jueves, 24 de febrero de 2011

Partidos de risa.

El presidente de la Asociación Católica de Propagandistas (ACdP), Carlos Romero, concedió hace algunos días una entrevista al diario ABC, en la que emitió una fatwa democrática (que para eso estamos en la semana del vintitrésefe, con la población especialmente "sensibilizada") contra los partidos...católicos (¿seguro que el "laicismo agresivo" ése es cosa de los socialistas?). Al parecer, don Carlos es un fiel seguidor de la conocidísima doctrina taranconiana según la cual es preferible que haya "católicos en los partidos" a que haya "partidos católicos" (y la pregunta no es si es preferible, sino para quiénes es preferible y porqué).

Pero lo cierto es que un servidor, que anda algo despistado últimamente, se queda corto. Don Carlos se nos revela, en realidad, como un ultrataranconista, ya que para él, la existencia de partidos católicos ni siquiera es una opción a contemplar. Don Carlos, demostrando que no hay hoyo demasiado profundo como para no intentar salir de él cavando más hondo, afirma que "no debería haber un partido católico".

Le invade a uno la perplejidad más absoluta al escuchar semejante afirmación, viniendo de quien viene. No porque sea católico, que ya sabemos que, en lo que a don Carlos se refiere, hablamos de ese "catolicismo" cuya suprema ley no es la salvación de las almas, sino la de las poltronas de los políticos peperos (aspirando, de paso, a ocupar una de ellas , si pudiese ser), sino porque la afirmación de don Carlos (y de su Eminencia, don Vicente, del que no puedo decir que tanta paz haya llevado como descanso ha dejado, porque, lo que se dice descanso, dejó bien poco) es absurda.

En efecto, si lo que se busca (porque es el medio para influir en la política) es que haya "católicos en los partidos", ¿cómo es posible que don Carlos, insigne propagandista genovés (que no romano) no quiera que haya un partido católico, cuando precisamente los partidos en los que más católicos hay y en los que más influencia tienen éstos son los partidos...católicos?.

Al parecer, don Carlos quiere que haya católicos en todos los partidos...excepto en los partidos católicos, de los que nos anima a salir ipso facto. Y, revelando que, según él (pero no sólo él) no debería haber (ni) un partido católico, anima a los católicos (en principio, luego desgranaremos esto más despacio) a votar a cualquier partido...siempre y cuando no sea católico, claro.

Y lo peor (o lo mejor) de todo es que la propuesta de don Carlos, de llevarse a cabo con éxito, sería un fracaso total. Según don Carlos, lo que hay que hacer es infiltrarse, con mucho secreto y sigilo (por eso mismo llevamos anunciándolo treinta y tantos años a los cuatro vientos), en esos partidos que no son católicos ni quieren serlo (pero que, no obstante, merecen nuestro voto, no como los partidos católicos, que no merecen ni existir) para cristianizarlos.

Pero, ¡ay, cruel e irónico destino!, imaginen que nuestros hábiles agentes secretos se infiltran en el PP (por ejemplo), tienen éxito y lo cristianizan como Dios manda (con perdón de tan confesional expresión). Sería terrible tal suceso, ya que el PP se convertiría, entonces... ¡en un partido católico!..y ya no podríamos votarle nunca jamás, sino que tendríamos que buscarnos otro partido en el que infiltrarnos ¡y vuelta a empezar!.

La condena de Sísifo es, por tanto, pan comido comparada con el triste destino que nos espera a los católicos que queremos influir en la política: después de echar más horas que Hércules en los establos de Augias, cristianizando un partido (suponiendo que se consiguiese tal propósito)...¡el partido debe desaparecer, por haberse convertido en un partido católico!. Es decir, que los católicos debemos meternos en política, pero sólo si no pintamos un colín en el partido en el que estamos, porque de lo contrario, condenaríamos al partido a su disolución (por católico, claro).

