los amigos), con el que, según parece, colaboraba habitualmente por aquel entonces, un artículo, pocas semanas antes de las elecciones generales del 2008, pidiendo el voto católico para Mariano Rajoy ("Rajoy tiene que saber que no está solo, que los católicos estamos con él", escribía don Santiago).

El artículo de don Santiago fue, además de entusiasta, muy oportuno, puesto que se publicó poco antes de las elecciones generales y sólo un mes después de una entrevista en el diario El Mundo en la que Mariano Rajoy volvía a defender, con toda la claridad del mundo y sin ambigüedad ni complejo alguno, la postura de su partido (conocida de sobra) sobre temas de suma importancia (se supone) para cualquier católico: favorables al aborto, a la llamada "ley del divorcio exprés" y a los mal llamados "matrimonios homosexuales" (siempre y cuando no los llamemos "matrimonio", que ya se sabe que llevarte lo que no es tuyo está bien, siempre y cuando no lo llamemos "robar").

Ello, sin embargo, no fue óbice para que don Santiago publicase, no hace tanto, un brillante artículo en el que le ponía los puntos sobre las íes al abad de Montserrat, que había tenido la ocurrencia de defender en público... lo mismo que el partido político para el que don Santiago pidió el voto hace casi tres años: que el aborto es muy malo, pero que debe estar permitido porque los que recurren a dicha solución no tienen más remedio (lo mismo que dice Otegi sobre el terrorismo de ETA, para que me entiendan).

Y es que no deja de ser llamativo cómo, los mismos a los que no les extraña - y hasta les complace- que un sacerdote pida el voto para el PP, se indignan soberanamente cuando una monja (que quizás tenga la cabeza más pallá que pacá, todo sea dicho) pide el voto para Convergencia y Unión, un partido cuya ideología, en temas importantes para los católicos, es la misma que la del PP. Y cuya forma de actuar en cuestiones lingüísticas, allí donde gobierna, es también muy parecida (por no decir "idéntica") a la del PP. Pregunten a gallegos, valencianos, mallorquines, navarros o vascos, si no me creen. CyU comparte con el PP incluso el amor por el otrora nefasto estatut, que mereció (como suele ser habitual entre los votantes de la derecha) tanta indignación antes como silencio sepulcral (y blanqueado) ahora.

Y algo parecido ocurre en el estrato episcopal: los mismos que bufan enfadadísimos cuando veían a Monseñor Setién, o ahora a Monseñor Sistach, departir amablemente y echar unas risitas con los políticos nacionalistas vascos o catalanes (respectivamente) no pestañean siquiera cuando un obispo se deja ver en un acto público con un político del PP (luego se quejan de que la Autónoma de Madrid hiciese doctor horroris causa a Santiago Carrillo).

Que ya se sabe que, si un religioso pide el voto para un partido político, eso es mezclar (y está muy mal, oiga)... salvo si el partido para el que pide el voto se llama PP. Y, si un obispo se deja ver compartiendo sonrisitas y fotitos con políticos de partidos de ideología anticristiana, eso está fatal, porque también es mezclar y, además, despista a las ovejas...excepto si esos políticos son del PP.

Y es que, claro, lo que molesta a los antimezcladores no es que Lucía Caram pida el voto para un partido político, sino que no lo pida para el PP. Y lo malo de Monseñor Sistach no es tanto que compadree con afán y fruición con los políticos que gobiernan en su diócesis (al igual que el arzobispo de Madrid y sus auxiliares, sin ir más lejos), sino que compadree con políticos que no son peperos.

Porque lo curioso es que, al fin y al cabo, Sor Lucía Caram está siguiendo al pie de la letra la lógica que esgrimirán millones para votar al PP en el 2011 y el 2012: que lo principal es echar a los socialistas porque hace falta "un cambio". ¿Y qué manera más efectiva y rápida hay de echar a los socialistas del Palacio de la Generalidad que votar a CyU?.

Lo cual, lógicamente, me lleva a dar por sentado que los mismos que recomiendan (pase lo que pase) votar al PP en el 2012 para echar a Zapatero, pedirán que se vote a CyU (el mal menor, ya se sabe...) para echar a Montilla. ¿O es que van a votar al PP, arriesgándose así a que Montilla vuelva a ser presidente otros cuatro años más?.

PS: Miren el título del artículo que publica el Cardenal de la Santa Madre Iglesia que estuvo arropando a Aznar (y eso no es "mezclar", puesto que Aznar es del PP) en su investidura como doctor honoris causa en la citada universidad murciana. Y es que, ya se sabe: "Su madre es una (y) santa, pero él...". Eso.

jueves, 11 de noviembre de 2010

¿Te has dao cuen...? (VIII)

¿...de que los que sostienen que "la verdad (o el bien) se propone, no se impone" suelen estar convencidísimos de que la democracia sí debe imponerse (y a sangre y fuego, si fuere menester), y no sólo proponerse?.

