jueves, 16 de septiembre de 2010

Revolution Street (VIII): Cuestión de números.

Piénsenlo un momento.

Si ustedes, sin darse cuenta, han aceptado el sambenito revolucionario de "extremaderecha" y, en consecuencia, ven a la derecha en la misma orilla del río que ustedes y a la izquierda en la otra, piensen un momento en lo siguiente:

- Si el PSOE, en las siguientes elecciones generales sacase "sólo" 130 diputados, la derecha (periodistas, políticos, gentedeapié) se alegraría.

- Si [escriban aquí el nombre de su partido ultraderechista favorito] sacase 1 sólo diputado, la derecha se alarmaría y empezaría a hablar de involución, de "peligro para la democracia" (y eso se supone que es muy malo, ojo).

Por supuesto, pueden cambiar los números para adaptarlos al número de escaños en juego en otras elecciones (municipales, autonómicas y hasta de la comunidad de vecinos, si se terciase).

Pero el caso es que (y ustedes, queridos lectores, lo saben muy bien) es que 1 solo diputado ultraderechista sería considerado por la derecha como una catástrofe mucho mayor que 140 diputados socialistas (suponiendo que esto último fuese, para la derecha, una catástrofe, y no un motivo de celebración).

Incluso les resultaría menos alarmante ver a los comunistas de IU sacar 15 diputados que a los ultraderechistas (los que prefieran ustedes) sacar 1.

Y, si fuesen (como algunos creen) "los nuestros", no tendría sentido que les pareciese más tolerable (y preferible) que los socialistas tengan centena y media de escaños a que los ultraderechistas tengan 1 solo.

Ellos saben perfectamente de quiénes, a la hora de la verdad, se sienten más cercanos y con quiénes comparten su único principio no negociable: que no existen principios que no puedan ser negociados buscando una mayoría o un "consenso". Con la izquierda discuten como discuten entre sí los hermanos: dentro de las paredes de la misma casa donde conviven (independientemente del número de habitaciones que cada cual ocupe en cada momento).

En cambio, con la ultraderecha, se comportan como con el enemigo al que hay que tomarle el pelo: pasada de manita por el lomo ("es más lo que nos une que lo que nos separa", "lo importante es la unidad") y luego, portazo en las narices, y a repartirse la casa con la izquierda.

Ellos lo tienen clarísimo. Y, si los girondinos les llaman "ultraderechistas" es, entre otras cosas, para que crean que sus hermanos no son los jacobinos, sino ustedes.

Cristo y anticristo. Siempre ha sido así. Y siempre lo será.

Urge volver a poner los adoquines encima de la dichosa playa. Que las aguas no dejan de subir y amenazan con ahogarnos a todos.