domingo, 3 de enero de 2010

Morituri te salutant.

Francamente, uno quiere creer que ciertas cosas tocarán fondo algún día, pero ese día parece no llegar nunca.

La penúltima gran idea surgida de las sesiones de "brainstorming" en algún piso de trescientos y pico metros cuadrados en el centro de Madrid ha sido solicitar un referéndum sobre la reforma de la ley del aborto.

Ojo: no sobre el aborto. Sobre la reforma de la ley.

Ya resulta sencillamente repugnante que haya gente que crea que la vida de millones de inocentes puede ser sometida a referéndum (¿qué parte de la expresión "Principio No Negociable" no han entendido? Imagino que la parte de enmedio); y más repugnante aún que se haga mientras se rasga uno la camiseta (roja o blanca, según) diciendo lo mucho que uno está en contra del aborto (bueno, ni eso, que sólo se puede hablar en positivo, como en los seminarios de técnicas de ventas para colarle al prójimo los productos que nadie quiere ni nadie necesita).

Pero que, encima, el referéndum que se plantee ni siquiera cuestione el aborto, sino bajo qué ley se practica, es, directamente, demencial.

Resulta que los que se presentan como grandes adalides del "derecho a vivir" (de las subvenciones) plantean un referéndum en el que no se cuestiona que en España, cada día, se maten más de 300 inocentes en los abortorios, sino la etiqueta bajo la que se realizan los asesinatos ("delito" -despenalizado, claro- versus "derecho").

En definitiva: es un referéndum en el que lo innegociable no es la Vida, sino el aborto.

¿Está claro o no está claro, a estas alturas, cómo se está llevando a los "provida" a defender el aborto bajo lemas buenistas?.

Gente con esa forma de razonar, hace dos mil años, hubiese hecho gala de su compasión por el prójimo pidiendo un debate público sobre si los cristianos, en el Coliseo, debían haber sido devorados por las fieras, o ejecutados más rápidamente de una lanzada en el corazón (y esto me recuerda a una famosa metáfora sobre la diferencia entre los cristianos y los democratacristianos, quienes, no en vano, llevan el prefijo "demócrata" delante). Y hace 70 años, en Alemania, utilizando esa misma lógica, no habrían discutido el asesinato a la carta de judíos o deficientes mentales, sino si dichos asesinatos debían permitirse como "derecho" o "delito despenalizado" (sin embargo, estoy seguro que los promotores de esta petición de referéndum -cuyos grandes paraguas autojustificatorios son "mal menor" y "cambiar desde dentro"-, cuando sueñan despiertos, están convencidos de que, en Alemania, habrían plantado cara a los nazis, en Roma a Nerón, y en Alabama se habrían enfrentado a su familia y amigos para ir del brazo de Martin Luther King).

De hecho, si Zapatero, hace tres años (por ejemplo) hubiese convocado un referéndum así, los mismos que ahora lo piden, hubiesen montado un pollo de no te menees con sus excusas pamplineras favoritas ("la sociedad no pide un referéndum", "un referéndum como éste es inconstitucional", "el referéndum fractura a la sociedad y al parlamento", etc.). Y, por supuesto, no tardarían ni un segundo en golpear fieramente con sus rojos abanicos y sus blancos globos a los políticos de cualquier partido nacionalista vasco al que se le ocurriese la barbaridad de plantear si el terrorismo debe ser un delito despenalizado o un derecho.

Por lo pronto, los buenos, en su incesante labor para que millones de españoles vean la despenalización del aborto como una bendición del cielo, han realizado algo muy parecido a lo que he visto hacer a los Hare Krishna por esas mismas calles, pandereta en ristre.

Por cierto, ¿qué conocido partido político abortista dice que "El debate no es aborto sí, o aborto no", tal y como se plantearía en este referéndum? Los promotores de la idea nos lo cuentan.

Y ¿qué conocido partido político abortista no cuestiona el aborto, sino la reforma de la ley? Pues claro. Ése mismo.

Mientras tanto, ellos siguen alegrándose a cuenta de lo que de verdad les interesa.

Recordemos, finalmente, (con la colaboración de Joaco) unas proféticas palabras pronunciadas en el Teatro Calderón, de Valladolid, hace ahora tres cuartos de siglo, por José Antonio Primo de Rivera, quien, por cierto, demostró tener caladísimos a sus compatriotas de la derecha buenista y bienpensante (ésa que anda siempre oponiéndose al mal de boquilla y luego buscando la enésima excusa para justificar su activa colaboración con él):

" Pero llega un momento en que se les dice a los hombres... que todo puede resolverse por los votos , y entonces se puede decidir a votos si la Patria puede seguir unida o suicidarse, y hasta si existe o no existe Dios".

No me extrañaría que el José Antonio por antonomasia estuviese pensando que la idea de tales referenda sería planteada, no por la izquierda (que impondría directamente su voluntad) sino por la derecha (como un mal menor, claro está).

PS: Al menos, en los referenda de los salvajes anfiteatros romanos, el gladiador derrotado tenía la opción de salvar la vida, si los pulgares de la plebe se orientaban hacia arriba en número suficiente (creo). En nuestra civilizada socialdemocracia, a los nascituri ni siquiera se les da esa remota opción: sus autoungidos salvadores les ofrecen, como mucho, la posibilidad de ser asesinados bajo una ley consensuada y que no divida a la sociedad.

3 comentarios:

Ignacio dijo...

Es acojonante la manipulación que hay; es impresionante la indigna actitud del pp; y es demencial la actitud de sus votntes disculpandolos por ser el mal menor.
Lo de hazteorin y demas, para que hablar

Orisson dijo...

Ya sabes, Museros, que yo estoy de acuerdo contigo y todo eso. Pero también sabes que cuando aquí escribo es para corregirte (¡qué gran honor poder corregir a un sabio como tú!). Dices que el gladiador en el salvaje circo romano, y creo que quieres decir anfiteatro, ya que los circos eran lo equivalente a los actuales hipódromos, para las carreras de cuádrigas y no para que se diesen matarile unos fornidos primos de Espartaco.

Pero todo bien.

Agur, Ben-Hur. O lo que es lo mismo, un saludo

Museros dijo...

Ignacio:

Estoy totalmente de acuerdo con lo que dices; como si lo hubiera escrito yo mismo, vamos. Además, lo bueno, si breve, dos veces bueno.

Orisson:

¿Sabio yo? Anda, anda...si ni siquiera he escrito una novela, como, por ejemplo, Miguel Aranguren; pero se agradecen los elogios, aunque sean mentira. Gracias por las correcciones. Son justas y necesarias.