jueves, 3 de febrero de 2011

Revolution Street (XI): "Yo corrí delante de los grises".

La escenita, por repetida, no deja de ser ridícula. De hecho, se hace más y más ridícula cada vez que el guión es ejecutado.

Suele ser representada por cualquier demócrata de toda la vida (aprovechando, además, para hacer profesión de fe y demostración de pureza de sangre) cuando no sabe qué contestar, o darle aureola de autoridad a cualquier memez que acaba de decir, o hacer pasar por verdad cualquier mentira flagrante fácilmente comprobable en la hemeroteca de cualquier biblioteca municipal.

El individuo (o individua), cual palomo en celo, saca buche, calla durante un par de segundos para intentar crear cierta expectación (a la manera de las pausas de las diatribas radiofónicas de José María García), y, cuando uno ya cree (engañado por el gesto solemne del demócrata de toda la vida) que va a hacer una impactante revelación al estilo de "Yo maté a Kennedy" o "Jesús Gil está vivo, es vecino de Elvis Presley y yo sé en qué isla del Pacífico Sur se están dando la vida padre", va y dice:

"Yo también corrí delante de los grises".

Lo cierto es que, echándole un vistazo a la barriga y/o la chepa de los que suelen hacer tal aseveración como si hubiesen acompañado a Pizarro en la conquista del imperio inca, se da cuenta uno que, probablemente, no han vuelto a correr delante de nadie desde entonces (si acaso, detrás).

Además, basta ojear fotos de los tan temidos "grises" para darse cuenta que tampoco había que correr mucho para que no te alcanzasen, dado que la vestimenta y los zapatos que gastaban como uniforme no eran precisamente los más idóneos para perseguir por la calle veinteañeros que intentaban revestir de grandes ideales su democrática costumbre de faltar a clase en la universidad (pagada con el dinero que habían ganado sus padres gracias a una cosa llamada "pleno empleo" y que, en tiempos de la oprobiosa dictadura franquista, no era necesario prometerlo porque era, sencillamente, algo que se daba por sentado).

Y, por otro lado, aunque nuestros demócratas barrigudos y de doble papada (demostración fehaciente de los buenos platos que sirven en los restaurantes en los que, con frecuencia, se reúnen para comer mientras planean el adecuado progreso del régimen) hablan de los "grises" como si fuesen coléricos centauros al galope, no hay nada más lejos de la realidad. De hecho, algunos de esos grises gastaban la misma talla de pantalón (o incluso alguna mayor) que gastan ahora los estómagos agradecidos que exigen veneración por haber corrido un ratito para no ser alcanzados por unos padres de familia vestidos de conserje y cuya forma física no era, precisamente, la de un Spetsnatz o la de un GEO.

Porque la próxima vez que un sesentón más calvo (aún) que yo, con pinta de costarle una fortuna al contribuyente a base de medicamentos para la tensión, la diabetes, el colesterol y el ácido úrico, ose recordarme que hace treinta y siete años corrió durante treinta y siete segundos para impresionar a una compañera de clase ligerilla de cascos (que de eso, y nada más, iba realmente toda la tontería del 68), yo mismo le llevaré a una pista de atletismo donde tendrá oportunidad de revivir tan glorioso momento perseguido por un antidisturbios de ésos que con tanta habilidad reparten (democráticamente, eso sí) porrazos a los pocos españoles que, durante estos meses, osan protestar contra las bajadas de salarios o de pensiones que tanto proponen y defienden en los medios de comunicación los integrantes de la sacrosanta hermandad de los que "corrieron delante de los grises".

Por supuesto, el antidisturbios irá equipado con todas sus herramientas contundentes y las deberá usar comme il faut porque, si no, la escena no tendría la más mínima gracia. Para hacer más agradable la experiencia de darle una vuelta a la pista, irá acompañado por don José María Aznar (a quien tan bien se le da últimamente dar consejos a todo quisqui), y de quien, seguramente -mientras se aleja a toda pastilla- podrá oír el que, de unos siglos a esta parte y por desgracia, se ha convertido en el lema de casi todos los españoles (y que no es precisamente "¡Santiago y cierra España!", sino "¡Maricón el último!").

Y es que, mientras muchos españoles se han ganado la vida trabajando gracias a la carrera que les llevó muchos años de esfuerzos estudiar y acabar, otros listillos llevan décadas viviendo del cuento y sin trabajar, a costa de una carrera que echaron un día de forma imprevista y porque no había más remedio.

De hecho, si hiciésemos cuentas y dividiésemos el dinero percibido entre la distancia recorrida, seguramente podríamos comprobar que ni Cristiano Ronaldo gana (ni ganará nunca) tantos euros por metro de carrera. Y es que dudo que nadie (ni siquiera los mismísimos Carl Lewis o Usain Bolt) le hayan sacado nunca tanto partido a cien metros mal contados.

5 comentarios:

Eduardo Cabrera dijo...

La pasada misma me lo soltaron en una conversación. 52 años tiene el amigo y su lenguaje corporal no contribuía a darle veracidad a la afirmación, pero no pude rebatirle porque no tenía datos fehacientes, así que lo planteo aquí al hilo del post ¿alguien sabría cuándo fue la última "carga" de los grises?

Joaco dijo...

No puedo decir cuándo fue la última carga de los grises, pero en 1.975 y 1.976 los grises estaban en activo. Eche Vd. cuentas.
Ah, y seguramente hoy día los "azules" (con perdón, pero es que creo que la policía hoy va de ese color) son bastante más salvajes y contundentes que los grises. Hoy no creo que su amigo tuviera narices de provocar a los azules como hacía con los grises. Hay ciertos deportes que se han convertido en deportes de riesgo, con la "democracia".

brigante dijo...

Con la policía actual se han visto escenas de ancianos rodando por los suelos y aporreados en la cabeza. Dudo mucho que los grises ejercieran una violencia tan extrema.

Eduardo Cabrera dijo...

Gracias por el dato, estimado Joaco: Con 17 años parece un poco justo para correr delante de los grises. En fin, sólo era una boutade del tipo.

Y no, no creo que este provocase luego a los azules. Cuando le puse hasta la misma democracia en cuestión se sintió desamparado, y es que si no eres capaz de cuestionarte tu sistema sociopolítico, es que tomas demasiado soma posmoderno como para poder luego levantar bien la cabeza.

Luis Amézaga dijo...

Es absolutamente lamentable el comentario: yo corrí delante de los grises. Entre otras cosas, porque es una expresión de la cobardía más extrema. No sólo eso, sino que además, como bien apuntan algunos comentarios, los marrones y los azules, los policías democráticos, los maderos, han sido especialmente brutales, insisto, brutales, con aquellos que defendían a España, la Vida, a las fuerzas de orden público (es decir, a pesar de todo, a ellos), a los caídos por el terrorismo separatista, entre otras nobles causas durante esta "memocracia". Es decir, los policías en estos últimos 35 años se han cebado brutalmente con la gente de orden y han sido contemplativos con los otros, con los verdaderamente malos. En definitiva, cuando alguien me dice que corrió delante de los grises pienso a que es un impresentable, un indigno y un desgraciado porque o bien miente (lo más probable)o bien cometió algún delito y por eso corría cual vil gallina delante de la policía armada. Luis Amézaga