jueves, 25 de noviembre de 2010

Yo mismo con mi victimismo.

Vivimos en un país (y perdonen ustedes el perezrevertismo) cojonudo.

Aquí nadie tiene culpa de nada. Nunca. Y nadie se equivoca. Ni nadie mete la gamba. Eso sí, nos quejamos mucho cuando vemos a un político hacer lo mismo (es decir, empecinarse en el error). Como si los políticos no fuesen otra cosa que las bacterias que crecen y se multiplican nutriéndose del caldo de cultivo adecuado.

Aquí, cuando vienen mal dadas, o nos sale rana el superplan, o la genial estrategia, o sufrimos bucho (como decía el genial Millán Salcedo, de Martes y Trece), nadie tiene nada que rectificar. Antes partíos que doblaos, como dijo una ministra a quien su sucesor hará buena.

Aquí, cuando pintan bastos, todos los valientes, todos los "emprendedores", todos los "inversores", todas las "mujeres que hacen lo que quieren con su cuerpo, que para eso son libres", se tornan en "víctimas de...".

Nadie les puso una pistola en el pecho o en la sien para hacer lo que hicieron, ni para meterse en los berenjenales en los que se metieron. Es más: en casi todos los casos hubo algún alma bienintencionada que les avisó de las, no sólo previsibles, sino impepinables consecuencias de sus actos, y recibió como respuesta algún desaire o alguna mirada de conmiseración.

Y, claro, la culpa de su alcoholismo la tiene el camarero. La de su cáncer de pulmón, la estanquera. La culpa del asesinato de su hijo (por el que ellas pagaron el sueldo de un mes) resulta que la tiene el mismo padre del niño, a quien quizás llamaron de todo y tan patético les pareció cuando les imploraba por la vida de su retoño. Y la culpa de haberse endeudado de por vida, es del banco. Porque resulta que ese señor del banco, tan trajeado, tan aseado, tan engominado, tenía la obligación (aunque él no lo supiera) de ser nuestra madre, nuestra niñera y nuestro mejor amigo. Y debería habernos cortado la mano antes de dejarnos firmar la hipoteca.

Aunque eso es lo que decimos ahora. Hace cuatro o cinco años, si el banco no nos hubiese concedido la hipoteca, hubiéramos montado una que ni te cuento. Habríamos salido por la tele, con cara lastimera, en algún programa hablando de "derechos" (a la vivienda, ¡a la hipoteca!). Ahora somos "víctimas" porque nos han permitido firmar una hipoteca (como si los documentos de la misma estuviesen escritos en búlgaro o en camboyano). Entonces hubiéramos sido "víctimas" si no nos hubiesen permitido firmar la hipoteca. Si ustedes no han escuchado estupideces como "derecho a hipotecarse", es que no han vivido en España estos últimos años.

España, el país en el que las hipotecas "se concedían". Como si entregarle a un banco la mitad de tu sueldo durante toda tu vida fuese un privilegio. Toma castaña.

Y ahora resulta que los que creyeron que iban a hacerse ricos sin trabajar entregándole a Shylock una libra de su carne (¡y de la de sus padres!) han caído en la cuenta de la trampa en la que se metieron porque (ya es oficial, lo dijo hasta Informe Semanal este sábado) no hay pringados (o gente aún más pringada que ellos) dispuestos a comprarles por 50 lo que ellos compraron por 40. De hecho, los medios del régimen (y es sabido que todos los que van de "víctimas de..." se niegan a aceptar la realidad que tienen ante los ojos hasta que los medios del régimen se lo confirman) les empiezan a decir que con un canto en los dientes pueden darse si consiguen colocar por 20 lo que compraron por 40.

España es un país de usureros fracasados que ahora claman ser "víctimas de la usura". Un país de sinvergüenzas dispuestos a venderle su alma al diablo (aunque entonces no era "el diablo", sino "mi amigo, el del banco") para poder meterse en el juego de la compraventa de inmuebles y ganar dinero a costa de traspasarle el muerto a otro pardillo lo antes posible.

