domingo, 9 de octubre de 2011

Treinta años no son nada.

Seguramente, a muchos de los lectores de esta bitácora habrán podido comprobar, a estas alturas, la similitud (al menos, en el lema) entre los carteles electorales del PSOE para los próximos comicios con los del referéndum convocado por el régimen anterior (sí, ése que tiene la culpa de todos los problemas del régimen actual) para aprobar la Ley Orgánica que nombró, como sucesor del anterior Jefe del Estado, al que tenemos hoy en día (propaganda engañosa, como pueden comprobar, ya que se utilizaba el nombre de Franco como aval -y hasta tapadera, diría yo- de su sucesor en la Jefatura del Estado, a quien ya entonces se le consideraba, por lo que podemos ver, como "el innombrable").

45 años separan aquel referéndum de las ya cercanas elecciones generales (¡O tempora, o mores! A los españoles se les convocaba a las urnas para refrendar leyes orgánicas, y ahora reforman la constitución - ésa que, cuando interesa, sirve como excusa para no hacer esto o lo otro "porque, si lo hiciéramos, habría que reformar la constitución"- y, de propina, nos dan la libertad de no ser consultados en absoluto).

Sin embargo, lo que no parece llamar tanto la atención (imaginamos que no interesa) de las despiertas mentes de muchos es la escandalosa (por obvia) similitud que también existe entre los carteles de dos campañas electorales: la que, hace treinta años, llevó a la presidencia del gobierno a Felipe González (hoy calificado de "prudente hombre de estado" por los mismos familiares, vecinos y amigos que, hace quince años, le consideraban el enemigo público número uno) y la que llevará, no sé si a su pesar (este fin de semana sacaron al estrado, en Málaga, a José María Aznar en un descarado intento de movilizar al electorado socialista), a Mariano Rajoy a una victoria por mayoría absoluta casi tan aplastante como la conseguida por el otrora abogado laboralista sevillano.


El cambio (innegable, en muchos aspectos, casi todos negativos, en el ejemplo del PSOE en 1982) prometido ahora consiste, nada menos, que en poner de presidente del gobierno a un señor que, hace ocho años, era vicepresidente del gobierno (para Rajoy, la política ha sido como subir un ochomil de ésos: los últimos metros han sido los más difíciles de escalar y los que más tiempo le han llevado -nada que no pueda sobrellevarse con adecuadas dosis del Marca y Teledeporte para combatir el aburrimiento). Es decir: que no es un cambio, sino una reposición.

Con muchos paralelismos con las reposiciones que, en las salas de cine, se hacen de películas ya estrenadas hace tiempo, pero reeditadas ahora en diferentes formatos o con escenas (léase: "propuestas programáticas", en el caso de la política) que, antes, se dejaron fuera del metraje porque se consideraron demasiado fuertes para los gustos del público, pero que ahora, ya pueden ser incluidas porque el respetable ha recibido, durante todos estos años, dosis repetidas y suficientes de crudeza audiovisual cada vez mayor.

Es lo que le ocurrió a éste que les escribe cuando se metió, hace ahora once años, en un cine a ver el llamado "montaje del director" de la película "El exorcista", estrenado casi treinta años después de la versión originalmente estrenada en la gran pantalla. Si con el montaje de 1973 pasé miedo, el del 2000 me costó acudir al trabajo, al día siguiente, tras una noche de completo insomnio.

Así que ya lo saben: Si la versión del cambio de 1982 les metió el miedo en el cuerpo (y en el alma, no lo olvidemos), el "montaje de los directores" (como quiera que se llamen) que se estrenará en el 2012 incluirá escenas nunca vistas anteriormente que dejarán a los españoles petrificados y agarrados al sillón (al del salón de su casa o al del carguete) de tal guisa que se les olvidará hasta levantarse para hacer cola ante la oficina del INEM más próxima (algo que, de ocurrir, no tardaría en ser presentado por el próximo gobierno como un síntoma de mejoría).

PS: Escuchando, hoy día, los elogios que recibe Felipe González, imaginen los que, seguramente, recibirá Zapatero, dentro de no mucho tiempo, por parte de los mismos que ahora le consideran el Gran Satán, y sonrían un rato.

PPS: Unos copian a Franco; los otros, a Felipe González. El Enemigo Único (sea quien fuere) parece ejercer, en sus detractores, una especial fascinación que les lleva a intentar emularlo de una manera u otra.

2 comentarios:

Gonzalo dijo...

Jojojojo.

Copio, enmarco, reenvío, difundo...

Museros dijo...

Gracias, Gonzalo.

Un saludo.