domingo, 2 de enero de 2011

Los Reyes Magos existen.

Me entero que, en Facebook, Ignacio "el de la Galaxia" me ha hecho el honor de nombrarme administrador del grupo "Los Reyes Magos Existen" (y, como reza el lema del grupo, "no sólo existen, sino que son verdad").

Para demostrar que este grupo de Facebook nace respaldados por sólidos argumentos y razonamientos, procedo a cortapegar un emilio que me ha llegado hace unos días (de alguien que es, por cierto, lector acérrimo de El País y fiel repetidor y propagador de cualquier consigna progre que puedan imaginar).

"Apenas su padre se había sentado al llegar a casa, dispuesto a escuchar, como todos los días, todo lo que su hija quisiera contarle sobre las actividades que realizaba en el colegio, ésta le preguntó, en voz baja, como con miedo:

- Papá...
- Sí, hija, cuéntame...
- Oye, quiero que me digas la verdad.
- Claro, hija...Si siempre te la digo -respondió el padre algo sorprendido.
- Es que...
- Dime, hija, dime...
- ¿Existen los Reyes Magos?.

El padre se quedó mudo, mirando a su mujer e intentando descubrir el origen de aquella pregunta, pero sólo pudo ver un rostro tan sorprendido como el suyo.

- Las niñas del colegio dicen que los Reyes Magos no existen, sino que son los padres. ¿Es verdad?.

La nueva pregunta de su hija le obligó a volver la mirada hacia la niña.

- ¿Y tú qué crees, hija mía?.
- Yo no sé, papá...Por un lado, creo que sí existen, porque tú me lo dices, y tú nunca me engañarías. Pero, como las niñas dicen eso...
- Mira, hija. Efectivamente, son los padres los que ponen los regalos, pero...
- Entonces, ¿es verdad? -contestó la niña, con ojos humedecidos- ¡Me habéis engañado!.
- No, mira...Nunca te hemos engañado, porque los Reyes Magos sí que existen -dijo el padre, cogiendo con ambas manos la cara de su hija.
- Pues no lo entiendo, papá...

- Siéntate, hija. Y escucha esta historia que te voy a contar, porque ya va siendo hora de que puedas comprenderla- dijo el padre señalando la silla que estaba a su lado.

La niña se dispuso a sentarse entre sus padres, ansiosa por escuchar cualquier historia que le sacase de la duda, y su padre comenzó a narrarle la historia de los Reyes Magos.

Cuando el Niño Jesús nació, tres Reyes vinieron de Oriente guiados por una estrella, y se acercaron al portal a adorarle. Le llevaron regalos como prueba de amor y respeto, y el Niño se puso tan contento y parecía tan feliz que el más anciano de los Reyes, Melchor, dijo:

- ¡Es maravilloso ver tan feliz a un Niño! Deberíamos llevar regalos a todos los niños.

- ¡Oh, sí! -exclamó Gaspar- Es una buena idea, pero es muy difícil de llevar a cabo. No seríamos capaces de llevarles regalos a tantos niños como hay en el mundo.

Baltasar, el tercero de los Reyes, comentó:

- Gaspar tiene razón. Ya somos muy ancianos y no podríamos recorrer el mundo entero dejando los regalos a los niños.

Los tres Reyes se quedaron pensativos, y algo tristes, al comprobar que su deseo parecía irrealizable. Pero el Niño Jesús, desde su cuna, tras haberles escuchado atentamente, sonrió y replicó:

- Queridos Reyes. Sois muy buenos y os agradezco vuestros regalos. Quiero ayudaros a realizar vuestro hermos deseo. Decidme: ¿qué necesitaríais para poder hacer llegar regalos a todos los niños?.

- ¡Oh, Señor! -dijeron los tres Reyes, arrodillándose- Necesitaríamos millones y millones de pajes. Uno para cada niño, prácticamente, para que así los regalos pudiesen llegar la misma noche.

- No debéis preocuparos por eso. Yo os proporcionaré, no uno, sino dos pajes para cada niño.

- ¿Cómo va a ser posible eso? -preguntaron los Reyes con cara de asombro y admiración.

- Decidme -prosiguió el Niño Jesús- ¿no creéis que los pajes deberían querer mucho a los niños, y, a la vez, conocer muy bien sus deseos para saber qué regalos deben llevarles?.

- Sí, así es, Señor.

- Decidme, entonces, queridos Reyes, ¿hay alguien que quiera más a los niños y los conozca mejor que sus propios padres?.

Los tres Reyes se miraron, asintiendo, y comprendiendo por fin lo que el Niño Jesús planeaba, cuando su voz, de nuevo, se volvió a oír:

- Puesto que así lo habéis querido, y para que en nombre de los Tres Reyes Magos de Oriente, todos los niños puedan recibir regalos, Yo ordeno que doce días después de la Navidad, y conmemorando estos momentos, todos los padres se conviertan en vuestros pajes, y que, en vuestro nombre, regalen a sus hijos aquello que deseen. También ordeno que, mientras los niños sean pequeños, la entrega de los regalos se haga como si la hicieran los propios Reyes Magos. Y, cuando los niños sean lo suficientemente mayores como para entender esto, que los padres les cuenten esta historia y, a partir de entonces, que los niños hagan también regalos a los padres como muestra de cariño y respeto. Y, alrededor del Belén, recuerden que, gracias a los Reyes Magos, todos son más felices.

Cuando el padre terminó de contar esta historia, la niña lo abrazó y le dijo:

- Ahora sí que lo entiendo todo, papá. Y estoy muy feliz de saber que me queréis y que no me habéis engañado.

3 comentarios:

Ignacio dijo...

Graqcias por la consideración.

Mendrugo dijo...

¿Hay alguien que quiera más a los niños y los conozca mejor que sus propios padres? Principio de subsidiariedad.

Que te echen muchas cosas los Reyes.

Museros dijo...

De nada, Ignacio.

Lo mismo te deseo, Mendrugo.