jueves, 21 de octubre de 2010

Finos estrategas.

Yo lo reconozco: Es mucho más agradable recibir elogios que recibir palos.

Es por eso que no hay grupo formado por seres humanos (o por seres vivos, o por personas) que no sea vulnerable a ciertos errores, exactamente igual que hay personas que, aun sabiendo que es terriblemente nocivo para su salud inyectarse heroína intravenosa, siguen haciéndolo: porque es agradable, o no tan incómodo como afrontar la, a veces, o casi siempre, cruda realidad.

Vivimos en una época (y me da que no siempre ha sido así) en la que se toman como sinónimos lo agradable con lo correcto y lo bueno, y lo desagradable con lo malo y lo equivocado (como si lo uno fuese, inequívocamente, asociado a lo otro). Son asociaciones que la mente suele hacer de forma automática, si uno no se para a cuestionarlas. Y es uno de los métodos más efectivos que utiliza el diablo para llevarnos a todos a mal traer; precisamente la razón por la que los que deberían hablar del diablo todo el día apenas lo hacen es por su identificación -consciente o no- entre lo agradable -recibir elogios o no recibir palos- y lo correcto (no es difícil entender que mal médico sería aquél que buscase, ante todo, complacer al paciente o ganarse su sonrisa, en lugar de decirle a éste lo que necesita, pero no quiere oír).

Decía un Papa que sí era Santo y Magno (Gregorio I, más concretamente) que más valía causar escándalo que ocultar la verdad.

Muchos, en principio, suscribirían tal afirmación (tal verdad, de hecho). Y, por ello, se arman de valor y se lanzan al ruedo con la verdad por delante...hasta que empiezan a caerles palos, uno tras otro y sin solución (ni hermenéutica) de continuidad. Pero, claro, igual que se nos ha dicho que la Verdad nos haría libres, nadie dijo que decir la verdad, automáticamente, supusiese ser llevados a hombros y salir por la puerta grande.

El caso es que, en unos grupos y otros, llega un momento en que los hay que se cansan de recibir palos. Y (aquí viene el error) interpretan el cabreo del enemigo como un mal síntoma. Síntoma de que algo no se está haciendo como es debido. Porque todo el mundo entiende perfectamente que las mentiras molesten (tanto por su contenido como por ser mentiras). Pero, por alguna razón, se da por sentado que, si una verdad molesta, debe ser porque no se está comunicando bien. Cuando precisamente, las verdades que molestan, molestan porque se comunican perfectamente y con toda la claridad del mundo (pregúntenle a Jesucristo: entró a Jerusalén por la puerta grande, aclamado por la multitud, y acabó crucificado tres días después).

Esta errónea interpretación del enfado ajeno como un mal síntoma parte de otra premisa: el creer que la gente piensa lo que piensa, hace lo que hace (y vota lo que vota) debido a la ignorancia. Entonces se piensa que, si uno dice la verdad, los presuntos ignorantes, automáticamente, dejarán de serlo, y se sentirán agradecidos de por vida ante los que les sacan de su error.

Sin embargo, que mucha gente reaccione ante la verdad con un cabreo de padre y muy señor mío, denota que el problema, en realidad, no era (ni es) la ignorancia, sino el fanatismo. Que la gente piensa lo que piensa, hace lo que hace, y vota lo que vota, con plena conciencia de ello. Y que lo que buscan no es la verdad (que la sospechan y la saben de sobra) sino alguien que les suministre el enésimo pseudorrazonamiento o racionalización para lavar sus conciencias y seguir erre que erre (y los amables, sonrientes y coloreados suministradores de excusas saben de sobra que las mentiras tienen las patas cortas y se desmontan fácilmente; la prueba está en la frecuencia con la que se ven obligados a suministrar nuevas consignas y nuevas excusas).

El fanático, ante la verdad molesta, grita "¡Crucificadle!", mientras que, ante el barrabás que le suministra el pienso ideológico grita "¡Soltadle!" (bueno, hoy en día grita más bien: "¡Dadle subvenciones!" o "¡Toma un donativo!"; unos recurren al camello -mal visto- y otros al camello ideológico -bien visto- pero tan adictos y tan necesitados de su particular y regular suministro de droga anestesiante -fisiológica en un caso, mental en el otro- están los unos y los otros).

Y los problemas empiezan, como ya digo, cuando los que se cansan de recibir palos, o que (quizás ni dándose cuenta de ello) valoran mucho más el aplauso del prójimo que la satisfacción de decir la verdad, intentan disfrazar la necesidad (de aplausos y sonrisas complacientes) de virtud, y citan la palabra mágica, la versión políticamente correcta (incluso para los que van de políticamente incorrectos) de la bandera blanca:

"Estrategia".

Lo cierto es que decir la verdad alto y claro, aunque a uno le lluevan insultos y pescozones por todas partes, es también una "estrategia" (y si la recomienda un Papa Santo y Magno y la practicó el propio Jesucristo, no seré yo quien les enmiende la plana). "Estrategia" es todo lo que uno hace, en realidad, sea lo que fuere.