Y no me vengan con el cuento del "es que algunos se lo compraron para vivir, no para especular". Si se lo compraron hipotecando hasta la dentadura postiza de los abuelos fue porque estaban convencidos de que, si la cosa se fastidiaba, le podrían traspasar el muerto (y con beneficios) a algún idiota. ¿Cuántos hubieran "comprado para vivir" si hubiesen pensado que lo que compraban por 50 iba a venderse por 40 dos años después?.

¿Ah, que no lo sabían? Es que Dios crea idiotas (millones todos los días) cuya misión es comprarnos nuestras posesiones, a los enteraos de la vida, por lo que pidamos. Es cuestión de encontrarlos. Lo que pasa es que Zapatero los ha ahuyentado con su mala gestión económica. Sí, sí. Los capitalistas lo sabemos, y por eso hemos creado una nueva biblia. Al Redentor lo hemos rebautizado (que somos más chulos que nadie, San Juan Bautista) y ya no lo llamamos Jesús de Nazaret, sino Jesús Von Mises. Y al séptimo día, Dios no descansó, sino que lo dedicó a crear a los tontos a los que les revenderemos los bulbos de tulipán. Y lo de "ganar el pan con el sudor de nuestra frente" lo hemos cambiado por "ganar el Edén entero recalificando el suelo tras pedir un crédito hipotecario a la Serpiente". No te jode...

¿Por qué se extrañan tanto de que un elemento como José Luis Rodríguez Zapatero sea el presidente destepaís?. La catadura moral de los españoles ha quedado sobradamente probada esta última decada (bueno, este último cuarto de siglo, pero sobre todo esta última década). "Voy a ganar un huevo de pasta sin mover un dedo, pasándole los ladrillos a otro tonto", pensaban muchos.

Pero la pregunta era obvia: si todos somos listos que nos hipotecamos de por vida para adquirir los ladrillos, ¿quiénes serán esos tontos que nos los van a comprar para hacernos millonarios (porqueyolovalgo)?.

Y lo peor no es que aquí nadie rectifique ni reconozca haber cometido un error. Lo peor es que siempre surge una asociación, una red (red que enreda, no que conecta), o un colectivo, dispuestos a decirle al cirrótico que los malos son los camareros y los dueños de los bares (los mismos camareros y dueños de bares que, preocupados por su salud, se negaron a servirle más alcohol, obligándole a cambiar de sucursal; perdón, de establecimiento, quería decir).

Hubo otro tiempo en el que los usureros eran despreciados. Lo más bajo de la sociedad. Quizás por debajo de las prostitutas, incluso. Al menos, eran tiempos de hipocresía. Tiempos en los que el vicio rendía homenaje a la virtud. Los usureros eran tan despreciados como solicitados.

Porque los usureros existen (independientemente de si son admirados, como ahora, o despreciados, como entonces) porque hay gente dispuesta a aparentar lo que no es. Porque hay gente que cree que "tiene derecho" a hacerse millonaria simplemente por colgar un cartelito de "Se vende" con un número de teléfono.

Si no hubiese gente que se cree más "moderna", o con más "ganas de probar nuevas sensaciones", no habría camellos en las esquinas (o donde se pongan, que no lo sé) vendiendo cocaína. Igualmente, si no hubiese gente que se cree más "lista" que ese vecino que gana dinero trabajando y haciendo algo productivo (que ganar dinero haciendo algo productivo es de "pobres"), o gente que cree tener "más visión de futuro", o que necesita sentirse importante y pasar por lo que no es ni nunca será, los usureros no existirían.