¿Será su forma inconsciente e involuntaria de reconocer que la verdad (y, por ende, la Verdad) y su idolatrada democracia son conceptos, no ya distintos, sino completamente opuestos entre sí?.

miércoles, 10 de noviembre de 2010

Usted no sabe con quién está hablando.

La Basílica sepulcral y la Abadía Benedictina de la Santa Cruz del Valle de los Caídos se encuentran, según la web de Patrimonio Nacional, entre los "monumentos y museos" administrados por este organismo público.

¿Y a qué se dedica este organismo público llamado "Patrimonio Nacional"? A (cito textualmente) custodiar los bienes titularidad del Estado afectados al uso y servicio del Rey y de los miembros de la Real Familia.

Y (corríjanme si me equivoco), eso no significa otra cosa más que lo siguiente: que la Basílica Sepulcral y la Abadía Benedictina de la Santa Cruz del Valle de los Caídos tienen, según la legislación vigente en España, un dueño: papá Estado (y en la web de Patrimonio Nacional, como habrán podido comprobar, hay una foto -algo pequeña, es cierto- de los amos reales -en más de un sentido- de la Basílica).

Así que, nos guste o no (que a mí, al igual que a ustedes, tampoco me gusta), según la legislación vigente, es papá Estado el que decide cuándo, cómo y para qué se utilizan, los bienes cuya titularidad ostenta (la Basílica del Valle de los Caídos, entre ellos). ¿Y cuáles son los objetivos de papá Estado respecto a los bienes administrados por Patrimonio Nacional, y cuya titularidad ostenta? Pues (vuelvo a citar textualmente):

1- Poner a disposición de todos los ciudadanos uno de los conjuntos culturales más importantes de Europa.

2- Conservar y restaurar sus bienes históricos muebles e inmuebles.

3- Preservar y respetar el medio ambiente, flora y fauna de los bosques y jardines que administra.

Así que, en lo que respecta al Valle de los Caídos, papá Estado puede tirar de cualquiera de estos tres puntos para impedir la entrada al recinto y/o la celebración de Misas cuando desee y como desee. Puede dar como excusa que la Misa impide "poner a disposición de todos los ciudadanos uno de los conjuntos culturales más importantes de Europa". Puede cargarse las partes que quiera de la Basílica y de las maravillosas estatuas que la coronan (que, recordémoslo, según la ley, son suyas) con el pretexto de "conservar y restaurar". Y, si papá Estado tiene ganas de echar sal en la herida (y necesita distraer al personal de algún asunto grave que no ha conseguido ocultar), puede derribar la cruz que hay en lo alto de Cuelgamuros aludiendo al peligro que representa para el vuelo de alguna especie de avutarda cuyas cagarrutas, casualmente, acaban de aparecer al pie de la misma (imagino que todos recuerdan el episodio de los providenciales excrementos, presuntamente de lince y que resultaron ser de gato, que sirvieron de pretexto para paralizar la construcción de una autopista no lejos de allí).

Hasta ahora, los monjes benedictinos habían podido celebrar Misas en el interior de la Basílica a las horas anunciadas, porque papá Estado, en su graciosa magnanimidad, así lo había concedido. Pero cuando a papá Estado le ha dado la real (o Real, quién sabe...) gana, el recinto se ha cerrado a cal y canto a una hora a la que se había previsto la celebración de una Misa en su interior (una forma como otra cualquiera, imagina uno, de hacerle una butifarra al Santo Padre, aprovechando que el Tíber pasaba - este fin de semana- por Barcelona y Santiago).

"¡Oiga, es que no nos han permitido celebrar Misa!".

Perdone, amigo, que le paso con Papá Estado (PE):

PE: Falso. La Misa se celebró, como muestran las imágenes que han circulado en los medios de comunicación y por internet. Ancha es Castilla, ¿o no?.

"¡Sí, pero es que no nos permitieron celebrarla en el interior de la Basílica!".

PE: Bueno. Es que la Basílica esa es mía, y yo digo qué se puede hacer ahí y qué no, y cuándo y cómo. ¿Algún problema?. Para mí, es como si te cabreas porque no permito celebrar Misas en el interior del Museo del Prado o en una comisaría de Policía.

"¡Pero eso es una Basílica consagrada a Dios!"

