sábado, 28 de enero de 2012

Como si los bajaras, pero subiéndolos...

Como ustedes sabrán, Mariano Rajoy se ha pasado años repitiendo que la única manera de remontar la situación económica era bajando los impuestos, entre otras cosas. Se hartó, también, de recordarnos que subir los impuestos suponía echar más leña al fuego y empeorar lo que, ya de por sí, estaba mal.

No le faltaba razón (en eso) al actual presidente del gobierno. Difícilmente va a mejorar el nivel de vida de la población si el gobierno la empobrece más todavía confiscándole un porcentaje aún mayor de sus ya exiguos ingresos.

Sin embargo, como ustedes también sabrán, lo primero que hizo Mariano Rajoy como presidente del gobierno fue...subir los impuestos. Tal y como había anunciado, en su día, hasta don Alfredo Pérez Rubalcaba. Un señor que tiene fama de mentiroso pero que suele decir la verdad...cuando habla del PP.

La excusa para tomar tal medida fue que una cosa llamada "la herencia recibida" era mucho peor de lo que habían imaginado o conocido.

Esta excusa es completamente falsa. Al fin y al cabo, el engendro conocido como "la herencia recibida" consiste, casi en su totalidad, en deuda generada por las comunidades autónomas, casi todas ellas gobernadas por el PP. Y otro buen pedazo de la "herencia recibida" es la deuda generada por los ayuntamientos. Y en los ayuntamientos gobernados por el PP, el ratio pufo/habitante es mayor que en los gobernados por el PSOE, llegando a ser el doble si sólo se tienen en cuenta las capitales de provincia.

Pero, aun suponiendo que fuese cierta la excusa proporcionada por el actual gobierno, acompañada de las correspondientes lágrimas de cocodrilo, lo cierto es que carece de toda lógica utilizarla como justificación de la subida de impuestos.

Porque, si la única forma de mejorar la situación económica es bajando los impuestos y dicha "situación económica" resulta ser peor de lo imaginado, lo lógico, entonces es bajar los impuestos aún más de lo previsto, no subirlos.

Porque la lógica de la maquinaria propagandística del PP es la misma que la de un médico que, al comprobar que la bronquitis crónica de su paciente se ha agravado, decide recetarle un par de cajetillas de tabaco diarias como remedio.

Y ahora piensen en lo bien que se lo van a pasar viendo las caras que ponen sus amigos, familiares y conocidos peperos cuanto les suelten el cuento de la "herencia recibida" y reciban esta respuesta.

Esos mismos familiares, amigos y conocidos que, antes de Navidad, les daban la lata diciéndoles que era imprescindible bajar los impuestos para salir de la crisis. Y que, antes de Nochevieja, les seguían dando la vara diciendo que, para salir de la crisis, era imprescindible subir los impuestos.

Para todo lo demás, recuerden, el dinero de plástico.

jueves, 26 de enero de 2012

Ley de Lynch

El régimen político que no quería saber nada de la cadena perpetua anuncia su intención de instaurar la cadena perpetua.

Se utilizará la llamada "alarma social" como excusa para encerrar, arbitrariamente, de por vida a quien rechiste. Bastará con que los voceros del régimen (subvencionados todos ellos, y reclamando más subvenciones aún en los tiempos que corren) te acusen de haber hecho algo, y que lo hagan durante el tiempo suficiente con titulares llamativos.

Ignacio ha bautizado este invento (redescubrimiento, mejor dicho) con su nombre de toda la vida: la ley de Lynch.

Así, la famosa reforma de la justicia anunciada por el gobierno ha resultado ser, simplemente, lo siguiente: a partir de ahora, el Tribunal Supremo en España lo compondrán, en la práctica, Pedro Piqueras, Jorge Javier Vázquez (et al.), Pepa Bueno, Matías Prats y las vistosas señoritas que presentan los telediarios en la Sexta.

Censura en internet, corralito, subida de impuestos, ley de Lynch...Y todo, en menos de dos meses. Hasta los fedeguicos están firmes y en primer tiempo de saludo, publicando hagiografías de don Mariano y el ministro Montoro, y cantando loas al otrora "jefe del PP malo" (el actual ministro de Justicia)...

¿Seguro que aún no habéis empezado a echar de menos a Zapatero?...

sábado, 21 de enero de 2012

Fachastrofismo.


Y es que...¿Quién lo iba a decir?, ¿quién iba a suponer que...?, ¿cómo íbamos a saber que...?. ¡Si todo esto era imposible de prever!...

Uno de ellos...

...debería pagar derechos de imagen al otro y, sin embargo, no lo está haciendo. Adivinen ustedes cuál es.

viernes, 20 de enero de 2012

Inspirados en el humanismo cristiano.

Últimamente no sigo mucho (casi nada, la verdad) las webs sobre noticias relacionadas con la religión (y digo "la religión" en el sentido más restrictivo imaginable, que ya saben ustedes que "religión" sólo hay una, y lo demás son herejías). Pero, gracias a los fachamigos, carcamigos y demás especies híbridas que pululan por las redes sociales, he podido enterarme que en algún tugurio de Madrid, en una exposición artística subvencionada por el Ayuntamiento de la Villa y la Corte (que para eso abundan los villanos y las cortesanas en la capital del reino) se ha mostrado un montaje fotográfico que, a la liberal manera, representaba a un Cristo con los genitales al aire.