Pero lo que, en realidad, quieren decir las mentes pensantes que, descubriendo de nuevo el Mediterráneo, utilizan esta palabra es, sencillamente, "complacer al enemigo, o molestarle lo menos posible". Parten de la errónea premisa que, para convencer a alguien de algo, es imprescindible arrancarle una sonrisa, o pasarle la manita por el lomo. Lo que ocurre, al final, es que para arrancar esa sonrisa uno tiene que dejar de decir la verdad, o disfrazarla de tal modo que resulta irreconocible (repito: no es lo mismo "caballos delante del carro" que "carro delante de los caballos", aunque a estas expresiones, aparentemente, les una mucho más de lo que las separa).

Y, claro, si para arrancar la sonrisa al enemigo (una sonrisa que se preveía síntoma inequívoco de haberse ganado a alguien para la causa) dejamos de decir la verdad, o la ocultamos (la ocultamos sin complejos, pero la ocultamos), lo que hemos hecho ha sido un pan con unas tortas, y, en realidad, no hemos convencido a nadie de nada, sino que simplemente le hemos dicho a alguien lo que quiere oír. No es nuestro interlocutor el que comparte nuestros puntos de vista, sino que somos nosotros los que nos prestamos a compartir los puntos de vista del interlocutor para ganarnos su aprobación.

Dicho de otra manera: Hemos conseguido estar en el mismo terreno que aquellos a los que queríamos convencer, pero no porque nos los hayamos traído al nuestro, sino porque son ellos los que (con sus críticas y sus insinuaciones de que si fuésemos más agradables a su oído, nos iría mejor) nos han llevado al suyo.

Y, para colmo, nos creemos muy listos.

Algo así como si, en un partido de fútbol, un delantero marcase tres o cuatro goles y creyese que las patadas que le sueltan los contrarios son signo de que algo ha hecho mal. Y, entonces, procediese a meterse un gol tras otro en propia meta; y, ante el gesto de extrañeza de sus compañeros de equipo (y las palmaditas cariñosas de los contrarios), dijese: "No os preocupéis, que es para despistar. Unos cuantos goles más en propia meta y los tendremos donde queríamos".

Eso, por supuesto, suponiendo que la "estrategia" por antonomasia (la de convertirte tú ya que no has conseguido convertir al enemigo) no sea producto de una ignorancia bienintencionada, sino de una voluntad premeditada de agarrar el timón de la nave para estrellarla contra los arrecifes (mientras el enemigo nos aplaude desde lo alto del acantilado, eso sí).

Porque, además, los listos que echan mano de estos inventos más viejos que Matusalén y más vistos que los chistes de Arévalo, dan por sentado que el enemigo es, literalmente, gilipó y tontolcú, y que le vamos a tomar el pelo sin problema alguno. Cuando lo cierto es que el enemigo, al ver acercarse dócilmente al que poco antes le cantaba las cuarenta, probablemente piensa dos cosas:

1- Te he ganado la partida y ya no eres peligroso.

2- ¡Pero qué cutre eres, tío!. Además de facha, cobarde.

Eso por no recordar lo fácil que resulta apalear a un perro manso y mudo, que ante todo busca una mano que lo acaricie (y a cualquier precio). O lo fácil que es colarse en la casa del vecino y llevarse hasta el cepillo de dientes, cuando el perro del vecino, más interesado en nuestra sonrisa que en defender la casa, no dice "esta boca es mía" (por no resultar desagradable).

Luego, claro, hay que ver cómo nos apalean estos malvados. Y tampoco se entiende que la gente siga con el rollo del voto cautivo. Pero la verdad a cualquier precio y la valentía las dejamos para los de Hornimans Hornimabit, que esos sí que les cantan las cuarenta (y bien cantadas) al señor arzobispo de la Marca Hispánica. Que se partan ellos la cara mientras nosotros, siempre pendientes de complacer al señor obispo (al nuestro) y elogiar a sus protegées, decimos "Yo también soy Hornimans Hornimabit".

Que nosotros, ante todo, somos estrategas.

16 comentarios:

Seneka dijo...

Uno de los momentos más duros que, al parecer, atravesó la madre Teresa de Calcuta fué cuando pudo comprobar la repercusión mediática que tuvo su obra y su persona. En esos momentos preguntaba constantemente "Señor ¿qué es lo que estoy haciendo mal?".

Ignacio dijo...

No sé loque es hornimans hornimabit

Joaco dijo...

Lo mismo dijo otro político de la II República cuando todo el mundo le felicitó tras un discurso en el Parlamento: ¿qué habré hecho o dicho mal para recibir tantas felicitaciones?. Al final le fusilaron. Un 20 de noviembre. Ya no hace falta que ponga su nombre.

Seneka dijo...

Ignacio: http://www.germinansgerminabit.org/

Perlimplín dijo...