Porque, en otros tiempos, los usureros eran despreciados, sí. Como las prostitutas. Pero, seguramente, despreciados (y a voz en grito, para que se les oyera bien alto) por los mismos que requerían de sus servicios. Ahora, los hidalgos se hacen llamar "clase media", pero sólo ha cambiado una cosa: los usureros son admirados y su tarea es agradecida e incluso tenida por necesaria (porque, si no, no hay manera de ganar cuatro duros y pasar por "clase media"). Y, al igual que las prostitutas, ya no tienen que ocultarse en sus casas, sino que salen por la tele a todas horas.

Y ahora que Shylock exige hacer honor a lo firmado y viene a cobrarse la libra de carne, aquí nadie ha hecho nada mal. Todos somos "víctimas", porque la jugada nos ha salido mal y el pardillo que nos iba a hacer millonarios no aparece por ningún lado.

No conozco a ningún adicto (al alcohol, a la heroína o al dinero prestado) que se haya curado de su adicción gracias a los que le dan cremita por la espalda diciéndole que es sólo una víctima y no ha hecho nada mal. Si algo identifica claramente a un adicto (a lo que sea) son dos cosas: que siempre le echa la culpa a otros de lo que le pasa y de lo que hace, y que siempre hay alguien dispuesto a reforzarle sus fantasías de impotencia e irresponsabilidad, y a convertirle en una "víctima".

Porque (lo saben todas las madres) la culpa es siempre "de las malas compañías". Pero nuestros hijos nunca son "malas compañías" para nadie. El mundo está lleno de hijos santos y "malas compañías" que surgen de la nada, por generación espontánea, y que no tienen madre.

Así que váyanse todos (y no me perdonen el celismo, si no quieren, que la verdad es que me empieza a dar igual) a la mismísima mierda. Víctimas que no lo son y creadores de víctimas que creen que las adicciones se curan diciéndole al adicto lo que quiere oír. Asumamos nuestros errores o, en su defecto, ayudemos a los demás a asumirlos. O callemos para siempre, que ya aburre el rollo de culpar a los poderosos romanos de las maldades cometidas por nosotros, el pueblo elegido.

Y, a los que (con la mejor intención, no lo dudo) hablan de "víctimas de la usura", permítanme recordarles un refrán muy explícito sobre una madre, una hija y una manta.

15 comentarios:

Seneka dijo...

Estando, como estoy, absolutamente de acuerdo con el cogollo de lo que dices, he de decirte que por supuesto que SI existen víctimas de la usura. Que el común de las gentes se mueva en las "coordenadas morales" que describes no quiere decir que no haya excepciones (y no pocas).

¿Has pensado, por ejemplo, en los miles y miles de autónomos que se han quedado con la brocha en la mano y las entidades dedicadas a la usura les tienen acogotados? Yo conozco algunos, y no responden para nada a tu descripción. Hay todo un mundo más allá de la especulación inmobiliaria.

Museros dijo...

Como casi siempre, Seneka, hay excepciones. Si no lo digo, es porque lo veo tan obvio que considero que se da por sentado. Sin embargo, la victimización colectiva para evadir responsabilidades siempre conlleva convertir la excepción en regla, y viceversa.

La especulación inmobiliaria es el botón de muestra más obvio (y abundante, y grave), y que sirve de ejemplo, sin perjuicio de que haya otros ejemplos distintos.

Porque, respecto a los autónomos que mencionas, ¿cuántos de ellos están como están por haber hecho tratos -con el cebo de una supuesta futura ganancia millonaria- con una administración pública - o empresario- que paga si quiere y cuando quiere? Porque seguro que todos conocemos a algún autónomo que (por mucho que le prometan el oro y el moro) se niega a trabajar bajo esa modalidad de pago llamada "aplazado".

Y a esos autónomos, Shylock, como a todos los demás, únicamente les reclama lo que firmaron (sin pistola en la sien, volvamos a la casilla de salida). Así que, de ser "víctimas" (que lo dudo, puesto que existe la opción de no aceptar pagos aplazados, aunque eso suponga no poder hacer cuentas de la lechera tan embriagadoras) lo son, no del banco que les reclama lo voluntariamente pactado, sino de aquéllos que no les pagan lo que les deben.

