lunes, 10 de enero de 2011

De la necesidad, virtud.

Como ya se ha repetido en otras entradas anteriores de esta bitácora, del desastre no nos puede salvar nadie (que nos metimos nosotros solitos, creyendo que ser rico no consistía en tener dinero, sino en deberlo), pero del desastre total nos salvarán nuestros acreedores. No por altruismo, sino por interés (especialmente, por interés compuesto).

Si de "nuestros" políticos dependiera, nos sacarían del euro para poder seguir viviendo a nuestra costa de la manera en la que lo han venido haciendo hasta ahora. El inconveniente (para nuestros acreedores) es que la nueva moneda, que se devaluaría -como poco- un 20%-30% al instante de salir al mercado de divisas, haría imposible devolver nuestras deudas (que seguirían estando en euros). Así, una de las medidas lógicas e impuestas por Alemania y Francia al partido único que gobierna en España desde hace más de tres décadas (por voluntad del pueblo soberano, recordemos) es un descenso considerable del despilfarro de dinero público.

Evidentemente, esto no se está relatando de esta forma en los medios de comunicación. En la España de la constitución del 78, la tarea de los llamados "medios de comunicación" no es explicarnos lo que ocurre, sino ocultárnoslo. Lo que estamos viendo en los medios de comunicación es un lento y progresivo goteo de declaraciones de políticos, periodistas y economistas del régimen, que, de pronto, han descubierto que la hipertrofiada administración pública en España (léase, "comunidades autónomas"), cuya función principal ha pasado a ser, por desgracia, servir de sopa boba y sostén de paniaguados, es insostenible.

Hace unas semanas, Esteban González Pons reconocía que "sobran políticos". Lamentablemente, don Esteban olvidó aclarar si él es uno de los que sobran (además, dado que el partido político que le paga el sueldo es subvencionado a la fuerza por los españoles, podríamos considerarlo parte de la "administración pública"). Pocos días después, uno de esos chiringuitos subvencionados por el gobierno de Zapatero (la fundación FAES), publicó un informe apuntando también en esta dirección.

Como ya digo, si de nuestros políticos dependiese, con tal de no perder ni uno solo de sus privilegios, nos tendrían a todos con una mano delante y otra detrás, y rebuscando en la basura para poder comer. Eso sí, llegado el momento, harían leyes regulando la búsqueda de comida entre los desperdicios (lo llamarían "reciclaje sostenible individual de residuos", seguramente), y nos dejarían claro que nos están "ampliando derechos". Si, de pronto, nuestros políticos (y sus voceros de los medios de comunicación) se dedican a reconocer (como si nunca lo hubiesen sabido) que las comunidades autónomas sobran, no es porque les haya entrado un ataque de sinceridad, sino porque no tienen más remedio. Y no tienen más remedio porque así se lo ha hecho saber la nueva presidenta del gobiernodespaña.

Eso sí, la razón de que se empiece a preparar el camino para la desaparición (o adelgazamiento hasta lo testimonial) de las malhadadas comunidades autónomas, cuando hasta hace un mes cuestionarlas era la mayor herejía que podía cometer un español, es, sencillamente, que para pagar la deuda no será suficiente con bajar las pensiones y los salarios. Dicho de otra forma: Si hasta los partidos políticos no van a tener otra salida que ajustarse un poco el cinturón, imagínense cómo nos lo van a apretar a nosotros.

Es también por esta razón por la que, de la noche al día, ha cambiado la política de comunicación de los caciques regionales en España. De prometer de todo para todos y a todas horas (y gratis, faltaría más) han pasado a presumir de cómo van a recortar gastos. Pruega de ello son las declaraciones de José María Barreda, renunciando por anticipado (la venda antes de hacerse la herida, ya se sabe) a unos privilegios que ya no existirán, de todas formas, cuando deje de ser presidente de la región que pronto se convertirá en el reino de Cospedalia.

En el trabajo ya he apostado que las comunidades autónomas, tal y como hoy las conocemos desaparecerán, o quedarán reducidas a lo testimonial (algo así como las diputaciones provinciales). Mis compañeros treintañeros y cuarentones (sin ánimo de molestar) lo ven razonable y no dudan de que pueda ocurrir (otra cosa es que les parezca difícil de imaginar, porque nunca han conocido, o no recuerdan, una España sin caciques regionales). Curiosamente, los mayores de 55 años (aproximadamente) niegan tajantemente que tal cosa pudiese suceder. Lo que su generación inventó, no puede deshacerlo, al parecer, ni Angela Merkel. Como si todo lo creado por sus coetáneos fuese tan genial, o tan fuerte y resistente, que estuviese destinado a perdurar por los siglos de los siglos. Si ustedes no se explican qué cable se le cruzó a los que se empecinaron en construir la Torre de Babel, no tienen más que escuchar a muchos de los que ahora tienen entre 55 y 70 años.