PE: ¿Lo cuálo qué?. Espera un momento, que voy a revisar a velocidad supersónica todas las leyes ésas que vosotros os habéis dado a vosotros mismos y que tanto te gustan (y que tanto insistes, cuando te interesa, en que son "la base de la convivencia" y que deben ser cumplidas porque os las habéis dado a vosotros mismos y blablablá). Mmmmm...¿Dios? ¿Quién es? No sale por ninguna parte en la legislación vigente en España.

"¡Te vas a enterar! ¡Esto es un atentado contra la libertad religiosa!. Se lo voy a contar a Mamá Constitución - que soy patriota constitucional- y te vas a caer con todo el equipo!"

PE:
¿Mamá Constitución?. Espera, vamos a preguntarle...¡Mamá Constitución (MC), pásate por aquí!

MC: Muy buenos días a todos, y saludos cordiales.

PE: Que dice Juanito Apañó, que tanto te quiere y que tanta devoción te profesa, que me vas a echar la bronca y me vas a hacer mucha pupita en el diodenarl porque he cometido algo que se llama "atentado contra la libertad religiosa".

MC: ¿Tú, Papá Estado? ¡Pero si eso es imposible! Tú no puedes cometer atentados de ésos contra la libertad religiosa. Eso, según mi texto, imposible (jurídicamente hablando, claro).

PE: Pues explícaselo a Juanito Apañó, que habla mucho de tí, pero, por lo que veo, no te conoce en absoluto. Por cierto, ¿tú tienes el gusto de conocer a un tal "Dios"?.

MC: Pues la verdad es que no, Papá Estado. En mi texto, no sale por ninguna parte. Bueno, a lo que íbamos; verás, Juanito Apañó, según mi artículo 16, tienes garantizada la libertad ideológica, religiosa y de culto, sin más limitación, en sus manifestaciones, que la necesaria para el mantenimiento del orden público protegido por la Ley.

JA: "¡Ajajá! ¡Te pillé! ¿Has visto? ¡Nadie alteró el orden público, ni tenía la más mínima intención de alterarlo! ¡Mamá Constitución te obliga, Papá Estado, a poner a mi disposición la Basílica! ¡Es mi derecho a la libertad religiosa y de culto! ¡Ya estás soltando la llave de la Basílica, que por estos riscos hace un frío que pela en Noviembre!.

PE: Error, querido Juanito Apañó. Tú tienes "libertad religiosa y libertad de culto" (y te repito que la prueba está en que la Misa se celebró), pero, como habrás podido comprobar, en ninguna parte del artículo 16 de Mamá Constitución dice que yo tenga que poner a tu disposición ninguno de los bienes cuya titularidad ostento -por mucho que tú los llames "templos consagrados a Dios"- para ejercer dicha "libertad religiosa" cuando tú quieras. Siendo yo el titular, los pondré a tu disposición cuando yo quiera. ¿Captas la diferencia?. Además, según Mamá Constitución (a la que tú mismo acabas de aludir -como siempre- como máxima autoridad a la que someterse) utilizando el comodín del llamado "mantenimiento del orden público", puedo prohibir cualquier celebración religiosa que me dé la gana, cuando me dé la gana y dónde me dé la gana.

JA: ¡Pero si sólo somos un grupo de gente formalita y bien vestida! ¿Quién va a alterar el orden público?.

PE:
Bueno, Juanito Apañó, es que el que decide qué significa y qué no significa "alterar el orden público", o cuándo es previsible que ocurra eso que yo llamo "alteración de orden público", soy yo, no tú. Por ejemplo, para mí matar quince niños en una mañana en un abortorio no es "alterar el orden público". Gritar (o la más mínima sospecha de alguien pueda gritar)"¡Viva España!" cuando no hay ningún acontecimiento deportivo de por medio, sí. Y gritar "¡Viva Cristo Rey!", ni te cuento. ¡Ah, por cierto!, el rey que -según las leyes que vosotros os habéis dado a vosotros mismos- tiene el privilegio del uso y disfrute de todos los bienes gestionados por Patrimonio Nacional -incluyendo esta Basílica- se llama Juan Carlos, no Jesucristo. Por si habías pensado otra cosa, aunque dudo mucho que la hayas llegado a pensar siquiera, siendo como eres un "patriota constitucional".

JA: ¡Esto no tiene nada que ver con lo que yo me había imaginado!.

PE:
Ya lo sé, Juanito Apañó, pero es que tienes la costumbre de votar o firmar textos que no te has leído y cuyo contenido desconoces, o no te has parado a analizar seriamente (aunque luego los menciones como si supieras de lo que hablas), y luego te llevas estas sorpresas. Por cierto, ¿qué tal la hipoteca?.

martes, 9 de noviembre de 2010

Laicismo, no hay más que uno.

