miércoles, 25 de noviembre de 2009

No diga "idolatría"; diga "ecumenismo".

Traduzco un párrafo de libro de Griff Ruby "The Resurrection of the Roman Catholic Church":

"Es asombroso [comprobar] cuántos católicos supuestamente devotos asistirían con todo el placer del mundo a una misa ortodoxa oriental, una "misa" luterana o episcopaliana, o incluso un servicio religioso baptista o evangélico sin pestañear; pero si los invitas a una Misa tridentina oficiada por un sacerdote católico tradicionalista, de pronto empiezan a preocuparse muchísimo sobre si eso sería ¡cismático!".

Algo así se pregunta Isaac Expósito, en su blog Fides et Ratio, a raíz de la ofrenda floral a las deidades hindúes (a algunas de las tropecientas mil que hay) realizada públicamente por monseñor Vincent Nichols, arzobispo (católico) de Westminster y jefe de la Iglesia Católica en Inglaterra y Gales: ¿ofrendas florales a dioses paganos sí, forma extraordinaria del rito romano no?.

La lista de pasajes de la Biblia que condenan las ofrendas a dioses paganos es interminable. Y pensar que esto, encima, se ha convertido en algo de lo que muchos dentro de la Iglesia presumen (y tengo entendido que al iniciador de esta tendencia se le beatificará próximamente). Por supuesto, lo hacen en nombre del buen rollo, exactamente la misma excusa que seguramente utilizaría el cosmopolita rey Salomón, en su momento, para (a petición de sus concubinas) erigir templos a Baal (en la imagen) y a otras deidades (alguno de ellos en lugares más elevados de la ciudad que el que ocupaba el Templo, con mayúsculas): llevarse bien con las naciones circundantes y que sus habitantes se sintieran como en casa cuando visitasen Jerusalén.

"Y no te postrarás ante otro dios, pues Yahveh, cuyo nombre es Celoso, es un dios celoso" (Exodo 34:14).

Lo recuerda Motu Proprio en un comentario: Muchos cristianos fueron martirizados en la antigua Roma por negarse a quemar incienso ante las imágenes del emperador, y prefirieron ser devorados vivos por leones antes que hacer lo que ha hecho el arzobispo Nichols. Entonces, la Fe se propagó desde las catacumbas de Roma a los confines del mundo conocido (y del mundo por conocer). Ahora, se bate en retirada entre escenas que recuerdan a los anuncios de Benetton.

De hecho, el iniciador de esta tendencia calificó el estado en que se encuentra sumida la Iglesia Católica como "apostasía silenciosa".

Y uno no puede dejar de preguntarse: ¿Silenciosa?.


2 comentarios:

Fray_Fanatic dijo...

¿Recuerdas aquel post en el que puse a escurrir a Juan Pablo II y su absurdo modo de gobernar la Iglesia?

Bueno, pues cada vez estoy más convencido de que me quedé corto.

Ignoro quien será este arzobispo inglés o quien lo nombró, pero ya hace unos añitos que un Obispo de Brasil se recorrió en una especie de peregrinaje los templos santeros de su ciudad (creo que Sao Paulo).

Y el propio Juan Pablo II ya hizo el indio junto a un Jefe Ídem en uno de sus viajes a Estados Unidos invocando conjuntamente una "oración al Gran Espíritu de las Praderas". No quiero decirte nada del tema de Milingo, a quien se le permitió TODO hasta que se unió públicamente a la Secta Moon.

De aquellos polvos vienen estos lodos, Museros. A ver con que cara va Ratzinger a reprender a este Arzobispo cuando controlando la Comisión para la Doctrina de la Fé no movió un músculo ante abusos iguales o peores.

Sin exigir respeto estricto a un credo u objetivo común e indiscutible no se puede gobernar institución humana alguna: Ni la Iglesia, ni una sucursal de Banesto, ni un partido, ni una asociación de vecinos, ni una banda de piratas somalíes, ni ETA.

Museros dijo...

Recuerdo el post, Fray Fantic:

Lejos de mí la funesta manía de atribuir malas intenciones al anterior Pontífice, pero también es verdad que las buenas intenciones (al contrario de lo que muchos predican) no nos hacen inmunes al error, ni tampoco son una piedra filosofal que hace que la gasolina apague el fuego, en lugar de avivarlo.

Por eso no dejo de ver con preocupación las prisas por beatificar a Juan Pablo II (y beatificarlo ayer, si fuese posible). Su beatificación (no digamos su canonización) servirá de excusa para que los Nichols de turno hagan de su capa un sayo más todavía de lo que ahora lo están haciendo.

Porque, imaginemos: "¿Por qué iba a ser mala la idolatría disfrazada de ecumenismo, si el beato Juan Pablo II hizo lo mismo, o casi lo mismo, o algo que, en apariencia, era muy similar?".