viernes, 16 de octubre de 2009

Los sindicatos de clase del PP


La domesticación del movimiento provida español, que será escenificada a lo grande por las calles de Madrid (de color rojo, por si quedaba alguna duda), progresa adecuadamente.

Las ideas para colar la tolerancia al aborto (la gran tragedia del Siglo XX, según Julián Marías) expresadas (una vez más) por el adalid del lobby abortista mundial, Barack Obama, en la universidad católica más emblemática de los Estados Unidos ("terreno común", "el verdugo es la víctima", "pedir cada vez menos para conseguir cada vez más" -sí, es absurdo, pero se lo han creído- "alternativas", "ayuda a la embarazada"), que podrían resumirse en "Hacer de todo, pero manteniendo los abortorios abiertos", llevan, de hecho, siendo aplicadas escrupulosamente por los provida españoles desde hace décadas, con los resultados por todos conocidos (y la evidencia del desastre, en lugar de impulsarles a rectificar, les lleva a seguir aplicando aún más la misma receta).

Se ha conseguido con estas ideas y esta filosofía tener a muchísimas personas (de cuya buena voluntad, honestas intenciones, enormes esfuerzos...y ceguera a prueba de bomba nadie duda) ayudando (con su voto, especialmente) a mantener los abortorios abiertos y correr luego tras las mujeres para que no entren en ellos. Algo así como darle a los pirómanos las cerillas y la gasolina y luego correr desesperados al monte a salvar algún que otro árbol (y encima llamarlo "luchar contra los incendios forestales").

Dicho de otra forma: Se ha conseguido que los que están en contra del aborto se conviertan en colaboradores necesarios mientras se les ofrecen "alternativas" para lavar sus conciencias (y, de paso, sentirse como héroes para poder cerrar los ojos a la evidencia).

Ayer se publicaron (pocos días antes de la manifestación, qué curioso...) los datos del boletín epidemiológico de la Comunidad de Madrid con los siniestros balances de los asesinados por aborto (más de 26.000 en 2008), con la inestimable colaboración (en forma de financiación de la cuarta parte de los mismos) del partido abortista favorito de la inmensa mayoría de los provida españoles (madrileños entre ellos, lógicamente).

La reacción a la noticia, por parte de los que han corrido a asegurarse (encabezándolo) de que el movimiento provida español sigue fielmente las directrices expresadas por Obama en nombre del lobby abortista mundial, ha sido de lo más llamativa:

Maite Rodríguez Pomatta, portavoz de AVA (luego veremos qué significan esas siglas) se escandaliza ante las cifras de abortos, pero especialmente (o, al menos, así lo refleja la noticia) porque las ayudas económicas a los abortorios triplican las ayudas a la Red Madre.

En ningún momento, a la portavoz de AVA, se le pasa por la cabeza pedir el cierre de los abortorios (no sea que los abortistas se asusten y la critiquen, porque según algunos, es necesario tener el visto bueno de los abortistas -convenciéndolos- antes de modificar las leyes...que le gustan al PP). En absoluto. Doña Maite reclama pasta (dicho de forma cruda).

Quizás ni ella misma se esté dando cuenta de lo que hace (porque, así examinado, es infame). Pero el caso es que esta mujer, como tantos otros, ha acabado identificando (para regocijo de Obama y demás abortistas, pueden estar seguros) "lucha por la vida" con "lucha por las subvenciones".

¿Cuál es el resultado de este absurdo? Que los provida se olviden de los abortorios a cambio de recibir dinero para sus asociaciones. El círculo vicioso del sinsentido se cierra así: Se vota a los partidos que hacen posible el aborto, y luego les aplaudimos a cambio de dinero (mientras se aborta gracias a nuestros impuestos). Y, por supuesto, lo llamamos "luchar contra el aborto" (faltaría más).

Es algo así como aplaudir a los que (después de comprarles nosotros los cañones) hunden trasatlánticos con miles de personas a bordo porque luego nos compran un par de salvavidas para que rescatemos tres o cuatro náufragos (de entre 2.000 ahogados, por ejemplo). Y, encima, lo llamamos "salvar vidas" (algunos deberían revisarse sus libros de matemáticas de EGB o como quiera que ahora se llame "ESO").