No suelo ser un gran fan de los viajes papales. Aparte de que suelo tener cierta alergia a las multitudes, el último medio siglo demuestra que los problemas de la Iglesia y en la Iglesia se han ido incrementando al mismo ritmo con que aumentaba la frecuencia con la que los sucesores de Pedro hacían kilómetros a bordo del Air Vatican I (o como quiera que se llame el avión del Papa). También se ha dado, estos últimos años, la coincidencia de que las pequeñas, pero evidentes, correcciones de rumbo al timón de la barca de Pedro han ido acompañadas de una disminución de la frecuencia y duración de los periplos extramuros del Obispo de Roma.

Independientemente de si lo primero fue el huevo o la gallina, o si se utiliza -o se ha utilizado- la gallina de los viajes para tapar el huevo de la apostasía silenciosa (jajaja, "silenciosa", jajaja, muy bueno, oiga...), lo cierto es que ser Papa es una tarea harto difícil. Y no tanto por los extraños, sino más bien por los que se afirman (y gustan de hacerlo a grito pelado) propios. Al fin y al cabo, es de cajón, y como tal se asume, que los enemigos declarados le están esperando a uno, detrás de cualquier esquina y con el cuchillo dialéctico (de hoja oxidada, sí, pero precisamente por ello más infecta y peligrosa) entre los dientes, para tratarlo como sospechoso habitual, a base de intentar utilizar en tu contra cualquier cosa que digas.

Pero el caso es que acaba resultando mucho más peligroso el ladrón de guante blanco (con su traje, su corbata, y sus tropecientos máster a cuestas) que el quinqui navajero de aspecto zarrapastroso. El aspecto y los ademanes de este último revelan sus intenciones y nos alertan de la conveniencia de poner pies en polvorosa ipso facto. En cambio, aquél se nos presenta como un amigo que nos ayudará a ganar mucho dinero; su peligro no está en sus ademanes agresivos, sino en su capacidad de mimetismo o camuflaje tras unos modales y una apariencia impecables. Y, puestos a escoger entre dos males, mejor caer en las manos de un macarra maloliente y poco aseado, que muy probablemente se conforme con lo que lleves en el bolsillo, que en las zarpas del ladrón trajeado y encorbatado, que puede llegar a conseguir (millones de españoles son la viva muestra de ello) que le pases al banco la mitad de tu sueldo durante toda la vida a cambio de un zulito de 40 m2 (y, si tienes mala suerte y no puedes cumplir con las cuotas, a cambio de nada).

Igualmente, poco peligro tienen, para los católicos y a la hora de la verdad, los rojetes que, para cumplir con la obligación contraída a cambio de la subvención, las prebendas del cargo, o la futura pensión máxima vitalicia, le lanzan (o le intentan lanzar, que no ofende el que quiere, sino el que puede) dardos al Papa. Reconozco que pueden llegar a ser harto irritantes (igual que el quinqui con andares de muerto viviente, fruto de su adicción a la heroína), pero, al igual que éste, no engañan a casi nadie.

Sin embargo, los que se revelan (como el ladrón de guante blanco) letales son los medios de comunicación que, en algunos casos, llegan incluso a ponerse en la portada el escudo de la tiara y las dos llaves cuando el Papa está de viaje, pero tergiversan las palabras del Pontífice para ponerlas al servicio de la ideología (o la falta de ella) que sustenta la línea editorial del medio en cuestión (a veces incluso tergiversan lo que el Papa aún no ha dicho).

Sin duda, las palabras de Benedicto XVI más comentadas durante estos últimos días han sido unas pronunciadas como respuesta a unas preguntas hechas por los periodistas en el avión que le traía a España. En ellas, estableció un evidente e indudable paralelismo entre los trágicos sucesos de la década de los 30 del siglo pasado y la situación actual que vivimos en España, demostrando ser plenamente consciente de ella (por si alguien lo dudaba, dicho sea de paso). Las palabras, traducidas del italiano, fueron las siguientes (recogidas de una fuente fiable, como creo que es ésta):

"En España nacieron una laicidad, un anticlericalismo, un secularismo fuerte y agresivo, como pudimos ver precisamente en los años treinta. Esta disputa, más aún, este enfrentamiento entre fe y modernidad, ha vuelto a reproducirse en la España actual".

Los medios afines al antizapaterismo (tanto la facción Esperancista como la Gallardonita) se han apresurado a resaltar la primera mitad de este párrafo, haciendo hincapié en el carácter agresivo (o especialmente agresivo, diría yo) del laicismo del gobierno actual, al que califican de "laicismo agresivo de la izquierda".