Sin embargo, es perfectamente razonable que a uno le asalte la duda de que don Carlos se crea realmente las absurdas tesis que defiende. Para ello, nada mejor que la conocida prueba del algodón: acérquense a don Carlos y confiésenle abiertamente sus irrefrenables deseos de influir -como católicos- en la política destepaís. Después de que don Carlos les haya felicitado, comuníquenle que piensan afiliarse al PSOE, y que piensan pedir el voto para este partido a todo el mundo.

Ustedes no se inmuten si don Carlos pone cara rara, y continúen. Díganle que el PSOE necesita - aún más que el PP- católicos que lo cambien desde dentro, y que, para eso, hay que votarlo (¡y presionarle después!). De hecho, y echando mano de los argumentos que utilizan muchos peperos, díganle que son precisamente las críticas de los católicos al PSOE las que provocan que este partido se aleje cada vez más de la doctrina social de la Iglesia, y que no debemos irritar, de ninguna de las maneras, a los que tienen mando en plaza en este partido, ya que, si lo hacemos, sus posiciones se alejarán aún más de las nuestras (y no lo digo yo; lo dice Forum Libertas).

Lógicamente, ustedes y yo sabemos perfectamente que don Carlos no aplaudirá tan noble gesto y tan -según el taranconismo- cristiano propósito. Al fin y al cabo, don Carlos no está sino echando mano de uno de los trucos de prestidigitación propagandística más habituales entre los peperos que se presentan como "independientes" o parte de la llamada "sociedad civil": no te dicen a qué partido has de votar (como si, a estas alturas, no nos conociésemos todos), pero sí te dicen a qué partidos no debes votar.

Y los partidos a los que no debes votar (unos, por rojos; otros, porque serrompespaña; y otros, por minoritarios) son (sorpréndanse) todos menos el PP.

Por supuesto, queda una pregunta que hacerse: ¿alguien cree que don Carlos dice que no debería haber partidos católicos con el propósito de molestar o llevarle la contraria a la Conferencia Episcopal?.

Eso mismo pensaba yo.

8 comentarios:

luigichido dijo...

Interesante el link de Forum Libertas.

Esto que dicen es muy cierto:

"Una sociedad como la española donde el aborto se ha enraizado con tal extensión e intensidad, ... no puede transformarse por ley de un día para otro y pasar del infinito a cero."

Sólo con una guerra civil y un régimen dictatorial podría establecerse de buenas a primeras un esquema legal que penalizara con 25 años de cárcel a la mujer que abortara.

"Por eso es decisivo que el PP y el conjunto de la sociedad civil, contraria a esta práctica inhumana, hagan un esfuerzo pedagógico para motivar un cambio de actitudes y comportamientos."

En efecto, si durante los 25 años anteriores se hubiera hecho mucho activismo antiaborto, hoy no existirían las leyes abortistas actuales.

Nuestro deber será hacer activismo para que al menos los nuevos niños crezcan con otras ideas, y dentro de treinta años pueda repenalizarse el aborto.

"la primera hoja es implantar los supuestos; lo segundo, regular con criterio restrictivo su aplicación en el marco de una ofensiva cultural por la vida que supere las fronteras actuales."

Cuidado: eso me sonó a demagogia.

La verdad es obvia: si se restablece la ley anterior, pero con el coladero del riesgo a la salud psíquica materna, España conservará la Ley Aído, pero ampliada y revestida de hipocresía.

Seneka dijo...

No me gusta el tratamiento que le das a este señor. ¿Por qué no le llamas Sr. Romero en lugar de llamrle D. Carlos? No sé por qué ... me incomoda.
;)

Abzs

Gonzalo dijo...

Luego algún conocido mío se extraña de que yo prefiera a un rojo indómito con las ideas claras a uno de estos...

Anónimo dijo...