Seneka dijo...

Que una sociedad corrompida es el mejor caldo de cultivo para la usura es también evidente, no parece que haya que dedicarle al tema mucho esfuerzo intelectual.

A partir de ahí, el juicio que haces sobre esos miles de autónomos me parece de todo punto desenfocado. La cuestión no es si "están como están por haber hecho tratos -con el cebo de una supuesta futura ganancia millonaria- con una administración pública - o empresario- que paga si quiere y cuando quiere", sino que en esa sociedad corrupta en la que viven la cosa no da para más, es lo que hay. La mayor parte de ellos tienen que sacar adelante una familia que necesita comer todos los días, no creo que tengan mucho tiempo para dedicarse a "cambiar el sistema".

Museros dijo...

Hay muchas formas de alimentar a una familia que no suponen, necesariamente, aceptar pagos aplazados. Ya te digo, Seneka, que conozco gente que se niega a fotocopiar un solo folio a la institución pública de turno si no se lo pagan al instante, como todo hijo de vecino.

Creo que lo desenfocado es asumir como necesario e inevitable algo cuando siempre existe la opción de no hacerlo.

Tirando del hilo, llegamos siempre al mismo punto de partida: se asumen riesgos voluntariamente. Los riesgos se saben, se conocen. Y, aun sabiéndolo, decide uno jugar la partida. Luego, cuando la jugada sale mal, le echamos a otros las culpas de los riesgos que asumimos voluntariamente y a sabiendas.

Por alguna razón, en la bolsa todo el mundo asume que eso es así. Todo el mundo se reiría de alguien que dijese que "Telefónica me ha engañado" porque sus acciones de Telefónica bajan de precio. Sin embargo, en otros campos, mucha gente le echa a otros la culpa de las decisiones y los riesgos asumidos voluntariamente en su momento.

Una cosa es que la jugada salga mal (que nos puede pasar a todos), y otra que uno sea "víctima" de los riesgos que asume voluntariamente. Y, por supuesto, que uno no sea "víctima" de los riesgos que asume voluntariamente no quita que el que no honra lo pactado y no paga por los servicios realizados sea un caradura como la copa de un pino (como poco).

Seneka dijo...

Perdona, pero me choca (y mucho) que des por sentado que un autónomo puede desarrollar su negocio sin someterse a la presión de los plazos en el pago, y consideres un elemento intocable el "riesgo crediticio". Las dos variables forman parte de la misma ecuación, y una juega contra la otra. Lo que si es absolutamente excepcional es el caso de autónomos que pueden permitirse el lujo de controlar las dos, por su posición privilegiada en el mercado.

Seneka dijo...

Otra cosa, comparar el riesgo en el pago de un crédito necesario para vivir con el riesgo que corre un JUGADOR de bolsa es desenfocar por completo el tema. Parece que te estás olvidando de que el sujeto es un ser humano y, en cualquier caso, estás desarrollando el discurso del usurero.

Gonzalo dijo...

Coincido bastante con Seneka en lo de los autónomos, aplaudiendo también la denuncia que haces del victimismo.

En lo de los autónomos, tengo un amigo con una modesta empresa de instalaciones eléctricas. Él ha sido quien me ha ido radiografiando la situación económica desde principios de 2007 (ya sabéis, cuando nada hacía presagiar...) Conforme pasaban los meses le iba preguntando por el trabajo y siempre me decía que de trabajo, igual o mejor. De cobros...

Y es que cuando acudía a una obra con la oferta, las condiciones de pago del contratante, en todos los casos, se iban haciendo más y más puñeteras conforme pasaba el tiempo. Al principio empezó a dejar de trabajar con quien no le garantizaba pagos en menos de tal plazo, pero al final tenía que decidir entre entrar al juego y confiar en cobrar tarde, mal y poco, o largar a 20 trabajadores para mantener la empresa trabajando sólo con quien te garantiza el pago.