Como si el laicismo (definido, sin distinción alguna, como "peste de nuestros tiempos" por Su Santidad Pio XI en la Encíclica Quas Primas) no fuese agresivo per se. Como si hubiese alguna subespecie de laicismo que no fuese agresiva, o que no buscase la expulsión de Dios y de su Iglesia de la vida pública (sea enseñando los dientes para morder, o para esbozar una hipócrita sonrisa).

Evidentemente, la moto laicista que intentan vender los medios del antizapaterismo español (aun siendo la derecha un invento funesto, en España ya no hay derecha - ni siquiera centrorreformismo- sino, simple y llanamente, antizapaterismo) es que hay un laicismo bueno y un laicismo malo. Y la burra que vende la derecha es siempre de la misma estirpe:

¿Que los Papas condenan el liberalismo? Es que hay un "liberalismo bueno" (el de ahora, llamado "liberalismo económico") y un "liberalismo malo" (el de antes, llamado "liberalismo anticlerical"). ¿Que un Papa llama "crimen abominable" al aborto?. Es que hay un "aborto defendible" (el nuestro, llamado "delito despenalizado") y un "aborto indefendible" (el de los sociatas, llamado "derecho"). ¿Que la Iglesia condena como ilícito moral las uniones entre personas del mismo sexo? Es que hay "uniones buenas entre personas del mismo sexo" (las nuestras, llamadas "no-se-sabe-aún-cómo-pero-ya-se-nos-ocurrirá-algo") y "uniones malas entre personas del mismo sexo" (las de los sociatas, llamadas "matrimonio homosexual").

¿Y el laicismo? Pues más de lo mismo: hay un "laicismo malo" (el de los sociatas, llamado "laicismo agresivo") y un "laicismo bueno" (el nuestro, llamado "aconfesionalismo").

La burra del "laicismo bueno" fue puesta a la venta, con gran éxito, por un respetado y respetable doctor de la Iglesia, cuyas enseñanzas han desplazado a las de Santo Tomás de Aquino y San Agustín de Hipona como referencia de casi todos los católicos actuales: nada más y nada menos que Monsieur Le Président de la Republique Française, don Nicolas Sarkozy, famoso y conocido, no sólo por ser marido de quien es, sino por ser autor de la expresión "laicidad positiva".

Una expresión que ha causado furor entre los católicos españoles (y de otros países, imagino), sencillamente, porque justifica su forma de pensar y de actuar (proclamando a voces su catolicismo cuando conviene, pero olvidándose de él cuando toca apoyar a la asociación, partido o grupo preferido). Y no deja de ser indicativo que los que venden como dogma de fe para los católicos esta expresión del marido de la ex-cantante suelen ser los mismos que se pasan por el arco del triunfo liberal las clarísimas e inequívocas encíclicas papales sobre el laicismo (empezando, obviamente, por la Quas Primas).

Quizás no tardemos mucho en oír felices ocurrencias como "blasfemar en positivo", "herejía constructiva" (si bien la única herejía que, para muchos católicos parece existir hoy en día, es precisamente pronunciar la palabra "herejía"), o "sacrilegio integrador" (ideal para justificar desmanes litúrgicos, oiga). Bastará, probablemente, con que las proponga en público un político de derechas (no vale un sacerdote, un obispo -ni siquiera el de Roma- que lo importante es que la fuente sea "aconfesional", como ya hemos dicho) para que sean recibidas con alegría y entusiasmo por la grey católica laicamente positiva (truco infalible: si camufla el engendro sintáctico entre feroces y continuadas críticas a Zapatero, el éxito está asegurado).

Porque, hoy en día, y gracias a los políticos, medios y asociaciones de la derecha, se ha conseguido que sean los propios católicos, los que, bajo el paraguas del "laicismo bueno" ("aconfesionalismo", para los amigos), prohíban a todo quisque todo aquello que les escandaliza verlo prohibido con la excusa del "laicismo a secas" o el "laicismo agresivo".

Prohíba usted hablar de religión o mencionarla, o los crucifijos, en nombre del "laicismo a secas", y los católicos laicamente positivos le saltarán al cuello. Prohíba usted hacer alusiones a la religión o utilizar la religión como argumento (o los crucifijos), pero en nombre de la "aconfesionalidad", y los católicos laicamente positivos no sólo le aplaudirán, sino que se arremangarán prestos para mandar callar (o a paseo) al incauto (que ya no será "un valiente ciudadano consciente de sus derechos", sino un extremista) que se atreva a arruinarles, con su presencia o sus palabras, su trabajadísima corrección política ("corrección política" o "hábil estrategia" que ellos mismos llaman, cuando lo hace la izquierda, "atentado contra la libertad religiosa").