Muy bueno,Museros. Le has pillado la trampa al segundo.
Decía Donoso Cortés que los conservadores lo único que conservan es la revolución. Y la legitiman,añado yo. Parecería que los peperos no tienen nada que ver con la ramera babilónica en que se ha convertido España. Este señor me recuerda a los tipos y tipas de Intereconomía. Exultantes,soberbios,encantados de haberse conocido,eufóricos(saben que van a gobernar ahora mismo). Para esta gente el liberalismo no tiene nada que ver con la desastrosa situación de Occidente, al contrario,es la solución. Me revuelve las tripas ver a la sionista Pilar y a sus dos risueñas bacantes despotricar contra el PSOE y dejar al PP y al liberalismo en el lado angélico.
Un poco de Castellani como antídoto:
"Pío XI instituyó la fiesta de Cristo Rey contra el “Liberalismo”; justamente el Liberalismo es una especie de cobardía. El Liberalismo niega la Reyecía de Cristo, su poder de derecho sobre la sociedad humana. Esta actual herejía cristiana es complicada, tiene como tres secciones, Liberalismo económico, Liberalismo político y Liberalismo religioso; y parecería que no son tan malos, y que el Liberalismo económico no tiene nada que ver con la religión, es un sistema económico; pero no es así, porque ese sistema se basa en la idea teológica herética de que “el hombre es naturalmente bueno, es la sociedad la que lo hace malo”; por tanto, dando libertad omnímoda a todo hombre (y en lo económico, al comercio y al capital), el hombre se vuelve automáticamente buenito, bueno, más bueno, buenísimo y santo. Niega pues la elevación del hombre al estado sobrenatural, la caída del hombre, y la necesidad de la redención del hombre. Nada menos. Y con eso niega la Reyecía de Cristo."

Kreuzberg

Maite C dijo...

Ya de entrada, y leyendo la entrevista que le hicieron en el diario ABC a Carlos Romero, hay un párrafo dicho textualmente por Mn.Herrero Oria:
«Primero tenemos que hacer un buen periódico y después que sea católico».

No estoy de acuerdo. Hay que tener periódicos católicos y partidos católicos. Qué sean buenos y de calidad, por supuesto, pero además.

No vas despistado Museros, continúas hilando fino, como siempre.
Lo que dice el presidente de ACdP respecto a que los católicos tienen que estar en todos los partidos, me recuerda un poco a la estrategia del Opus.

¿Y que papel tiene que desempeñar un católico por ej. en el partido comunista aparte de "situarse", sí las ídeas de ese partido están totalmente en contra del catolicismo?.

Creo que un católico debe ser ante todo consecuente con sus creencias. Y que mejor modo de demostrarlo, desde un partido que se constituya como tal.
Por otra parte, La Conferencia Episcopal debería apoyar a esos partidos. Es de sentido común.

Embajador en el Infierno dijo...

Suscribo lo dicho por Seneka. D. Carlos solo hay uno, y no es este precisamente.

Por lo demás genial lo del cruel destino. Cuanto más cristiano se vuelva un partido menos apropiado resulta para un cristiano. Ya lo pillo.

Anónimo dijo...

Totalmente de acuerdo con lo expuesto por el blogger. Me quedo con el siguiente párrafo, que verdaderamente es para enmarcar y que refleja a las mil maravillas lo absuro del planteamiento del tal Romero y de toda la ralea liberal, que tanto daño ha hecho y continúa haciendo:

"La condena de Sísifo es, por tanto, pan comido comparada con el triste destino que nos espera a los católicos que queremos influir en la política: después de echar más horas que Hércules en los establos de Augias, cristianizando un partido (suponiendo que se consiguiese tal propósito)...¡el partido debe desaparecer, por haberse convertido en un partido católico!. Es decir, que los católicos debemos meternos en política, pero sólo si no pintamos un colín en el partido en el que estamos, porque de lo contrario, condenaríamos al partido a su disolución (por católico, claro)".

Lo dicho, un magnífico análisis.

Anónimo dijo...

Es una manifestación de radicalismo más de los que se llaman así mismos demócratas, que luego son los menos demócratas de todos.


Nathanbforrest