Y la gracia y la ironía de todo esto (si a uno aún le quedan ganas de sonreír) es que sea justo ahora que las encuestas anuncian al PP como ganador en casi todas las autonomías (incluida Andalucía, por lo que parece), cuando comience la demolición de las mismas. Y si el navajeo, la zancadilla y la trampa son el modus trepandi y la conducta habitual en los partidos políticos, no les cuento la que se avecina para esta primavera-verano, ahora que los cargos a repartir serán muchos menos ("Más cornás da el hambre", pensarán unos y otros mientras se dan codazos por meterse en las listas electorales).

PS: Y vean ustedes qué oportuna la cortina de humo (también baza electoral). Cómo serán los apretones de cinturón que nos tienen reservados, que el régimen necesita echar a la gresca, de nuevo, a los incondicionales de ambas facciones del partido único, para tenernos mirando hacia otro lado. Además, ¿no habíamos quedado en que hay que adelgazar la administración pública (especialmente la autonómica)? Pues eso. Fin de las autonomías, fin de ETA. Y que cada cual saque sus propias conclusiones.

5 comentarios:

Fray_Fanatic dijo...

"En el trabajo ya he apostado que las comunidades autónomas, tal y como hoy las conocemos desaparecerán, o quedarán reducidas a lo testimonial (algo así como las diputaciones provinciales). Mis compañeros treintañeros y cuarentones (sin ánimo de molestar) lo ven razonable y no dudan de que pueda ocurrir (otra cosa es que les parezca difícil de imaginar, porque nunca han conocido, o no recuerdan, una España sin caciques regionales). Curiosamente, los mayores de 55 años (aproximadamente) niegan tajantemente que tal cosa pudiese suceder. Lo que su generación inventó, no puede deshacerlo, al parecer, ni Angela Merkel. Como si todo lo creado por sus coetáneos fuese tan genial, o tan fuerte y resistente, que estuviese destinado a perdurar por los siglos de los siglos. Si ustedes no se explican qué cable se le cruzó a los que se empecinaron en construir la Torre de Babel, no tienen más que escuchar a muchos de los que ahora tienen entre 55 y 70 años."

Enorme, Museros. Simplemente enorme.

Las caras de sorpresa que se les van a poner a estos listos va a valer la pena verlas.

Posiblemente el tijeretazo a la malhadada casta de los supercincuentones sea lo único que vaya a valer la pena vivir de la que se nos viene encima, así que más vale estar dispuestos a abrir bien los ojos.

Joaco dijo...

Qué manía tienes de catalogar al personal según las edades.
Pues yo, siguiendo esta norma, diré que sólo los que tenemos más de 50 (yo paso por poquito) estamos en condiciones de creer e incluso tener el convencimiento de que no solo son prescindibles las autonomías, sino también los partidos políticos. Vamos, que basta dejar de subvencionar a unos y otros y desaparecerían sin más, para bien del género humano español. Vamos, que España no solo es posible sin autonomías y sin partidos políticos, sino que la no existencia de los partidos y las autonomías es la única forma de que España sea algo decente. Repito: para tener esta convicción, sin problemas, 50 como mínimo. Hala.

aukeran dijo...

Bueno, habria que matizar, supongo que existen regiones en España capaces de darse un gobierno eficaz y responsable, como por ejemplo Navarra (y que por aquello de la subsidariedad y las tradiciones históricas de las Españas habría que conservar y mantener) y otras regiones que se han pulido el presupuesto de dos/tres/cuatro generaciones en tuneladoras, en trajes cuyas facturas no aparecen por ningún lado, sueldos para el 40% de la población transformados en aparatiks y subsidios para NO recoger nabos.

Meditandolo, creo que lo que habría que hacer es despedir a toda la plantilla de funcionarios, dado que hasta donde llega mi conocimiento no ha habido ninguno que haciendo uso a su privilegio (en el sentido de ley particular) de no ser despedibles para ser independientes del poder político hallan plantado cara a ninguno de los chiquilicatres que han llegado al mando por las urnas.

Y meditandolo mejor creo que lo que hay que hacer es pagar los menos impuestos posibles y empujar lo posible para que el engendro estatalista central-autonomico-provincial-municipal-subcontratasdeservicios-constructoradelregimen-subsidiados-subevecionados-tiosytiasenbajassimuladas y demas chupopteros se vayan a la mierda, con perdón.

Anónimo dijo...

A lo que se refiere Museros y yo coincido con él es que si bien formalmente seguirán existiendo, como ocurre con las diputaciones provinciales, materialmente no tendrán ninguna competencia las cuales habrán revertido al Estado. Esto sería lo lógico sin embargo no ocurrirá porque es lógico sino porque las CCAA son económicamente insostinebles.


Fdo. Nathanbforrest

Mendrugo dijo...

Pues sí. Creo que el gobierno de doña Ángela va a ser mucho mejor que los que hemos tenido desde el 75. También porque ella no se presenta a elecciones aquí.

En el desmontaje de las autonomías, además de las razones económicas, va a pesar el horror que tiene Europa (sobre todo Francia) a contagiarse de nuestra peste, así que la cosa se hará con escarnio de los nacionalistas.