Con la excusa del "laicismo bueno" se ha conseguido incluso, que algunos católicos prohíban, en los actos que organizan, rezar el Rosario. Todo, por supuesto, por "no ofender a otros" ("otros" entre los que no está incluida, obviamente, la Madre de Dios). Hagan la prueba y vayan a la calle Viladomat, en Barcelona, la noche de cualquier día 25 del mes. Cuando localicen un nutrido grupo de personas con velitas, acérquense y recen, en voz alta, un avemaría. Unos cuantos católicos, muy comprometidos con su sana laicidad, le invitarán a callarse o a marcharse. El mismo "tipo" de católicos que estallarían de indignación si se enterasen que a un militante de las Juventudes Socialistas le han prohibido rezar un paternoster en un acto de esta organización (en el improbable caso de que se le ocurriese), y presentarían semejante prohibición como una demostración de "laicismo del malo".

Y es que, fíjense ustedes qué casualidad: los medios de la derecha se han olvidado de comentar la segunda parte de este párrafo de las declaraciones del Papa: que el conflicto de la Fe no es sólo con la variante quinqui del laicismo, sino con la modernidad. Esa "modernidad" que los católicos liberales venden, no ya como aliada de la Fe (¿para qué queremos más, si lo dice Sarkozy, que le ha ganado varias elecciones a los sociatas franceses?), sino como su catalizadora y perfeccionadora (si no me creen, vayan a algún congreso de una asociación que lleva las palabras "católica" y "propagandistas" en su nombre). Que ya se sabe este invento de la Fe era una cosa de brutos y cavernícolas hasta que Montesquieu, Voltaire y demás compaña vinieron a ayudarla a progresar adecuadamente.

Y es que, como recordaba el profesor Javier Paredes en un excelente artículo al que uno tiene que volver una vez tras otra, la persecución laicista agresiva está ya muy vista: la sangre de los mártires es semilla de nuevas conversiones y, además, los católicos se ponen en guardia. Por eso, la jugada maestra, hoy en día, consiste (como en todo lo demás) en vender una versión presuntamente tolerable y benigna (sí, va con segundas) del Mal (el aconfesionalismo, en el caso de la peste laicista), con la que se ha conseguido que sean los propios católicos los que encabecen - elevando las relaciones públicas al rango de fin en sí mismo- las prohibiciones y las persecuciones que tanto temen de la izquierda.

Pero no dejen que les distraiga con mis divagaciones: mientras los amigos aconfesionales les prohíben rezar en sus actos, o hablar de religión, o hasta llevar crucifijos en el cole, sigan dándole leña al mono socialista -y al nacionalista catalán-, que son de goma (y para eso están, por si no se habían dado cuenta).

lunes, 25 de octubre de 2010

Revolution Street (X): Enemigo Único.

La conocida técnica propagandística del Enemigo Único, en la que se muestra a la población un solo responsable de todos los males ocurridos, ocurrentes y por ocurrir, y según la cual todos los males se acabarán cuando se quite de enmedio (a veces políticamente, pero en muchas ocasiones hasta físicamente) al presunto culpable -o culpables, que a veces el Enemigo Único son millones de personas- de todo, tiene varios objetivos.

Por un lado, busca el justificar o ignorar los desmanes de los que efectúan dicha propaganda. Al fin y al cabo, si el mundo será un paraíso terrenal cuando quitemos de enmedio al Enemigo Único, todo se debe dar por bien empleado, y no es plan de aguar la fiesta poniéndose a soltar moralinas. Incluso se considera válido y justificable comportarse peor aún que el Enemigo Único, si eso sirve para quitarlo antes de la circulación. Podemos hacer de todo, y comportarnos de forma inmoral, zafia, hipócrita y repetir los vicios del Enemigo Único elevándolos al cubo, si es necesario, que la simple confesión verbal de rechazo hacia el Culpable de Todo absolverá al fanático de todos sus pecados.

Pero, por otro lado, la identificación del Enemigo Único produce otro fenómeno: que dicho Enemigo se convierte en el referente moral de todos los que creen que todo cambiará automáticamente cuando sea eliminado. Un referente moral inverso, pero referente al fin y al cabo. El rechazo a dicho Enemigo se convierte en el DNI -yo diría que hasta en el ADN- que identifica a los buenos, aunque piensen cosas totalmente distintas e incompatibles entre sí. A los obsesionados con el Enemigo Único se les reconoce porque no identifican a los buenos por sus actos (ni siquiera por sus palabras) sino porque dan por sentado que todo el que rechace al Enemigo Único y quiera eliminarlo debe ser bueno, a la fuerza (haga lo que haga y diga lo que diga) y ven, en cualquiera que exprese su rechazo al Enemigo Único, no ya a un aliado, sino hasta un alma gemela (aunque sus formas de pensar no tengan nada que ver la una con la otra).