Y ha tenido que echar a gente, afortunadamente menos de la que temía, precisamente por eso, por trabajar de manera más segura, con pagos garantizados o clientes de cierta confianza. Porque se encontraba con trabajos hechos que a él no le pagaban y con los trabajadores que en tiempo y forma habían cumplido diciendo que de su sueldo ¿qué?

Museros dijo...

No considero intocable el "riesgo crediticio". No estoy defendiendo cómo funcionan las cosas, ni que deban funcionar así.

Lo que estoy diciendo es que se asumen voluntariamente unos riesgos y, cuando la cosa sale bien, no se oyen quejas (y lo que he ganado utilizando de combustible el crédito del usurero, es para mí, que me lo he currado), pero cuando se tuercen las cosas, el infierno siempre son los otros.

Mi discurso no es el del usurero. Decir que asumir riesgos no te convierte en "víctima" de los riesgos que asumes no es defender al usurero, ni mucho menos.

Lo que sí abunda es el discurso del mercader de Venecia, que después de acudir al usurero y suscribir voluntariamente un contrato, se queja, cuando las cosas se tuercen (pero sólo cuando se tuercen), de que el usurero exija cumplir con lo firmado.

De todas formas, permíteme señalar que estamos discutiendo sobre las excepciones, y no sobre lo más común. Que la inmensa mayoría de los que ahora (cuando ya es obvio que les ha salido mal la jugada) se presentan como "víctimas de la usura" son hipotecados que tenían la completa seguridad de poder dar el pelotazo a costa del prójimo si venían mal dadas.

Museros dijo...

Gonzalo:

El ejemplo que cuentas es el de una persona que parece prudente (ojo, no digo que a todos a los que el toro ha pillado de una u otra manera hayan sido imprudentes necesariamente).

Ciñéndonos a la situación (en general) de los autónomos que sufren impagos (ya digo, excepciones dentro de la enorme cantidad de "víctimas de los bancos" que ahora salen debajo de las piedras), otros, en situación parecida a la de tu conocido, han optado por tirar para adelante y trabajar completamente "a pelo" (o sea, sin cobrar), quizás pensando que era verdad que esto de la crisis era una cosa que pasaría en tres o seis meses y luego volveríamos a atar a los perros con longanizas ladrilleras. Y, para ello, quizás, hipotecando (aún más) patrimonio familiar para poder ampliar el negocio.

Fray_Fanatic dijo...

Yo me acuerdo, siendo niño, de ver a mi padre -economista- sentado durante una tarde entera echando números y cálculos para mudarnos a un piso mayor.

Eso, a finales de los 80. En plena época de tipos del 12% e inflaciones del 17%.

Pero voy más allá: Es que me acuerdo de como en cierta ocasión un vecino con menos formación que él -no recuerdo si taxista o camionero- le fue a pedir el favor de que le hiciera parecidos cálculos. Porque el tipo no había ido nunca a una Universidad, pero aquello de que una hipoteca de 100 al 10,5% significaba que terminabas pagando pagabas 110,5 no le cuadraba en absoluto.

Sería por la cultura del esfuerzo. O por los tipos de interés altos. O por culpa del Caudillo. Pero **la gente se tomaba muy en serio eso de contraer deudas**. Si sabías, te lo calculabas tú. Si no sabías, buscabas un tipo que supiera hacerlo.

Lo que hemos tenido en esta burbuja ha sido exactamente lo contrario: No tengo ni zorra idea de como se calcula un interés compuesto, pero me hipoteco a 30 años. No comprendo un pijo de los papeles que quiere el banco que firme en el Notario, pero no solo los firmo yo sino que además me llevo a mi padre/suegro/loquesea de avalista "que me han dicho que es lo normal".

