sábado, 1 de enero de 2011

2011

En primer lugar, quiero empezar este año agradeciendo a todos sus felicitaciones, tanto las de Navidad como las de Año Nuevo.

Orisson nos ha felicitado el Año Nuevo, en Facebook, con la siguiente frase:

"Feliz y pobre (sí, he dicho "pobre", y de verdad) 2011".

Lo cierto es que ya éramos pobres, y desde hace tiempo. Lo que ocurre es que, en España, nos hemos acostumbrado a llamar "clase media" a los pobres que viven con dinero prestado. Y, a tal punto ha llegado nuestra huida colectiva hacia adelante (a lomos de los créditos hipotecarios) que han tenido que venir de fuera a quitarnos la venda de los ojos a estacazo limpio.

Pero Orisson tiene razón al señalar que 2011 será diferente. No tanto por nuestra pobreza, sino porque nos veremos obligados a tomar conciencia de ella. De hecho, nos daremos cuenta (si aún no lo hemos hecho ya) de que deber dinero es peor que estar arruinado. El arruinado, al fin y al cabo, empieza de cero cada mañana cuando se levanta, y lo que gane (por poco que fuere), es para él. El que debe dinero se ve obligado (por voluntad propia, no se dejen engañar por la simpleza pelagiana de algunos) a sudar la frente para ganar el pan del prestamista antes de ganarse el suyo.

En muchos medios (Interlobotomía, el primero) hablarán, seguramente, del 2011, como el año del hundimiento de España. Lo cierto es que hace mucho tiempo que chocamos contra el iceberg. Más concretamente, a mediados de los 80. Por entonces, mientras nos distraían con las ocurrencias de Pedro Almodóvar y la movida madrileña (nos dejaban organizar mundiales de fútbol, pero aún no nos permitían ganarlos), se procedió al desmantelamiento progresivo de lo que se ha venido en llamar "tejido industrial y productivo" español, como requisito para poder ser admitidos en la Unión Europea (vendimos el coche para comprar gasolina, como el tonto del chiste).

Desde entonces, privados de la fuente de riqueza y trabajo que supone la industria y la economía productiva, los españoles nos hemos entregado (debidamente aconsejados por nuestros políticos, que tanto se preocupan por nosotros) a la economía especulativa, intentando así colmar nuestros sueños de ganar dinero sin trabajar, a costa de darle el palo al vecino revendiéndole nuestro techo y nuestras cuatro paredes (que ganar dinero trabajando es una cosa cutre, típica de pobres tercermundistas).

Por supuesto, en los medios (Interlobotomía, el primero), tratarán de convencerles que la culpa de que el barco se esté hundiendo es de la orquesta "El Puño y la Rosa", que no toca el violín adecuadamente. Y que, cambiándola por la orquesta "La Gaviota", la música de violines reflotará el barco. La propaganda del régimen les permitirá saber que nos hundimos (porque doña Angela les obliga), pero les intentará seguir confundiendo, ya que achacarán la culpa del accidente a cualquiera que les convenga, excepto al iceberg del sobreendeudamiento perpetuo para comprar inmuebles. Y si oyen a algún "experto" o "intelectual", intentar explicar lo que ocurre sin decir, en los primeros treinta segundos, las palabras "inmobiliario" y "precio de la vivienda", tengan por seguro que están ante un ignorante, un demagogo, un apesebrado/apepebrado, o un listillo que - como buen español- se ha gastado su dinero en inmuebles y aún confía en revenderlos a precios astronómicos.

Pero no, queridos amigos. Esa humedad fría que notan en la cara no es Zapatero, ni Emilio Botín, echándoles cubos de agua encima. Esa humedad fría es el fondo del mar, donde nuestro barco sigue hundiéndose (tocaremos fondo en cinco años, ya lo ha dicho el presidente) debido, no a la fatalidad, sino al inexorable resultado del interés compuesto (sencilla matemática, hoy incomprensible e inaprensible para la llamada "generación perdida" -voluntariamente encadenada de por vida a una hipoteca-, por obra y gracia de la LOGSE, aprobada cuando el ministro de Educación se llamaba...Alfredo Pérez Rubalcaba).

Y han sido nuestros acreedores los que han tenido que venir a salvarnos de nosotros mismos. Sencillamente porque los españoles, yonkis del crédito, amenazábamos con palmarla definitivamente en cualquier descampado, víctimas de una sobredosis, y con la jeringuillas de la refinanciación aún clavadas en nuestros brazos. Doña Angela nos va a meter (a regañadientes, por nuestra parte, mientras la culpamos a ella y a su país de todo) en rehabilitación, no por altruismo, sino para que podamos devolver lo que debemos.

El dinero prestado, hay que devolverlo, y los contratos, cumplirlos. Pero ahora, a diferencia de nuestros antepasados, no podremos escaquearnos de las consecuencias de nuestras decisiones (querer vivir como hidalgos ganando menos que los siervos de la gleba) quemando la judería. Ya que no podemos evitar lo que viene, asegurémosnos de que nuestros hijos (o nuestros hermanos más jóvenes) no repitan nuestros errores (que no creo que lo hagan; creo más bien que escarmentarán viéndonos a nosotros).

Y es que, ante la inevitabilidad de lo ya ocurrido, uno puede elegir entre dos opciones: afrontar las consecuencias lo mejor posible, aprendiendo de ellas, o bien escuchar a los que nos regalan el oído diciéndonos que no somos ludópatas, sino que la culpa es de los dueños del casino porque, además de reclamarnos lo que debemos, ya no nos fían para seguir jugando al bingo.

El bulbo de tulipán ha muerto. El cántaro de la lechera, roto en el suelo y desparramado su contenido sobre el camino a Cancún y a Punta Cana.

Que vivan el mundo real y la economía productiva.

5 comentarios:

Ignacio dijo...

No sé si dices feliz año nuevo o me das el pésame.
Pésame mucho.
Como si fuera esta la última vez.
Más quisieramos.

Orisson dijo...

Gracias, por la mención, majo. Y que Dios nos pille confesados, porque me temo que no escarmentaremos ni en carne propia.

Un saludo

Museros dijo...

Ignacio, sabes de sobra que yo te ailobiutú también. Feliz 2011 a todos (y que Dios reparta suertes).

No sé, Orisson, si escarmentaremos nosotros. Tengo la esperanza de que los nacidos a partir de los 90 lo hagan. Por pedir, que no quede, que es 1 de Enero.

Gonzalo dijo...

Plas, plas, plas...y así sucesivamente durante horas.

Lo que ocurre es que, en España, nos hemos acostumbrado a llamar "clase media" a los pobres que viven con dinero prestado

Esto hay que recortarlo, imprimirlo y colgarlo en las paredes.

Museros dijo...

Gracias, Gonzalo.

Es que el dinero prestado ha servido, al mismo tiempo, de cortina de humo para el empobrecimiento progresivo de la población, y de losa que nos arrastra al fondo.

Nosotros hemos necesitado (en general) dos sueldos y créditos a 30 años para intentar tener lo mismo que tuvieron nuestros padres con un solo sueldo y pagando todo a tocateja.