En España, y en el régimen político en el que vivimos (bajo el que vivimos, mejor dicho) ese Enemigo Único, para gran parte de la población, y desde la transición (transición desde la prosperidad económica y la justicia social al robo institucionalizado, quiero decir) ha sido un grupo muy concreto: Los socialistas (el PSOE, más concretamente). Especialmente cuando gobiernan, y más concretamente su líder (o al que identifican como su líder): el presidente del gobierno.

Si a todo esto añadimos la tendencia de la mente revolucionaria a coger el rábano por las hojas y a juzgar, no el árbol por sus frutos, sino los frutos según el árbol del que proceden, el desastre está servido: si critica a los socialistas, es bueno, o es de los míos, y todo lo que hace, de una forma u otra, debe considerarse bueno o disculpable o, en su defecto, debe darse por bien empleado.

Es este el sencillo mecanismo (la obsesión por el Enemigo Único) el que ha llevado a parte de la "derecha de toda la vida" a votar o, al menos, sentir simpatía, por UPyD, un partido aún más socialista y anticatólico que el PSOE (que de boquilla es muy agresivo, cierto, pero necesita - a la hora de la verdad- mantener ciertas apariencias para no disgustar a buena parte de su electorado, que, paradójicamente, es muy conservador y "religioso a su manera" -piensen en Andalucía, Extremadura, Castilla-La Mancha, o el extrarradio de Barcelona, por ejemplo). Rosa Díez critica al PSOE con mayor frecuencia que Rajoy, ergo Rosa Díez mola más que Rajoy; que sea peor que Rajoy - y que Zapatero- en todo lo demás, carece de importancia al lado de los repetidos éxtasis antizapateriles que sentimos cuando, con sus críticas al PSOE, nos toca esa parte de nuestro cerebro sensibilizada previamente para tal efecto por la propaganda del Enemigo Único.

Por supuesto, también influye que haya gente dispuesta a tirarse por un barranco si así se lo pidiera su locutor radiofónico favorito pero nótese que el locutor radiofónico favorito de la derecha que mira con simpatía a Rosa Díez es, casualmente, el que pone a parir al PSOE con mayor frecuencia - y ya se sabe: si critica al PSOE, tiene que ser bueno; y si es el que, con mayor frecuencia critica al PSOE, entonces es el mejor, y no se hable más.

Y es que, además, fíjense detenidamente en un detalle: en cómo la masa pepera juzga a los políticos de este partido, no por lo que hacen o dejen de hacer, sino por la virulencia y la frecuencia con la que critiquen al PSOE. Ya puede una ser la mayor financiadora de abortos de España, o permitir a los colegios madrileños que prohíban a los alumnos llevar crucifijos al cuello, que si critica al PSOE un día tras otro, esto último, por sí solo, la revela como la mejor política de España.

¿Qué ha hecho mal Rajoy que no hiciese Aznar? ¿En qué se diferencia el "PP de Rajoy" del "PP de Aznar? En nada. El "golpe de timón" del famoso congreso de Valencia, no fue programático, sino dialéctico. El PP ha seguido (si se fijan bien) haciendo lo mismo de siempre (sus abortos, su reparto gratuito y fetén de la PDD -los socialistas, al menos, la venden a 20 euros-, sus conchabeos con los nacionalistas, o la implementación de políticas nacionalistas en regiones en las que el PP gobierna con mayoría absoluta), pero, de alguna manera, ha renunciado a criticar con tanta frecuencia -salvo excepciones- al PSOE (signo ominoso de que el lobo tiene tan seguras a las ovejas en el redil que hasta puede permitirse el lujo de quitarse la piel de cordero).

Naturalmente, que el PP siguiese con "lo suyo", sigue sin molestar a su electorado, pero que Rajoy y su equipo (por pereza o, simplemente, por falta de necesidad) dejasen de poner a parir a los socialistas con la intensidad con la que lo hacían (hacen) Aznar y su gente...¡ah, no! Eso es inconcebible. Decenas de miles de niños asesinados mediante abortos provocados...eso tiene un pase. Que no se raje adecuadamente del malvado Zapatero y sus secuaces, eso es algo que -así lo afirmaban las masas peperas- resulta imperdonable por los siglos de los siglos. Amén.