Tengo mi despacho de Abogado en una zona muy humilde de Madrid. Lo abrí en 2003. En siete años, solo un comprador de vivienda se ha presentado en él con un borrador de lo que le iban a hacer firmar en la Notaría para que se lo explicara y revisara previamente a la firma.

Eso sí, desde finales de 2007 tengo un interminable desfile de pobres desgraciados con ejecuciones hipotecarias, intentos de dación en pago y situaciones desesperadas varias.

Será por la LOGSE. O por los tipos de interés bajos. O por culpa de Aznar. Pero **estos osados a quienes les parecía muy buena idea pagar los muebles del piso o el viajecito al Caribe a 30 años y a tipo variable sin pararse a pensar ni por un instante en asesorarse son y deben ser considerados individualmente responsables de su mala cabeza**.

Así que sí. Museros ha escrito una entrada ENORME, así con mayúsculas.

Gonzalo dijo...

Estoy de acuerdo, Fray, y muy acertado el caso de las cuentas de tu (nuestros) padre(s) frente a la suicida y estúpida confianza de la burbuja.

Sólo puntualizaba algunas cosas sobre la realidad a la que se han enfrentado autónomos de buena fe, que no se han endeudado por codicia sino porque sus clientes, empresas privadas de conocida solvencia, un buen día les dejaron de pagar y ellos se encontraron una fila de 20, 40 ó 100 trabajadores con la pretensión de cobrar el trabajo ya realizado.

Evidentemente eso no quita de lo otro.

Fray_Fanatic dijo...

Como el que no quiere la cosa, estamos pagando el 5,21% de interés anual a los compradores de bonos españoles a 10 años.

Y el que tenga oídos, que escuche.

Tiomasplasta dijo...

Museros, eres un coñazo. Siempre criticando, siempre menospreciando. El Grito contra la Usura es una iniciativa loable, que sólo le puede disgustar a un pulcro rigorista como a ti. Aburres.

Museros dijo...

Gracias, Fray Fanatic.

Que tener problemas y necesitar ayuda no significa ser una "víctima" lo demuestra la actitud de los que ahora sí se gastan los cuartos en un abogado: como no pudieron darle el sablazo a nadie revendiendo el piso, ahora intentan darle el sablazo a los impositores de las entidades bancarias mediante fórmulas como la dación en pago. Que otros paguen mi deuda, que yo soy una víctima (por supuesto, si hubiesen revendido el piso con beneficios, ni hablar de compartirlos con nadie).

Y se supone que a estos angelitos, que pretenden que otros, haciéndose cargo de su deuda, sí sean víctimas de su intento fracasado de usura revendedora, hay que tenerles lástima, cuando lo que tienen es más peligro que una piraña en un bidé...

Gonzalo:

Recapitulo y aclaro que hemos argumentado acerca de algunos casos concretos que, sin ser escasos, sí son excepcionales comparados con el perfil de la "víctima de los bancos" descrita en el artículo, que es la mayoritaria.

Tiomasplasta:

Según han tenido la amabilidad de explicar los que dirigen la iniciativa "Grito contra la Usura" (loable y, por ello, entre la lista de blogs a los que enlaza éste), su objetivo actual (sin perjuicio de otros futuros) es ayudar a la gente a recuperar comisiones indebidamente (ilegalmente, se entiende) cobradas.

Es decir, ayudar a recuperar lo que es suyo a aquéllos a los que el banco (u otra empresa) reclama (o quita) algo no pactado en su momento.

Sin embargo, las inmensa mayoría de las "víctimas de los bancos" que están apareciendo hasta debajo de las piedras de dos o tres años a esta parte (y lo que te rondaré, morena), no son gente a los que los bancos reclaman algo no pactado, sino gente a los que los bancos reclaman lo pactado (sin que eso quiera decir necesariamente que lo pactado sea justo).

