lunes, 12 de septiembre de 2011

Vagos y privilegiados.

No sé si ya empiezan a darse cuenta, pero, cada cierto tiempo (y cada vez con mayor frecuencia, me parece) los políticos y su prensa afín descubren, por sorpresa y como quien no quiere la cosa, un grupo de "vagos privilegiados": un colectivo profesional que (presuntamente) trabaja poco, gana demasiado y, además, suele realizar una tarea que cualquiera podría realizar con los ojos cerrados y una mano rascándose el ombligo (como mínimo).

Y ése colectivo de "vagos privilegiados" (pásmense ustedes) nunca son los políticos, a quienes podríamos calificar de "colectivo" y de "profesionales" - dado que han hecho de la política su modus vivendi, trincandi et recalificandi- pero a quienes de ningún modo podríamos acusar de trabajar (a pesar de que los políticos suelen caer frecuentemente en el grave error concetual de creer que "trabajo" y "campaña electoral perpetua" son términos sinónimos).

Los últimos imputados como tal han sido los profesores de instituto de la Comunidad de Madrid. Hace no tanto (y ya se avisó en este blog que no serían los únicos) fueron los controladores aéreos de toda España y, desde hace poco, los farmacéuticos de Castilla-La Mancha, a quienes se les ha metido en la cabeza la absurda idea de que, si en Cospedalia hay dinero para aumentar el número de altos cargos y pagarles mejor, debería haber dinero también para pagar los medicamentos de la llamada "ciudadanía" (medicamentos que los boticarios de esta región llevan varios meses costeando de su propio bolsillo).

Lo cierto es que estas acusaciones de no dar un palo al agua y cobrar una millonada por no hacer nada útil suelen encontrar bastante eco (y de forma muy fácil) entre los españoles, una y otra vez. Sí, los españoles. Ya saben: los mismos españoles que nunca fallaríamos un penalti en el último minuto delante de 100.000 personas, y que meteríamos el doble de goles que Cristiano Ronardo por la centésima parte de su sueldo. Los mismos españoles que, mientras escuchamos las noticias sentados en el sofá del salón, tenemos clarísimo que podríamos hacer, sin ningún problema y a la perfección, el trabajo de cualquier otro (en cambio, hacer el nuestro medianamente bien -paradojas de la vida- nos suele costar bastante más esfuerzo, suponiendo que lo hagamos).

Pero, además, en los últimos tiempos (como ya digo) el número de colectivos profesionales acusados de "vagos privilegiados" empieza a ser tan numeroso que uno se encuentra con varios amigos, familiares o conocidos que forman parte de uno de ellos. Y se asombra uno también de sus reacciones. Porque, cuando los "vagos privilegiados" son otros, resulta que los medios de comunicación dicen la verdad, y los políticos, unos valientes que se enfrentan a una casta cerrada, infranqueable y, hasta entonces, invencible. Pero, ¡ay!, cuando los "vagos privilegiados" somos nosotros (o nuestros colegas de profesión), resulta que nos damos cuenta de que los políticos son unos sinvergüenzas que mienten sin pudor ni recato, y los medios de comunicación (incluidos ésos que seguimos con tanta fidelidad), unos estómagos agradecidos que manipulan a conveniencia del partido al que sirven.

Y lo cierto es que, controladores aéreos, no conozco ninguno. Pero farmacéuticos y profesores, unos cuantos. Y ahora que a un servidor le comentan, con enfado, las barrabasadas que los caciquillos regionales (o sus mandados) pretenden hacerles a sus compañeros de profesión, les recuerdo (con toda la diplomacia posible, que temo escasa en lo que a mi persona se refiere) si algo parecido no les habría podido ocurrir, el año pasado, a los controladores aéreos (a quienes los farmacéuticos y profesores que conozco dedicaron, con alguna excepción, epítetos y calificativos irreproducibles incluso en este blog).

Porque ya es casualidad que los medios de comunicación, cuando dicen que el vecino es un vago que vive fenomenal y gana un pastizal sacándose los mocos de la nariz, siempre digan la verdad, pero se equivoquen y mientan si a nosotros nos acusan de lo mismo. Que hasta acaba escuchando uno a farmacéuticos quejarse amargamente de cómo los media maltratan a sus colegas castellanomanchegos, para acto seguido ponerse a rajar a gusto de esos profesores de instituto de Madrid que tanta caradura tienen (y viceversa también, se lo aseguro), dando por sentado que esos mismos media sí dicen toda la verdad en el caso de los otros.

Y, claro está, les pregunta uno si, quizás, en el caso de los otros, no podría estar ocurriendo lo mismo que en el de sus colegas de profesión: que los medios estén mostrando a la gente, no ya un punto de vista, sino una serie de datos que nada tengan que ver con la realidad.

