viernes, 8 de enero de 2010

Tirar piedras contra el propio tejado.

A través de este artículo del blog Fides et Ratio se puede llegar a un artículo de Eduardo Arroyo, en El Semanal Digital, que merece la pena leer. Un antiguo agente de la KGB explica cómo se cambia la mentalidad de una sociedad para que ella misma exija (a grito pelado, si es menester) todo aquello que la llevará a su autodestrucción, en un proceso llamado "desmoralización".

"No puedes cambiar su mentalidad incluso cuando les presentas información auténtica. Incluso cuando les demuestras que el blanco es blanco y el negro es negro, tampoco puedes cambiar su percepción básica y la lógica de su comportamiento...el sujeto es incapaz de valorar la información verdadera. Los hechos ya no significan nada para él. Incluso si recibiera una ducha de información auténtica, con pruebas y fotos...él rehusará creerlo".

Así se llega al más peligroso de los totalitarismos: aquél en el que los esclavos creen ser libres.

Que nadie desespere, por tanto, ante ciertas actitudes y la continua negación de lo obvio que, para muchos, se ha convertido en un hábito automático. Es un estado mental perfectamente comprensible tras décadas de lavado de cerebro (perdón; quería decir "tras décadas de modélica transición hacia la madurez democrática").

Y vivir en Matrix luchando contra el malvado señor Smith y sus compinches ("Matrix sería el paraíso terrenal sin esta gente", imaginan muchos) no deja de ser un fastidio. Pero tampoco deja de ser un pasatiempo y una distracción que nos evita tener que plantearnos si Matrix es real o no.

Y sí: después de haberte creído todas esas sandeces de que todo cambio siempre es para mejor, o que la historia de la humanidad sólo avanza "hacia adelante y hacia arriba" (como el gráfico ideal de ganancias o de crecimiento de cualquier empresa), o que vives en la mejor época, en todos los aspectos, de la historia de la humanidad, o que con tu generación han roto el molde porque tus antepasados no tenían ni pajolera idea de nada ("tenemos que volver a reinventarlo todo", dice la publicidad), pero tú tienes la suerte de formar parte de la "generación mejor preparada de la historia" (ésa que no sabe hacer la o con un canuto -pero sí el canuto-, ni falta que le hace, "porque yo lo valgo" -claro, majete, porque tú lo digas-, "voy a darlo todo" -no lo dudes, chavalote; se llama "presión fiscal"- y "voy a dejarme la piel en el escenario" - ¿te suena la expresión "hipotecar la mitad del sueldo durante treinta y cinco años?")..

...después de haberte creído todas estas sandeces, digo, para satisfacer tu egocentrismo y convertirte en un niño de treinta y cuatro años -o cuarenta y cuatro-, fácilmente manejable por ser el placer y la comodidad sus valores supremos y sus únicos objetivos (tú lo llamas "ser práctico"), resulta comprensible uno se resista a despertar (y hasta que mueva los brazos a diestro y siniestro intentando soltarle sopapos a los que lo zarandean mientras solloza entre sueños). Prefiere uno creer que el sueño aún tiene remedio ("la democracia tiene sus propios mecanismos de control") antes que sospechar que deberías cambiarte el nombre por el de Segismundo (pero, claro, cómo lo ibas a sospechar si la generación mejor preparada de la historia no necesita aprender nada de nadie y, además, ese tío con ese nombre tan pasado de moda sale en un libro sin dibujos ni DVD interactivo).