Este encanallamiento progresivo (sin conciencia de los encanallados, que en eso, y no otra cosa, consiste la socialdemocracia) lleva a las asociaciones provida a aplaudir con las orejas a los abortistas que les aflojan la pasta igual que los sindicatos de clase aplauden y justifican (a cambio de mucha más pasta, dicho sea de paso, que unos se venden por menos que otros) a los que mandan al paro a millones de españoles.

Unos convencen a los suyos de que lo importante es recibir subsidios, no tener trabajo. Otros convencen "a los suyos" (conscientemente o no) de que lo importante no es cerrar los abortorios, sino recibir subvenciones (mientras las vidas se pierden por centenares de miles). Unos tienen contentos a "los suyos" mientras se destruyen puestos de trabajo. Otros, aplacan a los suyos mientras se destruyen vidas inocentes. Unos cambian defensa del trabajo por dinero. Otros, defensa de las vidas de los inocentes por dinero.

Y ambos, por supuesto, dirigen gigantescas alabanzas a los que les sueltan la güita (que son, por cierto, los mismos que destruyen -trabajos, vidas inocentes- lo que los esforzados pedigüeños del dinero del contribuyente proclaman defender).

Esta es la triste realidad. La molestia que reflejan algunos al oírlo demuestra la agradable siesta que estaban durmiendo mientras intentamos despertarlos sin previo aviso.

PS: AVA significa "asociación de víctimas del aborto". Lo primero que se le ocurre a uno es cómo puñetas van los pobres niños abortados a formar una asociación. Luego resulta que la asociación es de mujeres que han matado a sus hijos mediante el aborto. Un fin loable (y necesario), un nombre funesto (con mucha "pedagogía", pero de la mala: de la que confunde). ¿Alguien se imagina que la AVT estuviese integrada, no por los familiares de los asesinados por ETA, sino por Arnaldo Otegi, Josu Ternera, Santi Potros, Txomin, y demás compaña?.

2 comentarios:

rufuks dijo...

Lo peor de todo es el tema del "Síndrome post aborto", es decir si existe un síndrome psicológico, es que hay culpa por parte de la madre, si existe culpa es que existe conciencia y esa conciencia culpable solo puede ser "curada" en confesión, y no en cualquier confesión sino en la que preescribe la Iglesia, qué es por medio del Obispo del lugar. Flaco favor se le hace a la mujer si no se le hace ver lo verdaderamente grave de su acto y ofrecerle la solución correcta.

Museros dijo...

Rufuks:

Hoy en día parece haber una especie de manía para llamar "síndrome loquesea" a cualquier cosa. Por ejemplo, llamar "síndrome postvacacional" a la pereza que da volver al trabajo después de dos semanitas en la playa.

Con el llamado "síndrome postaborto" pasa lo mismo: Es, ni más ni menos, que la reacción natural de una persona que se da cuenta, demasiado tarde, de que ha matado a su propio hijo de forma deliberada.

Sin embargo (y no hace falta ser psicólogo para entenderlo), para ayudar a una persona a superar, en la medida de lo posible, la culpa y el remordimiento, es absolutamente necesario que asuma, en primer lugar, que la principal responsabilidad de todo lo sucedido es suya. Lo imagino, en el caso del aborto, terriblemente doloroso y difícil, pero necesario.

Creo que todo el mundo (aunque sea en cosas menos importantes) es consciente de lo que cuesta a veces admitir que la responsabilidad de tus errores es tuya. De hecho, echarle la culpa al empedrado, supone normalmente, caer en el mismo error una y otra vez.

Las mujeres que abortan, normalmente,se encuentran en muchos casos, con buenistas que, erróneamente, intentan aliviar su dolor hablándoles como si todo el mundo tuviese la culpa menos ellas (cuando ellas, en su interior, saben que no es así). Se induce así, a la mujer que ha abortado, a evitar el dolor (y la superación del mismo). La consecuencia es que muchas mujeres se quedan "atascadas" durante años o décadas, evitando ese dolor a toda costa mediante la culpabilización del resto del mundo.

Por supuesto que, en el caso del aborto, como mencionas, la culpabilidad es tan grande y tan abrumadora que acaba llevando (bien por primera vez, o bien de nuevo) a la madre que ha abortado a su hijo a un confesionario o a buscar respuestas en lo sobrenatural. Por eso tampoco entiendo esa obsesión de algunas asociaciones de ayuda a las mujeres que han abortado por evitar cualquier mención a la religión en la terapia de sus pacientes.