Tampoco tengo muy claro por quién va esto, pero los de Hornimans Hornimabit dejan mucho que desear en algunos aspectos. Por ejemplo, en su no escondido nacionalismo.

A título informativo, simplemente.

Museros dijo...

Seneka y Joaco:

Pues no conocía estos detalles sobre Teresa de Calcuta y José Antonio. Una gran lucidez, la suya (como de costumbre).

Ignacio:

Es una deformación del nombre de un blog (el del enlace que te pone Seneka), escrito por varios sacerdotes y laicos catalanes, denunciando las desviaciones litúrgicas y doctrinales de la Iglesia en Cataluña, así como los conchabeos entre la jerarquía eclesiástica catalana y los políticos con mando en plaza (nada que no pase en otras partes de España, por cierto).

Hace tiempo, algunos de los que escriben en este blog (todos escriben con pseudónimo y algunas identidades no son conocidas todavía) recibieron la visita de un señor (¿detective privado?) que les conminaba a cerrar el blog. A alguno, hasta le enseñó fotos de sus hijos saliendo del colegio (o por la calle).

Como era de esperar, mucha gente reaccionó "solidarizándose" con Germinans, muchos con el soniquete "Yo también soy Germinans Germinabit" (digo yo que lo serás cuando un desconocido enseñe un sobre con fotos de tus hijos saliendo del colegio, vamos).

El caso es que algunos elogios que recibió Germinans por ir con la verdad por delante y no callarse ante las amenazas vinieron también de gente que reconoce que las críticas a los protegidos de sus obispos centrorreformistas favoritos (léase platajuntas y demás) son más que ciertas, pero que ellos, de enfrentarse, nada.

Así que, nada nuevo bajo el sol: la valentía y el partirse la cara está muy bien para los demás. Pero yo, calentito en casa y callándome lo que sé que es cierto para no disgustar a mis obispos favoritos.

Perlimplín:

Ya digo que esto de acabar pareciéndote al enemigo para crearte la ilusión de que es él el que se empieza a parecer a tí es un atajo a ninguna parte al que es vulnerable cualquier grupo.

Sobre Germinans, lo de su nacionalismo (o el de alguno de sus miembros), pero desde luego eso no quita lo acertado de muchas de sus denuncias y su valentía por hacerlas.

aukeran dijo...

Grandisima entrada. Le hago la ola. Lastima del comentario de Perlimplin, absolutamente incierto, del nacionalismo de GG. Aviso que ni me molestare a entrar a discutir sobre el tema.

aukeran dijo...

Por cierto, a algunos de boina roja les convendría leerse, al menos una vez, la restauración foral de Carlos VII.

Museros dijo...

Perdón por la errata: quería decir antes que no sabía nada de las posibles simpatías de algunos miembros (o todos) de Germinans.

De todas formas, ya digo que es un detalle que no es importante en este caso.

luigichido dijo...

Museros:

"Ya digo que esto de acabar pareciéndote al enemigo para crearte la ilusión de que es él el que se empieza a parecer a tí es un atajo a ninguna parte al que es vulnerable cualquier grupo."

Bien dicho. Y ello desemboca en fariseísmo.

En el foro catholic.net tenemos ejemplos:

http://es.catholic.net/foros/viewtopic.php?f=33&t=10841&start=20

http://es.catholic.net/foros/viewtopic.php?f=33&t=10833&start=20

luigichido dijo...

Por cierto: al parecer, la ley de infanticidio de Argentina sólo fue aprobada por los diputados y faltan los senadores.

Ojalá que puedan ayudar ustedes a difundir la coerción del boicot a Argentina si pasa esa ley infame, como pueden ver en este foro:

http://www.3djuegos.com/foros/tema/4026044/0/boicot-contra-argentina-por-su-ley-de-infanticidio/

Maite C dijo...

Germinans Germinabit no tienen nada de nacionalistas.
Precisamente luchan en contra del nacionalismo de algunos miembros de la Iglesia catalana.

Perlimpín no los conoce o se confunde, por lo tanto su información es errónea.

unavozcontraelviento dijo...

Museros, cada vez que te leo, me dejas con memos argumentos para seguir donde sigo...No sé voy a tener que dejar de hacerlo (leerte), o dejar la política (por no quedarme dónde partirme los dientes por la Causa...), o hacerme polaco (de Polonia)
Otra cosilla, en la página de Germinas Germinabit hay algunos enlaces nada recomendables para quienes van con la verdad por delante( y no lo digo como crítica, que no les conocía, sino con sorpresa, y temiendo que no sepan de qué se trata la secta a la que enlazan)

Embajador en el Infierno dijo...

Enorme entrada. Propongo como colofón la lectura pausada del Evangelio de San Juan, capítulo 6 versículos 60-66.

Orisson dijo...

Embajador, qué ganas de fastidiar la fiesta... a los "estrategas".

Un saludo

Embajador en el Infierno dijo...

La culpa es tuya que tienes una mente calenturienta. Seguro que en la intimidad te dedicas a leer a Papini o incluso cosas peores.