Naturalmente, y como suele ser habitual, las protestas más ruidosas y más oídas han procedido del mismo "sector de la sociedad" (que dirían los cursis) que sigue aupando, en el gobierno del Ayuntamiento (con perdón de la expresión) a los que ahora están y llevan estando desde hace décadas. Que ya se sabe que la conciencia se lava con el detergente de la incoherencia (nombre suavón de la hipocresía de toda la vida), rasgándose la camisa de Ralph Lauren o la blusa de Burberrys ante la constatación de las previsibles y consabidas consecuencias de nuestros actos (sí, no se extrañen: la blusa también. ¿O creían que la gente se gasta 10.000 euros en cirugía estética mamaria para esconder o no aprovechar la más mínima oportunidad de exhibir el resultado?).

El Ayuntamiento ha respondido a "los suyos" (porque lo son, en el sentido más posesivo del término) que muchas gracias por su interés y su "conciencia cívica", pero que las elecciones generales ya fueron hace un par de meses, y para las próximas municipales queda todavía mucho; y que, conociendo a la perfección la prodigiosa memoria de sus votantes (similar a la de una ameba con Alzheimer), dejan la foto estar. Bueno, en realidad no han dicho eso, pero todos sabemos que es lo que piensan. Acertadamente, añado.

Y, en esta ocasión, los aguerridos (aguirreados, en realidad) cambiadores de la sociedad, que por cambio entienden "más de lo mismo de siempre de toda la vida", ni siquiera pueden agarrarse al mito del partido en el que habría buenos y malos.

Porque la alcaldesa de la capital de España es ella, la más bella. No Gallardón, sino la Botella.

Y, como bien saben ustedes, doña Ana, quien comparte afición al bronceado perenne con otras ilustres compañeras y compañeros (no se me esconda, don Eduardo) del partido, es la legítima de uno de los miembros del consejo de administración de las empresas del magnate Rupert Murdoch. Un señor cuyo sueño (aunque él nunca lo reconocerá) inconfesable e inconfesado es -sospechamos- salir en la portada de la revista Men's Health. Hablamos, claro está, de don José María Aznar, quien también fue presidente del gobiernodespaña.

Pero no sólo eso: Doña Ana es bien conocida, como tantos otros compañeros del partido, por haber dejado su ADN impreso, saliva mediante, en los anillos de un sinfín de obispos y cardenales. En público, claro, que es como siempre les ha gustado a los fariseos hacerlo todo. Son esos gestos que tan nerviosos ponen a los fans de doña Ana -y del partideo- cuando los realizan (pongamos por caso) don Francisco Vázquez o don José Bono, que son dos señores que todavía no se han enterado que hay cosas que sólo se pueden hacer si uno tiene carnet del PP (que es la versión laica, democrática y liberal de las indulgencias plenarias).

Y don José María, que es algo así como la versión (per-versión, más bien) centrorreformista de Viriato, Isabel la Católica y Santiago Matamoros juntos y revueltos, ha sido bien conocido también por, entre otras cosas, sus insistentes alusiones a un conceto denominado "Humanismo Cristiano", pujando incluso por su inclusión en la llamada "Constitución Europea" (un documento demasiado claro y sincero, a fuer de malvado, como para incluir tan contradictorias y confusas expresiones).

Porque, como bien podemos comprobar, a tenor del ejemplo que nos da ahora la señora alcaldesa de la capital de España, que no hace otra cosa sino lo que hacen sus compañeros de partido por toda la geografía española, el llamado "humanismo cristiano" no sólo tiene bien poco de cristiano (ya que nadie, en su sano juicio, identificaría con el cristianismo una imagen de Cristo con los genitales expuestos), sino que, al faltar de este modo al respeto al Creador, bien poco tiene de humano.

Que al final, y es uno de los signos de los orwellianos tiempos que nos toca vivir, humanismo resulta a "ser humano" lo mismo que liberalismo a "libertad", o socialismo a "sociedad": una palabra que suena parecida y que sirve, primero de sucedáneo, y luego, de enterrador.

Oración...

...para cuando uno se Levante:

MariCamps es mi pastor. Nada me Fabra.

Sirva la ilustrativa lista del montaje de la derecha (nunca mejor dicho) para explicar clara y sucintamente qué entienden por "buena gestión"
todos esos millones de españoles que creen saber de economía tanto como de fútbol. De hecho, ahora que lo pienso, saben tanto de economía como de fútbol, ya que están convenci
dos (nunca se lo han cuestionado, probablemente) que saber significa "repetir en el bar, como un loro, lo que he escuchado en la tele y la radio".

Reconozco que la inclusión de la visita del Papa en la lista me resultó incómoda al principio, ya que es fácil interpretarla también c
omo una crítica a Benedicto XVI. Es muy probable, de hecho, que los que han confeccionado esta imagen hayan tenido tal propósito. Pero lo cierto es que no se puede reprochar, en absoluto, al Santo Padre, la posibilidad de que los mercaderes del templo hayan podido aprovechar o utilizar su viaje a la millor terreta del món como una excusa más para meter la mano donde no debían.

Y es que, si para muchos, el buen fútbol, al final, no consiste en otra cosa que el "que ganen los míos, aunque sea a patada limpia y de penalti injusto" (rasgamiento de vestiduras incluido si son los otros los que consiguen así la victoria), la buena gestión siempre ha sido lo mismo: que despilfarren y nos arruinen los nuestros.