Bueno, "amén" hasta que han empezado a salir encuestas en las que Rajoy sacaba ventajas por encima de los diez y doce puntos (hasta quince, según algunas). Como por ensalmo, ha desaparecido esa legión de peperos de principios infranqueables que, antes de votar a Rajoy, estaban dispuestos a cortarse a pelo lo que se cortó -con anestesia y en su día- Carmen de Mairena. De pronto, el cobarde ha pasado a ser un "inteligente estratega" (nótese, una vez más, como la misma conducta es definida de una u otra manera, según convenga) que (resulta) sabía lo que estaba haciendo. Porque la derrota del Enemigo Único es Lo Único Importante. Y los principios no negociables lo son hasta que Lo Único Importante se cruza ante nuestras narices.

Pero no crean que sólo las masas peperas o socialistas (para éstas, el Enemigo Único que lo justifica todo -hasta la ruina familiar y quedarse en paro- es el PP) son vulnerables a esta propaganda que lleva a la gente a este tipo de obsesión. Piensen en la cantidad de patriotas y/o tradicionalistas (a falta de palabras mejores, que si quieren puedo decir "ultraderecha") que revelan haber sido influidos por la propaganda del Enemigo Único reaccionando, de forma automática e inconsciente, con simpatía ante cualquiera que rompa a poner a parir a un sociata.

Por ejemplo, sintiéndose fascinados por ciertos medios de comunicación -peperos a más no poder- que, casualmente (siempre los mismos síntomas, siempre la misma enfermedad), son vistos por buena parte de la ultraderecha (para entendernos) con una simpatía directamente proporcional a la frecuencia y la intensidad con la que critican a los socialistas (luego, claro, vienen las sorpresas porque el escorpión -como siempre- le pica a la rana que lo llevaba a cuestas cruzando el río).

Que alguien critique a un socialista, por supuesto, no significa que esté de acuerdo contigo en nada más. Y no significa, desde luego, que comparta contigo nada de lo que es fundamental para tí; si acaso, demuestra tener contigo en común algo accesorio que saca a relucir para llevarte al huerto. Que alguien critique a un socialista no significa que sea tu aliado. De hecho, la mayor parte de los que critican a los socialistas, simplemente lo hacen para quitarlos y ponerse ellos a hacer lo mismo (o algo peor, si cabe).

Si ustedes persisten en ver aliados donde no los hay, o creen ver asociaciones y grupos afines en aquéllos cuyo fin es obliterar y hacer desaparecer a los suyos -aunque sea absorbiéndolos-, sepan que se debe a que, aunque no se den cuenta de ello, en sus cabezas y sus corazones, conceden mayor importancia a lo que odian -los malvados sociatas- que a lo que aman (su Patria, su Fe, sus Principios No Negociables, o lo que más gusten).

Y por eso -y no por otra cosa- acuden al 17-O, pero tienen clarísimo que no harán huelga el 29-S. Por eso - y no por otra cosa- disculpan o quitan importancia, una y otra vez, a la hora de colaborar con la derecha, a lo que no admite excusa ni el más mínimo paño caliente cuando de la izquierda se trata. Por eso- y no por otra cosa- se juntan, se acercan o se intentan arrimar ustedes a los que no dudan en pisotear todo aquello que ustedes aman exactamente igual (o incluso más) que hacen aquellos a los que ustedes odian.

Por que son ustedes víctimas - aunque nunca se lo hayan planteado así- de la táctica progagandística del Enemigo Único.

Y así, rociada por el sistema con dicha propaganda, la ranita ultraderechista persiste en el error de creer que la llave que le abrirá la puerta de salida del laberinto del ostracismo consiste en ayudar - una y otra vez- al escorpión derechoide a cruzar el río, viendo un aliado en el que no es sino un enemigo letal.

¿Recuerdan Octubre de 1982?. "Hay que votar a Fraga para que los socialistas no saquen mayoría absoluta".

Jajajajaja.

Pues no se rían, que, treinta años después, seguimos igual (pero creyéndonos más listos porque hablamos de cadalsos a causas y tronos a consecuencias, eso sí). Ni siquiera hace falta votarlos. Han colocado señuelos (léase plataformas, foros, asociaciones varias cuyos nombres incluyen, frecuentemente, la palabra "libertad") para que podamos apoyarlos sin necesidad de votarlos (y hasta para que les imitemos).

Cambien el chip.

PS: Se admiten emilios asesorando sobre cómo se programa la publicación de entradas, que ésta (publicada hoy, 28 de Octubre), ha salido con la fecha en la que se escribió parte de la misma.