¿La mala cabeza de los endeudados justifica al acreedor? De ninguna manera. Pero, al mismo tiempo, la maldad o insensibilidad del acreedor no convierte al deudor, automáticamente, en una hermanita de la caridad.

La gran mayoría de las "víctimas de los bancos" que hay ahora en España son aspirantes a usureros (fracasados) a los que les ha salido mal su intento de darle el sablazo al vecino. Y encima se quejan del usurero que les prestó el dinero a ellos, cuando su gran ilusión era imitarlo, en la medida de lo posible.

La burbuja inmobiliaria, como decía alguien sobre las circunstancias, no ha hecho sino poner en evidencia de qué pasta está hecha un gran número de españoles.

Embajador en el Infierno dijo...

Interesante la entrada y los comentarios.

Añado a lo que dice el Fray sobre su padre que en aquellos tiempos las hipotecas efectivamente se "concedían", porque para que te concedieran una hipoteca "había que presentar hasta el certificado de penales" - palabras estas de mi padre que todavía no se si son una exageración gráfica o una realidad. Pero si se que por aquellos entonces las daban a según quien y como.

Muy de acuerdo con él en que hoy en día muy pocos hacen un mínimo análisis de sensibilidad. O sea, ponerse a hacer números e intentar ver como se queda uno si en vez de tener que pagar 500 euros al mes de hipoteca, de repente tiene que pagar 800, o si resulta que se queda sin trabajo, o si ..... lo que tu quieras. Como el hacer esos cálculos para tomar mi primera hipoteca me produjo una úlcera de estomago (no es coña) jamás he entendido a los que se endeudan en yenes (por poner un ejemplo) con toda la alegría y tranquilidad del mundo.

En cualquier caso me parece que las generalizaciones en este caso (como en otros) sirven de poco y resultan hasta maniqueas. Desde luego la culpa es de alguien y a mi me parece que esa culpa es compartida. En este asunto hay un mucho de avaricia (tanto por parte del prestamista, como del prestatario) y mucho de engaño y de querer dejarse engañar. Y al final, como de costumbre, las victimas lo son de su propio pecado. Si lo sabré yo que he estado a punto de caer como un pichón en la última emisión de obligaciones convertibles del Banco Popular. Una trampa para osos de primera categoría. Y si yo, que se una o dos cosas del tema, he estado a punto de caer por fijarme solamente en los titulares y no ir a la letra pequeña, no quiero ni pensar la que le habrán colado a personas que sinceramente confían en el director de su sucursal del Banco Popular.

Y estando muy de acuerdo con la idea de que nadie le agradece al usurero cuando las cosas van bien, también creo que entre los usureros es habitual el engaño, taimado y escondido. Un engaño que se aprovecha de la credulidad, ignorancia y por supuesto avaricia del personal. DE LAS TRES COSAS, no solo de una de ellas.

Y yo si que creo que de la misma forma que es una cuestión de moralidad pública bien entendida el impedir a un borracho la entrada en los bares del pueblo, lo es impedir a un chaval de 25 años con su primer trabajo el endeudarse hasta las cejas por 30 años. Un director de banco tiene una responsabilidad con la comunidad más allá de maximizar el beneficio para sus accionistas. Y creo que pensar lo contrario es lo mismo que creer en la "mano invisible".

En mi humilde opinión lo ideal sería que las asociaciones de defensa de victimas, además de su loable defensa de las mismas, procuraran darles un poco de formación humana básica, empezando por repetir insistentemente la idea-karma de que nadie vende duros a cuatro pesetas. Perdón por la autocita, pero en su día propuse un utilísimo Curso Básico de Inversión en diez cómodas y rápidas lecciones. Que por lo menos saquen un bien (el aprendizaje para el futuro y el de sus hijos y nietos- tradición) del mal que se han o se les ha causado. Es, en fin, la vieja idea de que mejor que darle un pez a un hambriento es enseñarle a pescar.