miércoles, 6 de enero de 2010

¡Viva la Robolusión , compay!

Decreto de la Convención Nacional francesa, del 15 de Diciembre de 1792:

"Se necesita que donde quiera que entraren nuestros generales sea proclamada la soberanía del pueblo, la abolición de la feudalidad, de los diezmos y de todos los abusos.....que al instante, los bienes de nuestros enemigos, vale decir los bienes de los nobles, de los clérigos, de las comunidades legas o religiosas, de las iglesias, sean secuestrados....todo pueblo que no quiera lo que aquí proponemos será nuestro enemigo, y como tal merecerá que lo tratemos".

Hemos abolido todos los abusos. Eso sí, al que no piense como nosotros, le quitaremos todo lo que tiene. Y es que los revolucionarios no podemos cometer abusos, porque, entre otras cosas, si lo cometemos nosotros, ya no es un abuso, sino una expresión de la "soberanía del pueblo".

Y esto me recuerda que en España no se va a legalizar el aborto, porque, entre otras cosas, si es legal, ya no es un aborto.

Pues con esta forma tan curiosa de expresarse, los Monty Python y los Luthiers han hecho (y siguen haciendo) reír a un montón de gente.

2 comentarios:

Seneka dijo...

Cuando veo estas cosas ya no se si es una forma de expresarse, una forma de pensar o una forma de esconder/ disfrazar. O un poco de todo.

Una forma de retratarse, en cualquier caso.

Museros dijo...

En el fondo, creo que lo que ha atraído a tanta gente al socialismo (a la revolución, en definitiva) es la posibilidad de robarle impunemente lo suyo a los demás (ya se sabe: "el dinero público no es de nadie" y todo eso).

La forma de expresarse del revolucionario (los hay con plomo o sin plomo, como la gasolina súper) es la del que toma a los demás por tontos; un continuo insulto a la inteligencia ajena, ni más ni menos. Es el lenguaje que tan bien describió Orwell en 1984.

La misma expresión "cristianos socialistas" es un buen ejemplo de ello.

Lo que pasa también es que, por imitación, se acaba abusando del lenguaje absurdo y acaba uno insultando incluso la inteligencia propia y creyéndose lo que uno dice (por ejemplo: "católico liberal").