lunes, 21 de junio de 2010

Menudos linces...

La presidenta del PP en Cataluña, Alicia Sánchez-Colágeno, se ha dado cuenta, entre una inyección y otra de botox, y como quien no quiere la cosa, que el gobierno socialista podría utilizar la prohibición de velos y pañuelos que usan algunas mujeres musulmanas para cubrirse como excusa para prohibir símbolos cristianos.

Doña Alicia, sin que le mueva un músculo de la cara (entre otras cosas porque los retoques quirúrgicos y los labios salchicheros dificultan enormemente la dinámica de los gestos faciales), hace como que no sabe que eso mismo es lo que viene haciendo desde hace tiempo (y fardando de ello) en la Comunidad de Madrid -de la que es presidenta- doña Esperanza Aguirre y Gil de Bilderberg, condesa de Murillo y grande de España (y austriacoliberala profesa y confesa a pesar de que nunca ha ejercido -imaginamos que con mucho dolor y pena por su parte- trabajo alguno fuera de la ignominiosa y opresiva administración pública).

Seguro que todos recuerdan la pantomima de la niña musulmana de Pozuelo, cuyos padres, de pronto, se empeñaron en que se cubriese la cabeza con un pañuelo y que asistiese a un colegio en el que las normas del centro prohibían cubrirse la cabeza. A Doña Esperanza le faltó tiempo para presumir de que incluso las monjas tenían prohibido vestirse de monjas en los colegios de Madrid, si así lo decidían los consejos escolares. Los socialistas, hasta ese momento, sólo habían hablado de prohibir símbolos religiosos "colectivos" (llamémosles así), como el crucifijo. Los populares alardeaban de haber ido incluso más allá, ya que en Madrid, no sólo estaba prohibido el crucifijo, si así lo quería el colegio, sino que incluso podrían prohibirse la utilización de cualquier símbolo religioso "individual", si el consejo escolar lo estimaba oportuno.

Por supuesto, los palmeros compulsivos de turno no tardaron en felicitar a la grande de España y justificar la prohibición de símbolos cristianos en los colegios madrileños (con la prohibición de símbolos musulmanes como excusa) porque "las normas están para ser acatadas" (y lo dice la CONCAPA, señoras monjas, así que fastídiense) o porque, como recordaba un columnista de esta misma web donde ahora se escandalizan de que los socialistas imiten a Esperanza Aguirre, lo único importante es "el cumplimiento de las normas tal como las personas concernidas por ellas han decidido otorgárselas" (y esto, dicho sea de paso, es precisamente lo que hicieron Adán y Eva: otorgarse sus propias normas y cumplirlas; es el origen de todo pecado y, por si no lo sabían, también es la premisa ideológica que sirve de cimiento a una herejía condenada por la Iglesia Católica, llamada "liberalismo", cuya aceptación entre los católicos supera incluso a la alcanzada por el arrianismo hace ahora quince siglos, más o menos).

Todo esto que está ocurriendo, y que ocurrirá, ya fue predicho en este blog (doña Alicia sólo ha llegado con dos meses de retraso). Ahora toca rasgarse las vestiduras y criticar a los socialistas por pretender recorrer el camino abierto por el PP en la Comunidad de Madrid, y hablar de liberticidio e imposición antidemocrática cuando esto mismo (la utilización de los símbolos musulmanes para justificar la prohibición de los símbolos cristianos, y la supeditación de la utilización los símbolos cristianos a las normas civiles), en Pozuelo de Alarcón hace tan sólo dos meses, era el súmmum y el rien-va-plus de la democracia y la libertad (¿o acaso las normas sólo están para acatarlas allí donde gobierna el PP?) y así era celebrado por los mismos que ahora llamarán a la rebelión contra Zapatero (que no contra lo que hace Zapatero, ya que les parece fenomenal cuando lo hace el PP).

Por cierto, ¿saben qué pasó con la niña? Pues que, una vez finalizado el show, sus padres la mandaron a otro colegio. ¿Y con el director que prohibía en su colegio a las monjas vestirse de monjas (que es lo que ahora quieren hacer los socialistas, entre otras cosas)? Fue ascendido y premiado por la señora condesa.

Venga, todos a manifestarse, que ya toca. Y llamen a doña Esperanza para que acuda, no sea que nos quedemos sin salir por la tele.

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