Porque hay un patrón que también se repite con matemática precisión, regularidad y constancia: cada vez que los políticos se plantean la privatización o la cesión (por la patilla) de la explotación de un servicio público a unos amigos o amigotes, se descubre, en dicho servicio público (pueden ser los aeropuertos, la educación, quizás pronto la sanidad...) un grupo de quejicas que viven a cuerpo de rey, y a quienes nuestros sufridos y esforzados políticos tienen que meter en vereda (y siempre a base de trabajar más horas por menos dinero).

Y otro síntoma que resulta preocupante es escuchar a casi todo el mundo llamar "sueldazos" a salarios que, hoy en día, no permiten un nivel de vida tan boyante como podríamos creer. Porque si un salario de 2.500 euros te parece un "sueldazo", tienes un problema. Y tu problema no es el salario de 2.500 euros del vecino. Tu problema es tu salario, que seguramente es una hez del tamaño de una ensaimada , pinchada en un palo más grande que las lanzas del cuadro de Velázquez y no te da ni para pipas (por desgracia). Y tu problema no se arregla empobreciendo al vecino, ni empeorando sus condiciones de trabajo. Tu problema se arregla mejorando las tuyas. Que no porque al vecino le bajen su sueldo o le hagan trabajar más horas va a bajar tu hipoteca, el precio de la gasolina o la cuota del seguro de tu coche.

Otra cosa es que, con el tiempo, te hayas acabado resignando y autoconvenciéndote (que es bastante más cómodo, reconozcámoslo) de que tu infrasalario es razonable, y el de los otros, un lujo y un dispendio intolerable. Que, al fin y al cabo, es lo que quieren los políticos, para los tiempos que vienen: que creamos que cualquiera que trabaje menos de doce horas al día y gane más de 700 euros al mes es un jeta que, de alguna forma, nos está robando el pan de nuestra familia.

Porque entonces, siguiendo esa lógica, tendríamos que concluir que en tiempos del oprobioso régimen anterior, los españoles, que con su sueldo de curritos podían mantener a su señora y a cuatro o cinco churumbeles y pagar su piso con cuatro letras de cambio, se habían convertido en unos niñatos consentidos, en unos "vagos privilegiados" a los que la democracia liberal estaría poniendo (no sin esfuerzo) en el sitio que merecen a base de contratos temporales hasta la jubilación y salarios inframileuristas.

Y es que la prueba de lo bien que nos han comido el coco durante todos estos años es que cualquier sueldo que pase de 2.000 euros nos parezca -en general- un lujo y un privilegio injusto, cuando con un sueldo así (con uno solo, quiero decir, ya que nos comparamos con los tiempos de la oprobiosa) una familia con tres hijos no es que no llegue a fin de mes. Es que no llega a la cuarta semana. Y si un sueldo con el que malamente puede llegar a fin de mes una familia entera (no digamos ahorrar para el futuro o para pagarle la carrera a los niños cuando crezcan) nos parece ya un lujo persa el asunto supera el calificativo de "muy grave" y se merece el de "orwelliano".

Y, mirushté, mientras en España haya un solo político que cobre un sueldo, o varios, amén de dietas exentas de impuestos, por no hacer nada..Políticos que tienen derecho a coches oficiales, escolta y pensiones vitalicias tras haber abandonado el cargo (a pesar de ser firmes partidarios del despido libre sin indemnización alguna)...O buenos gestores (también políticos en muchos casos, como Rodrigo Rato) que (a pesar de declararse grandes enemigos del intervencionismo estatal) salvan su banko con 500.000 millones de pesetas de dinero público, mientras se autoasignan sueldos de varios millones de euros, plantearse si en España hay asalariados que ganan demasiado o hacen demasiado poco, no sólo es perder el tiempo, sino que supone (y esto es lo que se pretende) desviar la vista de esos verdaderos "vagos privilegiados" (vagos a más no poder, privilegiados como nunca en la historia de España) que, para mantener su suntuoso nivel de vida, necesitan reducir el nuestro a la más absoluta de las miserias.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Museros, no te pierdas el último hallazgo del argumentario "provida": El aborto es malo porque mata la vida sexual de la mujer.

http://infocatolica.com/blog/esferacruz.php/1109130604-ipodremos-terminar-con-el-abo

(Perdón por el off-topic.)

azahar dijo...

De algún sitio tendrán que sacar los cuartos para llenar sus bolsillos, ciudadano Museros: a base de desvalijar a quien no puede defenderse.

Lo peor es que los malos gestores de los fondos públicos no asuman su responsabilidad con penas de cárcel por estafa o embargándoles sus bienes, tal y como ocurre con cualquier administrador común.

No, ellos a disfrutar de su botín (curioso famoso apellido para un banquero) y la borreguería votándoles para que sigan haciendo lo mismo.

Si es que sarna con gusto no pica.